martes, 22 de septiembre de 2009

Hugo Paredero: -¿Quiere usted jugar conmigo? / Gustavo Armas: -Sí


Lunes 21 de septiembre
Teatro: “¿Quiere usted representar conmigo?” (1924)
Autor: Marcel Achard (1900-1974)
Ganador: Gustavo Armas, de Palermo. Actor y profesor de teatro.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Improvisado resumen

Viernes 18 de septiembre
Novela: "Los hombres que no amaban a las mujeres"
Autor: Stieg Larsson (1954-2004)
Ganador: Ernesto Papaleo, de La Plata. Comerciante.


¿Por qué no?
Tal parece que el deseo expresado por Hugo hace pocas noches podría hacerse realidad. Y, si no, le pegaría en el palo.
Nuestro conductor, la semana pasada, hizo un llamado a la mesura de sus oyentes reincidentes, entre los cuales no me queda más remedio que incluirme, para ver si en lo que queda del 2009 se alcanza la cifra de 100 ganadores distintos en el actual ciclo nocturno de Párrafus. Nos pidió, humildemente pero con convicción, que dejáramos pasar un par de minutos, o tres, o cuatro, antes de llamar con la respuesta correcta, cuando la supiéramos. Así, tendrían más chance de entrar nuevos ganadores de primera vez.
Me pareció bien esa idea, e íntimamente me juramenté para cumplirla. Es cierto que la misma noche de ese conmovedor llamamiento, y la siguiente, después de mucho tiempo metí dos victorias consecutivas. Pero, además de haber llamado, en ambos casos, bastante después de traspasada aquella barrera de altruista consideración, debo decir que me justifica una igualmente encomiable intención: la de obtener, a la mayor brevedad posible, mi centésimo triunfo.
Pero, a pesar de estas irresistibles reincidencias (más las de Verónica Cornejo), tal parece que el anhelo de Hugo podría cumplirse. Esta semana, acotada a cuatro programas, tuvo dos ganadores nuevos.
La primera, el martes, con un cuento de la argentina Luisa Valenzuela. “Aquí pasan cosas raras”, respondió Mónica Paradiso, desde Rafael Calzada. Título, a la vez, del cuento leído y del volumen que lo incluye. Además, la oyente tuvo la oportunidad de ser cabalmente recibida en el podio por la misma autora, que estaba en la otra línea para charlar con ella y con Hugo. Y, además, esta joven de 49 años (dato ofrecido por ella misma, que casi siempre se omite en las bienvenidas) rememoró con nuestro conductor que se habían conocido hace unos buenos lustros atrás, en un curso para saber ver cine (algo así entendí) que el entonces especialista en espectáculos de Humor brindaba por ahí. Entre paréntesis, se me ocurre entonces reflexionar que la actual “Escuela de espectadores”, creada hace unos años por el erudito teatral Jorge Dubatti (hombre también de Nacional) no es ninguna novedad…
Pero, en torno a la oyente de Calzada –tierra de Jorge Aloy, por cierto-, lo mejor vendría a la noche siguiente, cuando Hugo nos contó acerca de un inmediato intercambio de mails que hubo entre ellos. Mónica, abundando en las razones de su conocimiento de la obra de Luisa Valenzuela, le dijo que aquel libro de cuentos, junto a otras obras cuyo tema rondaba los años y los hechos de la última dictadura cívico-militar, los compró para su hija Nuria después de un episodio de intolerancia vivido por la niña en su colegio secundario, alrededor del año 2000. Resulta que las autoridades educativas, enteradas de la temática de un cuento presentado por Nuria en un concurso provincial, la dejaron sorpresivamente sin vacante para su siguiente año. La temática cuestionada está expresada ya en el título de aquel cuento: “El tren de la identidad”, y tiene que ver con la apropiación de menores secuestrados y la búsqueda de la verdad, más un toque, en el final, de un ‘tema tabú’ que escandaliza todavía no solo a autoridades. A pesar de que a veces la adrenalina me impide seguir con atención las lecturas preliminares de Hugo, esta vez me enganché con el cuento de Nuria, que nos leyó completo, e incluso –raro en mí- me gustó bastante –sobre todo el toque final.
Así, entonces, tras aquella verdadera censura padecida en el colegio, Mónica quiso conocer y hacer conocer a su hija obras alusivas, así supo de Luisa Valenzuela, y así se hizo presente por primera vez en Párrafus.
Por este reencuentro de Hugo y su ex alumna, más la historia que había tras su triunfo, llamé a mi sinopsis de aquel día “Acá pasan cosas lindas”.

