sábado, 31 de julio de 2010

Presentación de "Jorge Guinzburg, la inteligencia rebelde"



"Esto no da para más. Somos dos muchachos judíos vendiendo alfombras en el Once", le dijo Jorge Guinzburg a Adrián Suar mientras negociaban la salida al aire de "Mañanas Informales", el último programa de TV que hizo el conductor. Con esa anécdota, el gerente de programación de El Trece lo recordó.

Fue anoche. Suar y el periodista Carlos Ulanovsky participaron de la presentación del libro "La inteligencia rebelde", una biografía sobre Guinzburg escrita por Hugo Paredero. Forma parte de "Paisanos", una serie editada por Capital Intelectual que destaca la vida de los judíos argentinos destacados.

Entre anécdotas personales, Paredero y sus dos invitados recordaron a Guinzburg (ver video), quien falleció hace dos años. .

Escribir el libro fue un "proceso arduo, sentí que me excedía, que no iba a poder con semejante personaje, tan expansivo, tan grande", confesó Paredero a Clarin.com.

"Fue una mezcla de sufrimiento con gozo. Para los entrevistados les causaba mucho dolor pensar en él en términos de pasado. No lo han terminado de llorar. Hace muy poco que se fue Jorge. Y por otro lado, me permitió descubrir un ser de una humanidad de esas que ya no vienen. Era un tipo integro. Era el que era. No se disfrazaba de nada", explicó Paredero.

"Y era tan alegre y genial, luchando desde chiquito con una complicación bronquial muy fulera. Si uno tiene en cuenta semejante adversidad, se valora muchísimo más su ser. Todo él", agregó.

"La lección de humor, de vida, de inteligencia, de generosidad que era Jorge Guinzburg". Con esas palabras lo recordó China Zorrilla.

La actriz Gabriela Acher acompañó desde abajo del escenario: "El libro te lo rememora incluso de una manera más grande y te muestra el Jorge Guinzburg ser humano, que era un divino", dijo.

"A Jorge lo recuerdo con muchísimo amor y humor", contó otra actriz, Susú Pecoraro "Siempre me he reído con Jorge. Esta en mí. Se lo extraña mucho. Su humor, su inteligencia. No hay otro", agregó.

Roberto Pettinato también dijo sí al homenaje a su amigo. "Hay algunos tipos que se mueren y desaparecen y otros que se mueren y no desaparecen. La gente piola se va y los estúpidos quedamos. La gente viene rápido y se van rápido y dicen algo grande. Yo pertenezco al club de la marca de Guinzburg de los irónicos-cínicos, de los hijoputa y eso me enorgullece".

Abrazado a Pettinato estuvo Jorge Luz. "Lo quiero. Yo no digo lo quería, lo sigo queriendo mucho. Fue una de las personas más generosas que conocí en mi vida", se emoción a sus 86 años. .

Los conductores Osvaldo Bazán, Silvina Chediek y Débora Pérez Volpin también estuvieron en la presentación y acompañaron a Andrea Stivel, su mujer, a la madre y la hermana del conductor. Estuvieron junto a las decenas de personas que se reunieron para admirar, una vez más, a Jorge Guinzburg.


Fuente: Diario Clarín

jueves, 29 de julio de 2010

A MI MAESTRO CON CARIÑO








Fue una noche increíble!! El haber estado allí me produjo una de las emociones más grandes de mi vida. No tomo alcohol, pero en este momento levanto simbólicamente una copa del más rico champagne y brindo por tu nuevo libro Hugo. SALUD!!!!


Cuando no había Blog VI





15 de Marzo de 2007
Teatro: “Historias para ser contadas”
Autor: Osvaldo Dragun
Ganadora: Zulma Baquero, de Concordia, Entre Ríos.

OSVALDO DRAGUN

Nació en una colonia agrícola judía, de las que caracterizaron a los famosos gauchos judíos de Entre Ríos.
Osvaldo Dragún desarrolló un teatro socialmente comprometido, organizando el Teatro Independiente, desde el Fray Mocho. En 1956 estrenó su primera obra, La peste viene de Melos, sobre la invasión a Guatemala.
En 1961 salió de la Argentina para trabajar en Cuba México, Venezuela, Perú, Colombia, Estados Unidos, entre otros países.
En 1962 obtuvo el Premio Casa de las Américas por su obra Milagro en el mercado viejo. En 1966 volvió a obtener el mismo premio por Heroica de Buenos Aires.
Rescató el antiguo Teatro del Pueblo y levantó el actual Teatro de la Campana.
A partir de 1981 fue uno protagonistas del Movimiento del Teatro Abierto, una reacción cultural contra la dictadura militar que tuvo una amplia influencia en la población. Osvaldo Dragún organizó el movimiento junto a otros hombres y mujeres de teatro como Roberto Cossa, Jorge Rivera López, Luis Brandoni y Pepe Soriano, apoyados por Adolfo Pérez Esquivel, recién elegido Premio Nobel de la Paz y Ernesto Sábato. El ciclo se repitió en 1982, en 1983 (con el lema de "ganar la calle"), y en 1984 (el "teatrazo").
En Teatro Abierto Dragún estrenó Mi obelisco y yo, en 1981, Al vencedor en el 1982 y Hoy se comen al flaco en el 1983.
En 1988 creó y dirigió la Escuela de Teatro de Latinoamérica y el Caribe, con sede en La Habana (Cuba)
El 1 de setiembre de 1996 se trasladó de México a Buenos Aires para aceptar la dirección del Teatro Nacional Cervantes. Desde esa función organizó el Maratón del Teatro Nacional Cervantes del cual participaron catorce grupos de Buenos Aires y del interior del país, el Encuentro Iberoamericano de Teatro, y giras de los elencos por todo el país.
Murió en 1999 ejerciendo dicho cargo y allí fue velado.

OBRAS

• La peste viene de Melos (1956)
• Historias para ser contadas
• Tupac Amaru
• Los de la mesa 10
• Milagro en el mercado viejo
• Heroica de Buenos Aires
• El Jardín del Infierno (1975)
• Mi obelisco y yo (1981), estrenada en Teatro Abierto
• Al vencedor (1982), estrenada en Teatro Abierto
• Hoy se comen al flaco (1983), estrenada en Teatro Abierto
• El amasijo (1984)
• Historias para ser contadas (1985)
• ¡Arriba Corazón!
• Volver a La Habana
• La soledad del astronauta / La Historia del hombre que se convirtió en perro

(www.todo-argentina.net)

miércoles, 28 de julio de 2010

Schussheim





"Jorge Schussheim ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Nueva emisora -y addenda.":

"Lamento muchísimo la salida del aire de Párrafus Interruptus, un programa que con casi nada hacia casi todo. Inteligente, como todo lo de Hugo Paredero, rasaba por lo alto, sin concesiones. Cómo decía el gran Oscar Wilde 'el deber del artista no debe ser volverse popular. Es ayudar al pueblo a volverse artístico.'
"Grave error de la gestión de María Seoane y Vicente Muleiro.



"Publicado por Jorge Schussheim para Los Parrafistas a las 28 de julio de 2010 00:34"

Como ya se dijo en nuestro Blog, desde hace cosa de un mes podemos escuchar al gran Jorge Schussheim en AM 750, los sábado y domingos de 22.00 a 23.00 hs.
Gracias por su aporte, Jorge.

Gedalio




Nos ha causado auténtico e inesperado pesar enterarnos de la muerte del periodista Gedalio Tarasow. Siéndonos casi absolutamente desconocido, ignorando su prolífica carrera, nos deleitábamos en los últimos meses con su audición de jazz en la AM 530, La Voz de las Madres.
Nos enteramos ahora, el pasado viernes, en un recuadro del suplemento de espectáculos de Ambito Financiero, que su labor periodística se inició en la década del 50. Y fue creador o director de revistas que todos recordamos, como Radiolandia, Antena o TV Guía. También, como crítico, escribió en Heraldo del Cine.
Su espacio jazzero (“Jazz en blanco y negro”) había nacido en radio Urquiza, pasando luego a la radio de las Madres. Ignoramos todavía si la emisora dará continuidad al ciclo, con otro conductor o con grabaciones. Podremos saberlo el próximo jueves a las 22.30 Hs.
Adiós y gracias, Gedalio.

martes, 27 de julio de 2010

Poeta sin Párrafus V

La poesía es la benjamina de los géneros de Párrafus Interruptus. Fue la última incorporación del enigma literario que Hugo Paredero ideó para la radio. En realidad, fue tanto la última como la primera, es decir, la única. El juego se había lanzado, allá en abril del 2006, con la sabia alternancia de Novela, Cuento y Teatro. Y desde el 1 de noviembre, a pedido de algunos oyentes, se agregó la Poesía.
Un poco por esta razón, otro poco por las dificultades de brindar un panorama de los otros géneros, es que se nos ocurrió preparar para el Blog la presentación de algunos poetas de nuestra predilección que no llegaron a aparecer en las 695 emisiones nocturnas de Párrafus -“los que faltaron” diría Perenchio.
Lo hacemos, además (al igual que la sección “Cuando no había Blog”), para nosotros, para los oyentes, para “mitigar el paso del tiempo”, a la espera de un nuevo ciclo de la entrañable creación del señor Paredero.

CHARLES BUKOWSKI (1920-1994) nació en la ciudad alemana de Aldernach, pero a los dos años se trasladó con su familia a Los Ángeles, donde vivió toda su vida. Durante muchos años, y tras un breve paso por la universidad, se ganó la vida con trabajos manuales temporales, espaciados por los periodos de vacaciones que se tomaba cuando tenía suerte en las apuestas del hipódromo, afición que reflejó continuamente en su obra. Empezó a escribir cuentos muy joven pero, tras un primer relato publicado por una revista en 1944, abandonó la literatura por un espacio de diez años, en los que sentó los cimientos de su leyenda alcohólica.

Sus primeras obras se publicaron en la década de 1960 en editoriales y revistas underground; a esta época pertenecen colecciones de poemas como Crucifijo en una mano muerta (1965) o la que para muchos es su mejor obra en verso, Los días pasan como caballos salvajes sobre las colinas (1969). La poesía de Bukowski, al que le gustaba vanagloriarse de haber escrito su primer poema con 35 años, está marcada por un realismo descarnado y lírico a un tiempo, explícito, tierno en ocasiones y brutal en otras, abundante en datos autobiográficos, personalísimo y pleno de humor ácido y desencantado. Nunca abandonó su producción en verso que, con los años, se fue haciendo más directa, más sobria, como en El amor es un perro del infierno (1974) o La última noche de la tierra (1992). Bukowski escribió más de treinta poemarios, que le han acreditado como gran poeta.

Su primera novela, Cartero (1970), le permitió abandonar la oficina de correos en la que trabajaba. A ésta seguirían otras cinco, todas protagonizadas por Henry Hank Chinaski, alter ego del propio Bukowski, entre las que cabe destacar La senda del perdedor (1982). Los cuentos de Bukowski están reunidos en varios volúmenes. El más conocido, Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones (1972), recoge relatos aparecidos en varias revistas underground. Su obra inspiró una película, Ordinaria locura, a Marco Ferreri, a la que seguiría Barfly (1989), de Barbet Schroeder y con guión del propio Bukowski. La prosa de Bukowski es, si cabe, más autobiográfica, en un 90% según el propio autor, que su poesía, y es la que le ha dado fama entre los lectores de habla hispana; todas sus obras en prosa están publicadas en español.

El alcohol, el sexo, la soledad y los aspectos más absurdos y sórdidos de la civilización ocupan un lugar de honor en la obra de Bukowski, que siempre evitó los ambientes literarios; prefería los bares y las habitaciones lúgubres

(www.elortiba.org)


A solas con todo el mundo

La carne cubre el hueso
y dentro le ponen
un cerebro y
a veces un alma
y las mujeres arrojan
jarrones contra las paredes
y los hombres beben demasiado
y nadie encuentra al otro
pero siguen
buscando
de cama
en cama,
la carne cubre
el hueso y la
carne busca algo más carne.

no hay ninguna posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.

nadie encuentra jamás al otro.

los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
las tumbas se llenan

nada más
se llena

Consejo amistoso a un montón de jóvenes

Id al Tibet
montad en camello.
leed la Biblia
teñid vuestros zapatos de azul.
dejaos la barba.
dad la vuelta al mundo en una canoa de papel
suscribios al Saturday Evening Post
Masticad sólo por el lado izquierdo de la boca
casaos con una mujer que tenga una sola pierna y afeitaos con navaja

y grabad vuestro nombre en el brazo de ella

lavaos los dientes con gasolina
dormid todo el día y trepad a los árboles por la noche.
sed monjes y bebed perdigones y cerveza.
mantened la cabeza bajo el agua y tocad el violín
bailad la danza del vientre delante de velas rosas
matad a vuestro perro
presentaos al Alcalde
vivid en un barril
partios la cabeza con un hacha
plantad tulipanes bajo la lluvia.

Pero no escribáis poesía.

MAS DISCUSIÓN


Risque, ella dijo, ¿no adoras a
Rilke?

no, dije, me aburre,
los poetas me aburren, son mierdas, caracoles, pedacitos de
polvo en un viento barato.

Lorca, dijo, ¿qué te parece Lorca?

Lorca era bueno cuando era bueno. Sabía como
cantar, pero la única razón por la que te gusta
es porque fue asesinado.

Shelley, entonces, ¿qué te parece Shelley?

¿no se ahogó en un bote de remos?

entonces ¿qué te parecen los amantes? me olvidé sus nombres...
los dos franceses, uno asesinó al
otro...

bárbaro, dije, ahora háblame de
Oscar Wilde.

un gran hombre, dijo ella.

él era inteligente, dije, pero vos crees en todas esas cosas
por la razón equivocada.

Van Gogh, entonces, dijo ella.

ahí vamos, dije, ahí vamos de nuevo

¿qué me quieres decir?

quiero decir que lo que los otros pintores de la época decían era verdad:
que era un pintor promedio.