Y el segundo ganador nuevo vino con el último programa de la semana, anoche. Ernesto Papaleo, de La Plata, reconoció sin hesitar la novela de Stieg Larsson “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Es más, el oyente está leyendo ahora mismo la segunda novela de este malogrado sueco, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, que conforma una trilogía junto con “La reina en el palacio de las corrientes de aire”.
Lindos títulos les puso Larsson a sus tres policiales. Los había visto en las actuales listas de best sellers, pero no sabía que el tipo ya estaba muerto y que sus obras tienen auténtica valía, según se contó anoche. Tal vez con estas, después de algunos libros de ensayo, apuntaba a ser un sucesor o compañero del ya leído Henning Mankell, pero el excesivo consumo de tabaco le provocó un infarto un día en que no andaba el ascensor y tuvo que subir siete pisos por la escalera.
De Ernesto supimos que es primo hermano del célebre Osvaldo Papaleo –tío, por tanto, de la bella Carolina- y que tiene una distribuidora de productos cosméticos, de limpieza, ambas cosas, o algo así. Escuché el programa medio disperso anoche, en el trabajo, y algunos detalles se me escapan. Por supuesto, no tenía idea de lo que se estaba leyendo; la literatura tan nueva y onerosa no es lo mío…
Aunque, esta semana, la pegué con el novedoso y omnipresente Juan Villoro. Como dije, lo veo o veía muy seguido en los suplementos culturales de nuestros diarios, y alguna vez memoricé un adelanto o los nombres de los personajes de su novela “Llamadas de Ámsterdam”. Este miércoles, cuando escuché ‘Nuria’ –Nuria, precisamente, la noche en que Hugo nos contó sobre Mónica y su hija-, me la jugué y gané.
Para completar este improvisado resumen, digamos que la semana se inició con una repetición de autor, la quinta, creo, desde el inconsulto cambio en las reglas del juego. Esta vez, Armando Discépolo, de quien se empezó a leer “Relojero”. Ganó la especialista en teatro (pero también lancera) Verónica cornejo.
Y el jueves no hubo programa porque Nacional trasmitió el debate y posterior votación en torno a la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual. Que ganó el oficialismo.
¡Viva el montonero Perón!

jueves, 17 de septiembre de 2009

Últimas palabras

Por Juan Sabia
El personaje de su historia se moriría, ese era el final previsto desde la primera línea. Lo que aún no podía encontrar era sus últimas palabras. La desesperación de buscarlas inútilmente durante mucho tiempo lo llevó a decidirse. "Si el arte imita a la vida" pensó, "por qué no a la muerte". Primero tímidamente, más tarde con la confianza que da la costumbre, fue a los hospitales para acompañar a moribundos desconocidos y escribir lo que decían. Insultos, invocaciones, pedidos de auxilio; en el momento todo parecía servir pero, al vover a su casa, todo lo desechaba. Un día, ya sin esperanzas, no anotó casi nada. Ni siquiera esperó a que el viejo de la cama cinco expirase: se puso de pie y caminó hacia la salida. Iba tan abatido que ni vió la ambulancia que intentó esquivarlo, pero que (inevitablemente) lo embistió. Quedó tendido en la calle y, mientras se le iba la vida, lamentó haber comprendido demasiado tarde que la muerte del protagonista de su historia tendría que haber sido comoe estaba siendo la suya, sun últimas palabras, en el más significativo de los silencios.

Juan Sabia es argentino, nació en 1962. Matemático, cuentista, crítico. Primer Premio de Cuento en el Concurso Literario del diario La Nación de 1993.

Me alejo en silencio

Por Vicente Huidobro

Me alejo en silencio como una cinta de seda
Paseante de arroyos
Todos los días me ahogo
En medio de plantaciones de plegarias
Las catedrales de mis ternuras cantan a la noche bajo el agua
Y esos cantos forman las islas del mar

Soy el paseante
El paseante que se parece a las cuatro estaciones

El bello pájaro navegante
Era como un reloj envuelto en algodón
Antes de volar me ha dicho tu nombre

El horizonte colonial está cubierto todo de cortinajes
Vamos a dormir bajo el árbol parecido a la lluvia

Tragedia

María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.
Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.
Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y luego tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.
Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.
¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?
Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.
Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.

Jus Primae Noctis

por Manuel Campos Castro

El señor feudal era un hombre alto, delgado y anguloso. Los recién casados lo miraron azorados, con un pavor no excento de respeto.

"Vengo a reclamar mis derechos –dijo el señor suavemente–. La primera noche me pertenece". Los aldeanos no se atrevieron a replicar. El blanco caballo sin jinete que se encontraba junto al barón piafó. El soldado que lo sujetaba de las riendas le acarició el pescuezo para calmarlo.


El señor feudal sonrió. "Vas a venir conmigo al castillo, pichoncito –dijo–: verás que te va a gustar". Acto seguido obligó a su corcel a dar media vuelta y se alejó en dirección al fuerte señorial, no sin antes haber hecho una seña a los guardias.


Los soldados sujetaron al novio y lo montaron en el caballo blanco. La novia se quedó llorando en la aldea.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Llamadas desde Lafescaladam (98)

Miércoles 16 de septiembre
Novela: “Llamadas de Ámsterdam”
Autor: Juan Villoro
Ganador: Marcelo Perenchio

martes, 15 de septiembre de 2009

Párrafus: acá pasan cosas lindas

Martes 15 de septiembre
Cuento: "Aquí pasan cosas raras" (1976)
Autora: Luisa Valenzuela (1938)
Ganadora: Mónica Paradiso, de Rafael Calzada. Profesora de matemáticas y ex alumna de Hugo Paredero.

¿relojeadores.blogspot?


Lunes 14 de septiembre
Teatro: "Relojero" (1934)
Autor: Armando Discépolo
Ganadora: Verónica Cornejo

viernes, 11 de septiembre de 2009