¿cómo lo sabes?

lo sé porque pagué $10 para entrar y ver algunas de sus
pinturas. vi que era interesante,
honorable, pero no grandioso.

¿cómo podes decir, preguntó, todas estas cosas acerca de toda esta gente?

querrás decir, ¿por qué no estoy de acuerdo con vos?

¡para ser un hombre que casi se está muriendo de hambre, hablas como si fueras
un tremendo sabio!

pero, dije, ¿no se murieron de hambre todos tus héroes?

pero esto es diferente; no te gusta nada de lo que a mí me gusta.

no, dije, simplemente no me gustan de la manera que
te gustan.

me voy, dijo.

podría haberte mentido, dije, como la mayoría
lo hace.

¿quieres decir que los hombres me mienten?

sí, para llegar a lo que crees que es sagrado.

¿quieres decir que no es sagrado?

no lo sé, pero no te voy a mentir
para que funcione.

vete a cagar entonces, dijo.

buenas noches, dije.

ella dio un bruto portazo.

me levanté y prendí la radio.

había un pianista tocando la misma pieza de
Grieg. nada cambió. nada
cambia nunca.
nada

BEETHOVEN DIRIGIÓ SU ULTIMA SINFONÍA COMPLETAMENTE SORDO

sus pinturas no serían tan valiosas
ahora
si no se hubiera
cortado la oreja
usado ese trapo alrededor de la cabeza
y luego matado
entre los tallos de maíz.

¿y serían los poemas de ese otro
tan famosos si no hubiera
desaparecido a los 19,
abandonado todo para ir a
traficar armas y buscar oro
en África sólo para
morir de sífilis?

¿qué hay de aquel que fue
asesinado en la ruta
por fascistas españoles?
¿le dio esto
a sus palabras más
significado?

o tomemos a ese que fue un
héroe nacional
esas sinfonías-iceberg elevándose
cortando ese cielo particular
en dos
lo tenía todo servido
entonces se preocupó por la vejez
decidió salvar su cabeza
fue a su casa
desapareció y no fue visto nunca
más.

qué extraño comportamiento, ¿alguien no dijo
una vez?

que el hombre deba ser tan durable como su
arte, eso es lo que ellos esperan, ellos pretenden lo
imposible: creación y creador siendo lo
mismo. este es el truco sucio
de todas las épocas

aire y luz y tiempo y espacio


ya sabes, la familia, el trabajo,
siempre ha habido algo
en mi camino
pero ahora
he vendido mi casa, he encontrado este
sitio, un estudio grande, tienes que ver que espacio y
qué luz.
por primera vez en mi vida voy a tener un sitio y tiempo para
crear.

no, hijo, si vas a crear
crearás aunque trabajes
16 horas diarias en una mina de carbón
o
crearás en un cuarto pequeño con 3 niños
mientras que no cobras más que
el paro.
crearás como parte de tu mente y de tu
cuerpo
destrozados.
crearás ciego
mutilado
demente,
crearás con un gato subiéndote por la espalda mientras
la ciudad entera se estremece ante un terremoto, un bombardeo,
una inundación, un incendio.

hijo, aire y luz y tiempo y espacio
no tienen nada que ver con la creación y no crean nada
más que, quizás, una vida mas larga para
encontrar nuevas
excusas para no hacerlo.



Todo

Los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo.

pero quizás necesitan
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar.

cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.

O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,
da
igual.

los muertos no me
necesitan.

ni los
vivos.

pero quizás los muertos se necesitan
unos a
otros.

En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos

y
necesitamos tanto
Si solo supiéramos
que
es.

probablemente
es
todo

y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo

o moriremos

porque no
lo
conseguimos.

Espero que
cuando yo este muerto
comprendáis

que conseguí
tanto
como
pude.

domingo, 25 de julio de 2010

¡Hugo Paredero en AM 750!

En el programa “De ángeles y demonios”, uno de los recomendables espacios de la nueva emisora capitalina, AM 750, Rody Mascali entrevistó anoche a Hugo Paredero. La charla entre estos dos viejos amigos de la radio estuvo motivada por la presentación del libro sobre Jorge Guinzburg que Hugo llevará a cabo el próximo martes. (Detalles sobre este acto, más abajo.) Es a raíz de un dicho vertido allí por el señor Paredero que queremos hacer la siguiente aclaración.
Sin ánimo de emular el espíritu quejoso e impertinente del finadito Perenchio, queremos, sí, señalar y reivindicar que fue en uno de sus últimos textos para este Blog (antes de su sorpresiva reaparición de esta semana) donde se anunció que el próximo libro de Hugo será una biografía de Jorge Luz.
Desestimamos entonces desde nuestra página el carácter de ‘primicia’ que el señor Paredero le dio a esta noticia en la charla con Rody.
Cabe, sí, destacar que fue una novedad la información de que esta obra sobre el multifacético actor será un “audiolibro”.
Por otra parte, deploramos que, por razones de fuerza mayor, nos haya sido imposible escuchar los tramos finales de la cálida entrevista de anoche. Nos gustaría saber si Hugo fue consultado por sus otras actividades y proyectos, y si, por ejemplo, tuvo oportunidad de mencionar su presentación del mes entrante con Párrafus Interruptus en el Centro Cultural Caras y Caretas. Si alguien pudo escuchar la totalidad de la charla, sírvase por favor informarnos, completando esta breve crónica.
Desde ya, muchas gracias.

Addenda: Nos permitimos, también, señalar que nos causa grande satisfacción que una de las primeras entrevistas con Hugo a propósito de su nuevo libro haya sido propiciada desde la emisora que tuvo una de sus primeras menciones en Internet en Losparrafistas. De nada, AM 750. Y sigan acordándose de Paredero.

jueves, 22 de julio de 2010

Hugo Paredero Presenta

He aquí lo que el señor Perenchio consideró que éramos indignos o ineptos de anunciar.

JORGE GUINZBURG, LA INTELIGENCIA REBELDE, POR HUGO PAREDERO

La presentación del libro tendrá lugar el martes 27 de Julio a las 19.30hs en Librería Yenny, Grand Splendid . Av. Santa Fe 1860.
Entrada libre y gratuita, sujeta a capacidad de sala.


Carlos Ulanovsky y Adrián Suar acompañarán al autor como panelistas invitados

Capital Intelectual rinde el primer homenaje al talentoso y querido Jorge Guinzburg

A través de relatos, testimonios y anécdotas de quienes tuvieron el privilegio de compartir distintos aspectos de su vida, Hugo Paredero ofrece una particular y fidedigna mirada sobre su persona y su legado.

“…Acróbata, patinador, ajedrecista, chistero, humorista, creativo publicitario, periodista, guionista, conductor, actor, productor, director, empresario, benefactor... Jorge Guinzburg hizo de todo. Era un tipo genial, en el sentido cabal de generador, del que tiene fecundidad imaginativa y el don de crear, de inventar, de sacar conejos de la galera todo el tiempo. Petiso y monumental, un bendecido por el humor, con bronquios débiles y alma de niño irrompible….”

Nacido el 3 de febrero de 1950, fallecido el 12 de marzo de 2008, este libro cuenta la historia de sus 59 años de vida a través de más de cuarenta seres que lo rodearon.

“…..El protagonista habrá sido petiso pero la sombra con que me intimidaba al principio era gigantesca. ¿Cómo abordar la historia de alguien que derramaba datos atractivos por todos lados? Aproveché la dificultad de haberlo conocido muy poco, haciendo cómodo hincapié en la admiración que me despertó siempre, y entonces pude avanzar jugando a que nos hacíamos amigos. Lo seremos ya para siempre..."

Y para que sepas, Perenchio, nosotros recibimos la invitación personalizada de CAPITAL INTELECTUAL y VERBO COMUNICACIONES. Y seguramente el acto, un poco a causa de la presencia del señor Suar, será muy bien cubierto por algunos medios masivos. Y nosotros estaremos allí.
Buenas noches.

miércoles, 21 de julio de 2010

Hugo presenta su nuevo libro



Mi adiós al Blog se mantiene, como yo mismo, incomprendido pero impertérrito. Sin embargo, un acontecimiento que aquí no puede pasarse por alto (acontecimiento de tal importancia que no puede encargársele sin preocupación al plural Max Medina) me trae hoy a volver fugazmente.
Tal cual nos lo adelantara durante el año pasado en Párrafus, Hugo (nuestro Hugo Paredero, el conductor) presenta este año su nuevo libro, una biografía del afable y talentoso petiso velezano Jorge Guinzburg. Y como dijéramos en exclusiva en este Blog, el volumen se lanzaría en la primera quincena de julio.
Por tanto, ya tenemos a nuestro alcance el volumen de Capital Intelectual titulado “Jorge Guinzburg, La Inteligencia Rebelde”.
Para quienes no corran ya mismo a comprarlo en la librería o kiosko revistero más próximo (como haré yo mismo), estoy en condiciones de informar que el libro será presentado el próximo martes 27, a las 19.30, en la importante librería Ateneo Gran Splendid de la calle Santa Fe. Si gustan, podrán adquirirlo allí mismo, inmejorable oportunidad para que el autor lo autografíe. Además, podrá asistirse a un acto donde también estarán presentes el periodista y escritor Carlos Ulanovski y el actor y productor Adrián Suar.
Lo que no sabía y me resultó llamativo es que esta edición es la primera entrega de una colección de Capital Intelectual llamada “Paisanos, un reconocimiento al legado”. Los siguientes volúmenes estarán dedicados a Marshall Meyer, César Milstein, Blackie y Boris Spivacow. Este último, escrito por Judith Gociol, ya lo estoy reservando.
De la página de Internet donde leí esto (www.andigital.com.ar) copio el siguiente adelanto del libro que nos ocupa:

“Jorge llevaba en el cuello una cadena con una estrella de David. Estaba circuncidado y tuvo su bar mitzvá. No era lo que podría llamarse un ortodoxo, pero sentía que el judaísmo era su identidad. Se decía creyente porque ‘a mí me gusta la explicación facilista de que alguien creó todo esto, no puedo ponerme a pensar que sea casualidad que existe algo tan perfecto’. No dudaba de que, si existía el cielo y el infierno, a él le tocaría la mejor recompensa, pero, por las dudas, elaboró una teoría: ‘Pienso que el cielo de todas las personas no es el mismo; el cielo es cielo para cada uno’.
Pero esa fe no le ponía límites a su curiosidad. Y como buen insaciable, cuando se satisfacía con una respuesta brotaban nuevas preguntas. Y todos, absolutamente todos los caminos conducían al humor o provenían de él. Como lo recuerda en este libro Carlos Ulanovsky, ‘una eminencia de la réplica veloz y conmovedora, hombre-niño todavía en la edad de los porqués y de las preguntas. La suya era una cabeza que no se detenía nunca. Personalidad que cuando uno iba él ya había ido y vuelto tres veces. Tomador de riesgos. Jugador de todas las mesas y de todas las timbas creativas’”.

El autor

Hugo Paredero nació en Carlos Tejedor, provincia de Buenos Aires en 1948. Trabajó como crítico de espectáculos en la revista Humor. También colaboró en Página/12, Imagina, Playboy, Espectador, Caras y Caretas, y fue director de Cinemanía en su primera etapa.
En radio participó en los programas “Nuevos aires”, “El árbol y el bosque”, condujo “Por amor al arte”, “Mambo argentino”, “Contar hasta mil”, “La musa está servida” y “Parrafus Interruptus”.
Junto a Horacio del Prado le tocó conducir el primer programa de televisión argentino dedicado a criticar a la TV (“Nos estamos viendo”, ATC, 1985). Escribió guiones para los ciclos televisivos “Sobrevivir con humor”, “Como la vida misma”, “Cuenteros y Hagamos el humor”.
Para teatro escribió “Siemprediva”, que protagonizó Graciela Dufau y dirigió Hugo Urquijo. Es autor de los libros “Héctor Alterio, una biografía del actor”; “Zappingmanía – No desearás el canal de tu prójimo” y “¿Cómo es un recuerdo? La dictadura contada por los chicos que la vivieron”.


Enterados que fueron los viejos compañeros Parrafistas, sin más que decir, vuelvo a la clandestinidad -de donde nunca debí haber salido.

Post Scriptum: ¡Y no olviden! ¡El próximo miércoles 4 de agosto, a las 19.30, Parrafus Interruptus, con Hugo Paredero en vivo y hueso, en el Centro Cultural Caras y Caretas!

Cuando no había Blog V

01 de noviembre de 2006
Poesía: “El despertar”
Autora: Alejandra Pizarnik
Ganadora: Ana Mazía

EL DESPERTAR

a León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Còmo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo


ALEJANDRA PIZARNIK X JUAN JOSE HERNANDEZ

“No hace mucho se cumplió otro aniversario de la muerte de Alejandra Pizarnik. Nacida en Buenos Aires, en un hogar de inmigrantes rusos de origen judío, su obra poética, intensa y breve, mantiene hasta el presente su vigencia a través de numerosas reediciones, antologías, traducciones y estudios críticos. Sus últimos poemas, de fuerte contenido autobiográfico, y su correspondencia testimonian el patético esfuerzo de la poeta por escapar a un destino signado por la locura y el suicidio.
En aquella ocasión (1997), una íntima amiga de Alejandra recordó, con cierta tristeza, que en el pasado mes de abril Alejandra Pizarnik hubiera cumplido sesenta años. Sólo desde la hondura de nuestro cariño y nuestro desconsuelo olvidamos que los muertos no tienen cumpleaños. Lo cierto es que, tratándose de Alejandra, resulta difícil imaginarla como una mujer adulta. Quienes la conocimos sabemos cuánto dramatismo y artificio había en su aspecto aniñado y negligée (falda tableada, suéter tejido y medias zoquetes) que ella se obstinaba en conservar aún después de la muerte súbita de su padre en Miramar. Ese episodio, a mi modo de ver, determinó la entrada forzosa de Alejandra al mundo de los mayores y, al mismo tiempo, la paulatina transformación de su paraíso infantil, poblado de muñecas, payasos, arcoiris y pájaros de colores en jardines con macizos de lilas florecidas. “Jardines del hospicio con estatuas, con flores obscenas”, dirá en uno de sus últimos poemas.
En general, la crítica tiende a prestigiar el aspecto nocturno y desolado de la poesía de Alejandra, sus símbolos mortuorios y fábulas esperpénticas. A muchos de sus lectores les cuesta admitir que ella fue una artista extremadamente lúcida, conocedora de las principales corrientes poéticas de nuestro tiempo; una poeta que corregía obsesivamente sus versos hasta lograr la síntesis de emoción y belleza que buscaba, y un espíritu crítico excepcional. Admiradora de la moderna poesía francesa, pero también de Rubén Darío, Octavio Paz, Enrique Molina y Olga Orozco, creía, como Jean Poulhan, que en el lenguaje está la clave de todos los problemas que nos preocupan, creencia nominalista o mágica que hizo crisis al final de su vida.”

ALEJANDRA PIZARNIK EN EL RECUERDO

“Aún tengo presente el departamento de la calle Montevideo donde ella vivía; el pequeño pizarrón en que escribía sus versos, su teléfono verde, su colección de muñecas rusas, el tablero que le servía de escritorio y las carpetas para guardar sus originales, sus dibujos con lápices de colores y su correspondencia. A mediados de los años sesenta nos hicimos amigos; ella acababa de publicar Los trabajos y las noches, que me lo dedicó con su letra diminuta, casi microscópica. En esa época obtuvimos el primer premio municipal de literatura, Alejandra en poesía, yo en narrativa; por ese motivo aparecíamos juntos en publicaciones literarias del país y del extranjero, y en una oportunidad mantuvimos una conversación sobre mis cuentos de El Inocente, que apareció luego en forma de reportaje en la revista venezolana Zona franca que dirigía el poeta Juan Liscano. Teníamos algunos amigos en común, entre otros, Enrique Pezzoni, Silvina Ocampo, Edgardo Cozarinsky y Esmeralda Almonacid, en cuya casa de Boulogne solíamos reunirnos en verano para conversar a la sombra de una inmensa magnolia del jardín y bañarnos en un tanque de agua australiano.
Pero más allá de nuestras afinidades en cuestiones literarias y pictóricas (ambos admirábamos a Paul Klee y a Odilon Redon), había en Alejandra ciertos rasgos de su personalidad que me atraían: me refiero a su ironía incisiva, a su inteligencia no exenta de crueldad. Nunca olvidaré la vez que en una reunión se le acercó un joven poeta y le alcanzó los originales de unos poemas de su autoría. Ella los leyó detenidamente, y al devolvérselos exclamó, sonriendo: “Lo felicito, ¡qué buen tipo de letras tiene su máquina de escribir!”.
No puedo precisar en qué momento, sin proponérmelo, empecé a distanciarme de Alejandra. Olvidaba las citas que hacía con ella, pasaba semanas y meses sin llamarla por teléfono. Culpable y sin poder explicar mi comportamiento descortés, leía la tarjeta que ella había deslizado bajo la puerta de mi departamento y que todavía conservo entre mis papeles: “Juanjo querido ¿te olvidaste de nuestro rendez vous? Traía tantas cosas lindas para vos. Llamame cuando encuentres un segundo para tu Alejandra”.
Ahora pienso que ella estaría pasando por una de sus frecuentes postraciones nerviosas y que yo, bastante propenso al contagio de los depresivos, de manera inconsciente me ponía al resguardo de su aura angustiante y mortecina.
En Textos de sombras y últimos poemas (libro póstumo de Alejandra) se hace sentir aquella crisis con el lenguaje a la que me referí anteriormente. De paso, vale la pena señalar el desconcierto que provocó la aparición de este libro en nuestro ambiente literario, escandalizado por el uso que hay en él de vocablos prohibidos obssenitatis causa (en criollo, de malas palabras). Algunos críticos se preguntaron si era lícito, por parte de los responsables de la edición (Olga Orozco y Ana Becciú), dar a luz esos poemas que desmerecían la imagen de Alejandra sin agregar nada importante a su obra poética. Argumentos igualmente represores y falaces suelen todavía esgrimirse para condenar la libertad de lenguaje en la poesía erótica de Paul Verlaine.
En ese último libro de Alejandra, a las palabras, en vez de hacerles el amor, como quería Breton, se las violenta semánticamente para dar lugar a engendros verbales, a mutaciones perversas que hacen pensar en la pintura de Jerónimo Bosch. Poseída por lo que Octavio Paz llama “el demonio de la aliteración”, Alejandra se complace lúdicamente en otorgar significaciones inquietantes a lugares comunes del habla cotidiana, o de la cultura. En el terreno de la verbalización de lo sexual, las imágenes escatológicas generadas por la inminencia de la muerte alcanzan por momentos una obscenidad alucinante.
El gran NO de la muerte, con su irradiación obscena y su color emblemático, el azul, que era el color de los ojos del padre de Alejandra, acaba por imponerse. Curiosamente, el azul tiene una connotación análoga en estos versos de Jean Cocteau: La poèsie ressemble la mort./ Je connais son oeil bleu,/ Il donne la nausèe (“La poesía se parece a la muerte. Conozco su ojo azul. Provoca náusea”).
Volviendo al principio de esta evocación personal y literaria de Alejandra Pizarnik, a su patético esfuerzo por disipar el aura mortuoria que la acechaba, transcribo a continuación fragmentos de uno de sus últimos textos, Tangible ausencia, donde aparecen como pérdidas irreparables su infancia, su seguridad en el lenguaje y la mirada azul del padre, pérdidas que de algún modo configuraron su destino y la acercaron sin que ella pudiera encontrar la salida afanosamente buscada:”
‘Que me dejen con mi voz nueva, desconocida. No, no me dejen. Oscura y triste la infancia se ha ido, y la gracia, y la disipación de los dones... Hablo...
A unos ojos azules que daban sentido a mis sufrimientos en las noches de verano de mi infancia... A la luz de una mirada que engalanaba mi vocabulario como a un espléndido palacio de papel.
Me embriaga la luz. No nombro más que la luz. Quiero verla. Quiero ver en vez de nombrar.
...El lenguaje es vacuo y ningún objeto parece haber sido tocado por manos humanas. Ellos son todos y yo soy yo. Mundo despoblado, palabras reflejas que sólo solas se dicen. Ellas me están matando. Yo muero en poemas muertos que no fluyen como yo...
Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida?
Hemos consentido visiones y aceptado figuras presentidas según los temores y los deseos del momento, y me han dicho tanto sobre cómo vivir que la muerte planea sobre mí en este momento que busco la salida, busco la salida’.

Juan José Hernández

(Página 12, 06 de febrero de 2008)

martes, 20 de julio de 2010

Poeta sin Párrafus IV


"Edgar Lee Masters:
el revoltoso de la villa"

José Ignacio Silva Anguita


Para el fallecido Roberto Bolaño la Antología de Spoon River y Edgar Lee Masters eran un "libro y autores altamente recomendables", libro que es un misterioso oasis en una producción literaria prolífica, que celebra la herencia del medio oeste norteamericano.
Edgar Lee Masters (1869-1950) fue un poeta que publicó abundante poesía, pero no se hizo conocido hasta que en 1915 publicó la Antología de Spoon River, su obra maestra, y uno de los libros más interesantes que ha dado la lírica anglosajona del siglo XX. De hecho, dentro de los "libros y autores altamente recomendables" que Roberto Bolaño consigna en sus consejos acerca de cómo escribir cuentos, Lee Masters y la Antología ocupan un lugar de privilegio. Y si Bolaño —él mismo un escritor de culto— lo recomendaba, no era por nada.
El poeta nació en Garnett, Kansas, en 1869, dato no menor teniendo en cuenta su obra posterior. De hecho es el medio oeste norteamericano el gran escenario donde se despliega la Antología, esta vez rebautizado como Spoon River. Además de Kansas, fue el estado de Illinois (donde vivieron sus antepasados) el escenario de su niñez y adolescencia. Lee Masters se formó como abogado, pero no en una universidad, sino bajo el alero de su padre. No logró entrar a la universidad, en cambio se dedicó a la abogacía, más bien oscura, fue recaudador en Chicago, y finalmente en 1893 se estableció en un estudio legal.
Con el seudónimo de Dexter Wallace escribió ensayos y obras de teatro de poca monta. Los primeros daban cuenta de cierto populismo en el pensar político de Lee Masters. Se casó en 1893 con la hija de un abogado de Chicago, ejerció la ley y siguió escribiendo poemas y obras teatrales donde no podía dejar de expresar un punto de vista político insustancial, o bien eran ejercicios de versos de no mucha calidad. Esto se confirma con el hecho de que la crítica no le da la más mínima importancia a esta escritura.

Spoon River, el gran oasis
Hacia 1914 Lee Masters da un giro en su temática literaria. Ya había pasado por problemas maritales y se había independizado de estudios legales para ser un abogado independiente. Edgar Lee Masters decide concentrarse en las experiencias que vivió de niño en las zonas rurales de Illinois. Publicó estos nuevos poemas con el sinónimo de Webster Ford en un diario de Saint Louis.
Éste es el germen de la Antología de Spoon River (Spoon River Anthology, 1915). Sobre el origen de este libro Lee Masters recuerda su interés de combinar su imaginación con "las vidas de las fieles y tiernas almas que conocí en mi juventud". El impacto del libro, publicado en 1915, fue sorprendente. Las voces de la crítica estadounidense de ese entonces no dudaron en calificar a Lee Masters como un "hijo natural de Walt Whitman", hasta la calurosa y sincera aclamación que recibió de Ezra Pound, "finalmente, América ha descubierto un poeta". Sin embargo, el libro no solamente fue popular entre la élite literaria, sino que también con los lectores comunes y corrientes, cosa no común en poesía.
La Antología de Spoon River es una mordaz y sardónica recolección de epitafios que dialogan entre sí, y que tienen la gran virtud de ser un espejo de la vida y el sentir del midwest norteamericano, un reflejo de sus valores, puestos para contrarrestar y denunciar los efectos de la vida moderna. En el libro, los habitantes del pueblo de Spoon River abren sus almas, y evidencian su forma de pensar, las mujeres bajan la guardia de los modales impuestos por la sociedad, los poetas y los ateos vierten sin tapujos sus postulados y adquieren una sinceridad particular, sinceridad que también servía de denuncia de contrariedades como la corrupción. Cada epitafio tiene su discurso, que tiene bríos que pueden ser solamente expresados por alguien que ya no tiene las ataduras formales y sociales de un ser vivo. Lee Masters logró crear esa sinceridad, esa franqueza en el discurso poético, quizás uno de las características que han hecho a esta obra una de las piezas claves de la poesía en lengua inglesa del siglo XX.
Spoon River es una poesía que ciertamente fue un remezón a la sociedad norteamericana del entonces naciente, pues estos monólogos van en franco contraataque en contra de conservadurismos propios de ese entonces, y a falsos valores que disfrazaban estos convencionalismos. Lee Masters ataca la pacatería existente en la literatura, la política, a los "patriotas" y a los fundamentalistas. El libro le valió a su autor el mote de "revoltoso", pero la mirada en un principio cáustica hacia Spoon River se desvaneció en el tiempo, por ser una primera impresión, prevaleciendo el verdadero valor de la obra, el ser la celebración duradera de una región y de sus habitantes.
Pero el éxito de la Antología no podría ser reeditado nunca jamás. A pesar de que Lee Masters continuó por la misma senda que le diera éxito con la Antología de Spoon River, el auge no volvería a repetirse. Publica en 1924 el Nuevo Spoon River, además de una serie de poemas de corte similar, que no tuvieron el renombre del original. La consecuencia que vendría con el tiempo sería clara, Edgar Lee Masters se forjó una reputación de "autor de un libro", pues con los años, la demanda por la Antología de Spoon River no declinó, y de hecho el libro se convirtió en obra de teatro e incluso se le llegó a agregar música.
Esta fama no muy decorosa de "hombre de una obra" no dejó de molestarle bastante a Lee Masters, pues, la verdad sea dicha, fue un autor prolífico. Pero también es cierto que nada de lo que escribió luego de la Antología conquistó los mismos laureles ni ayudó a desentrampar a Lee Masters de ese "único libro", Songs and Satires and The Great Valley (1916), Toward the Gulf (1918), Starved Rock (1919) y The Open Sea (1921). Luego quiso fundir su labor de abogado con la literatura, crear una suerte de "poemas de la corte", inspirado en los monólogos dramáticos de Robert Browning, esto se ve en In Domesday Book (1920) y The Fate of the Jury (1929).
La poesía tardía de Lee Masters refleja una diversidad de intereses, incursiona en estilos que rinden homenaje a escritores del pasado, como en The Serpent in the Wilderness (1933), donde Lee Masters hace un guiño a Shelley. No dejó de realizar su incansable homenaje al medio oeste y a Illinois, incluso cuando ya vivía en Nueva York, así lo atestiguan los libros Poems of People (1936) y More People (1939), y los Illinois Poems (1941) junto con Along the Illinois (1942); todos estos libros son retratos poéticos de las costumbres, la tierra y los mitos de las praderas de la niñez de Edgar Lee Masters.
Paralelamente a la poesía, Lee Masters incursionó en la novela y en las biografías; dentro de estas últimas se cuentan volúmenes (en los que no se escatimaba en adulaciones) dedicados a Mark Twain, Walt Whitman y Abraham Lincoln. La biografía era una buena opción para Lee Masters de seguir revisando y reconstruyendo la historia, remozando valores y derribando mitos de los personajes de la historia americana.
En los años de éxito de Lee Masters y la Antología, el autor debía balancear la carrera de escritor y abogado, sufrir un divorcio amargo y una neumonía que casi lo mata. Se casa de nuevo en 1926, pero debe vivir separado de su nueva mujer, Ellen Coyne, por el trabajo de profesora de ella. En su retiro Lee Masters escribió, en el Hotel Chelsea, de Neuva York, entre otras cosas, su autobiografía, desde la niñez hasta los años de gloria de la Spoon River. En los años cuarenta se retiró junto a su esposa a Carolina del Norte y Pennsylvania, donde se dedicó a enseñar. Recibió varios premios en reconocimiento de su carrera literaria, donde es sindicado como una figura de transición en la poesía americana, un escritor que se sentía cómodo con el verso largo, casi narrativo, a la manera de Shelley, pero que en Spoon River establece una poesía distintivamente moderna. Ya por esos años su salud no era de las mejores. Falleció en Melrose, Pennsylvania, el 5 de marzo de 1950.

(www.letralia.com)

SILENCIO

He conocido el silencio de las estrellas y del mar,
Y el silencio de la ciudad cuando calla,
Y el silencio de un hombre y una mujer,
Y el silencio por el que la música sólo encuentra su palabra,
Y el silencio de los bosques antes de los vientos de la primavera,
Y el silencio de los enfermos
Cuando sus ojos vagan por la habitación.
Y pregunto: ¿Para qué cosas profundas sirve el lenguaje?
Una bestia del campo se queja unas pocas veces
Cuando la muerte se lleva a su cría.
Y nosotros nos quedamos mudos ante realidades de las que no podemos hablar.
Un chico curioso le pregunta a un soldado viejo sentado
frente a un almacén
--¿Cómo perdiste la pierna?
Y el viejo soldado se queda sin palabras
o desvía el pensamiento
porque no puede concentrarlo en Gettysburg.
Y vuelve jocoso
Y le dice: Un oso me la comió.
Y el chico se maravilla, mientras el viejo soldado
Mudo, débil, sobrevive a
Los fogonazos de los revólveres, al trueno del cañón,
Los gritos de los asesinados,
Y a él mismo tendido en el suelo,
Y a los cirujanos del hospital, los cuchillos,
Y a los largos días en cama.
Pero si pudiera describir todo esto
Sería un artista.
Pero si fuera un artista debería haber palabras más hondas
Que él no podría describir.
Está el silencio de un gran odio,
Y el silencio de un gran amor,
Y el silencio de una profunda paz interior,
Y el silencio de una amistad traicionada,
Está el silencio de una crisis espiritual,
A través del cual, el alma, exquisitamente torturada,
Llega a visiones que no pueden pronunciarse
En un reino de vida superior.
Y el silencio de los dioses que se entienden sin hablar,
Está el silencio de la derrota.
Está el silencio de los injustamente castigados;
Y el silencio de los agonizantes cuya mano
de pronto toca la nuestra.
Está el silencio entre el padre y el hijo,
Cuando el padre es incapaz de explicar su vida,
Y por eso mismo resulta incomprendido.
Hay el silencio que crece entre el marido y la mujer.
Hay el silencio de aquellos que fracasaron;
Y el vasto silencio que cubre
A las naciones quebradas y a los líderes vencidos.
Está el silencio de Lincoln,
Pensando en la pobreza de su juventud.
Y el silencio de Napoleón
Después de Waterloo.
Y el silencio de Juana de Arco
Diciendo entre las llamas, "Jesús Bendito"...
Revelando en dos palabras toda la pena, toda la esperanza.
Y hay el silencio de la vejez,
tan lleno de sabiduría que la lengua no pronuncia
las palabras inteligibles para aquellos que no han vivido
La gran extensión de la vida.
Y está el silencio de los muertos.
Si nosotros, vivos,
no podemos hablar de profundas experiencias,
¿Por qué asombrarse de que los muertos
no nos hablen de la muerte?

Su silencio será interpretado
Cuando nos acerquemos a ellos.

Edgar Lee Masters

MINERVA JONES

Yo soy Minerva, la poetisa del pueblo,
la irrisión de los patanes de la calle
porque era gorda, bizca y me balanceaba al andar,
y aún fue peor cuando Weldy “El Duro”
me atrapó después de una brutal persecución.
Me abandonó a mi destino en manos del Doctor Meyers;
y yo me hundí en la muerte, me fue subiendo el frío desde los pies
como quien va adentrándose en un río hecho de hielo.
¿Irá alguien al periódico del pueblo
para reunir en un libro los versos que escribí?…
¡Estaba tan sedienta de amor!
¡Tan hambrienta de vida!

WHEDON, EL EDITOR

Saber ver todos los aspectos de cada cuestión,
estar en todas partes, ser todo, ser nada mucho tiempo;
distorsionar la verdad, manejarla con un propósito,
usar grandes sentimientos y pasiones de la familia humana
para designios bajos, para fines astutos,
usar una máscara como los actores griegos,
el diario de ocho páginas detrás del cual te escudas,
pregonando por el megáfono de los grandes caracteres:
“Este soy yo, el gigante.”
Y viviendo, por lo tanto, la vida de un ratero,
envenenado con las palabras anónimas
de tu alma clandestina.
Escarbar la mugre de un escándalo por plata
y exhumarla a los vientos por venganza,
o vender diarios
aplastando reputaciones, o cuerpos, si hace falta,
ganar a cualquier precio, salvo tu propia vida.
Vanagloriarse de un poder demoníaco, socavando la civilización,
como el joven paranoico que pone un tronco en las vías
y descarrila el tren expreso.
Ser un editor, como fui yo.
Después, yacer aquí junto al río, por el lugar
donde se vierten las aguas servidas del pueblo
y se arrojan la basura y las latas vacías.
Y se ocultan los abortos.



EL DOCTOR MEYERS

No hay hombre, quitando al “Doctorcito” Hill,
que haya hecho más que yo por la gente de este pueblo.
Todos los débiles, los lisiados, los imprevisores
y los que no podían pagar acudían a mí.
Yo era el bueno, el complaciente Doctor Meyers.
Tenía salud, era feliz y bastante acomodado,
con una buena esposa, los hijos ya crecidos,
todos casados y abriéndose paso con éxito en la vida.
Y una noche, de pronto, Minerva, la poetisa,
se me presentó con su problema, llorando.
Intenté ayudarla… Y murió…
Me denunciaron, los periódicos me infamaron,
mi mujer murió con el corazón destrozado.
Y una pulmonía acabó conmigo.

(De la Antología de Spoon River)

lunes, 19 de julio de 2010

¿Y este?

Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Errata":

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Publicado por Anónimo para Los Parrafistas a las 18 de julio de 2010 17:45

Cuando no había Blog IV

19 de julio de 2006
Cuento: “No oyes ladrar los perros”
Autor: Juan Rulfo
Ganador: Gustavo Glandsman


miércoles, 14 de julio de 2010

Poeta sin Párrafus III


LUIS FRANCO





Luis Franco nació en Belén, Catamarca en 1898. Fue poeta, escritor y ensayista. Vivió casi siempre en su provincia dedicado a tareas rurales. Rechazó la cátedra universitaria y cualquier nombramiento académico. Sus primeros libros de poesía muestran un tono cristalino, eglógico: La Flauta de caña (1920), Coplas ( 1921), Nuevo mundo (1927) son algunas de sus obras de esta primera etapa. A partir de 1931, con América Inicial, la poesía de Franco toma un cariz militante; su marxismo, muy heterodoxo, de tintes anarquistas, está en la base de su obra poética posterior.

Más notable es su prosa. Sus discutibles interpretaciones del pasado argentino dieron por fruto libros fascinantes, de los que puede ser buen ejemplo el espléndido, barroquismo libelo El otro Rosas (1945), uno de los ejercicios más exhaustivos que se hayan intentado nunca del "arte de injuriar". (Fuente: Diccionario de Autores Latinoamericanos. César Aira. Emecé.)

Fue también un militante político de orientación troskista y uno delos fundadores del MAS ( Movimiento al Socialismo) de Argentina.

(www.todo-argentina.net)

CANCION DE LOS NIÑOS CON HAMBRE

¿Que aún se ignore que el hambre es
peor que todos los inviernos?
Se me saltan los ojos
y los pulsos, ebrios.
Mi rebelión aúlla oscura
más que en la nieve lobo hambriento.
Cantaré como los piratas
pulsando con el viento
y el alma desterrada
el cordaje velero.
Que ignoréis lo demás, no importa:
hay niños con hambre, sabedlo.
Niños que lloran
con llanto de hombre, oh cielos.
Para que ocurra,
sabedlo,
que el sanhedrín de mercaderes
que regentea el mundo entero,
y los que guardan sus espaldas,
esté contento, estén contentos…
(por la hidrografía,
ay, del llanto ajeno,
navega la flota
de los monederos)
el mundo, el mundo se contempla,
ved, de sí mismo prisionero,
de su propia dureza, digo,
igual que un río de sus hielos.
Y tiene que haber y hayle,
es cierto,
río de hormigas, cordilleras
de falsía y desprecio
(palomas empollando
huevos de víbora estoy viendo)
y tan profunda erudición
de desencanto y sufrimiento,
y tantos rincones del alma
con telarañas y murciélagos,
y Jobes vestidos de lepra
sin más báculo que el lamento,
y golpes de tos o de sangre
en que alienta todo el infierno
como en ola de tempestad
todo el océano.
¿Infierno? No,
que no hay infierno:
hay corazones congelados.
Eso es todo, sabedlo.
Gentes que hablan con palabras
más encendidas que los besos
justamente cuando se miran
con ojos de témpano.
Oh, todo eso,
en tanto discuten el mundo
diplomáticos y barberos,
y las ganancias de los rábulas
como tumores van creciendo,
y doquier hay niños con hambre,
o muertos de hambre ya, creedlo,
y hay que los ángeles del hombre
(los tiene el hombre aún, no miento)
tapan sus ojos con sus alas
para no ver, para no verlos.
¿Para qué el mundo, entonces?
¿Y para qué los parlamentos
o los motores o los héroes
o el verso?
¡Y no preguntes para qué
siglos de rezos!
Si a alguien colgara yo mi pena
le quebraría el cuello.
Mordiendo los sollozos
madrugaré a chiflar al viento,
el que hurta los robles podridos,
el que cabalga los incendios.
Porque he aquí
que yo traigo un secreto:
el alma nocturna del hombre
va amaneciendo.
Y un día van a jubilarse
al fin los monederos,
y ese día comerán todos,
aun los más trágicos hambrientos
de hambre de pan o de espíritu.
Y tan sólo por ello,
el mundo corcovado
de fraudes y de inviernos
va a renacer un día:
ya renacer lo veo
temblando en la luz cual patito
recién egresado del huevo,
y ya un ritmo de cuna
oh cielos,
y una canción de cuna
al mundo van naciendo
y aletea, aplaudiendo, el ángel
que el hombre aullante lleva adentro.

De "PAN" (1947)

Obras de Luis Franco

• Poesía

La flauta de caña. Ediciones América, Buenos Aires, 1920.
Coplas. Buenos Aires, 1921.
Libro del gay vivir. Ediciones Babel. Buenos Aires, 1923.
Coplas del pueblo, 1920-1926 (incluye Coplas de 1921). Ediciones Glaizer. Buenos Aires, 1927.
Nuevo Mundo. Ediciones Gleize. Buenos Aires, 1927.
Los trabajos y los días. Ediciones Babel. Buenos Aires, 1928.
Nocturnos. Ediciones Babel. Buenos Aires, 1932.
Suma, 1927-1937. Ediciones Perseo. Buenos Aires, 1938.
Catamarca en cielo y tierra. Ediciones Kraft. Buenos Aires, 1944.
Pan, 1937-1947. Ediciones Suma. Buenos Aires, 1948.
Constelación. Editorial Stilcograf. Buenos Aires, 1959.
El corazón en la guitarra, carpeta con dibujos de Ricardo Carpani. Buenos Aires, 1963.
4 poemas, carpeta con litografías de Demetrio Urruchúa. Buenos Aires, 1965.
Poesía de Luis Franco, antología. EUDEBA. Buenos Aires, 1965.
Trotsky. Chaj , ediciones de poesía. Buenos Aires, 1967.
Guitarra (teoría y práctica de la copla). Ed. Lagos. Buenos Aires, 1971.
Insurrección del poema. Ediciones Colihue/Hachette, 1979.

• Prosa

Los hijos de Llastay (fábulas o relatos de animales). Buenos Aires, 1926.
América inicial. Ediciones Babel. Buenos Aires, 1931.
El general Paz y los dos caudillajes. Ediciones Anaconda. Buenos Aires, 1933.
-Ediciones Claridad. Buenos Aires, 1935.
-Editorial Futuro, 1961.
Biografía de la guerra. Ediciones Perseo. Buenos Aires, 1941.
El fracaso de Juan Tobal. Ed. Nueva Novela, 1941.
Walt Whitman. Editorial Americalee. Buenos Aires, 1945.
El otro Rosas. Editorial Claridad. Buenos Aires, 1945.
-Editorial Reconstruir. Buenos Aires, 1965.
-Editorial Schapire. Buenos Aires, 1968.
Rosas entre anécdotas. Editorial Claridad. Buenos Aires, 1946.
Biografías animales. Editorial Peuser. Buenos Aires 1953. 2§ ed. 1961.
Antes y después de Caseros. Editorial Reconstruir. Buenos Aires, 1954.
Hudson a caballo. Ediciones Alpe. Buenos Aires, 1956. 2§ ed. 1973.
Biografía sacra. Editorial Reconstruir. Buenos Aires, 1957.
Sarmiento y Martí. Editorial Lautaro. Buenos Aires, 1958.
Biografía patria. Editorial Stilcograf. Buenos Aires, 1958.
Pequeño diccionario de la desobediencia. Editorial Americalee. Buenos Aires, 1959.
Domingo F. Sarmiento (antología). Cía. Gral. Fabril Editora. Buenos Aires, 1960.
Revisión de los griegos. Editorial Americalee. Buenos Aires, 1960.
La hembra humana. Editorial Futuro. Buenos Aires, 1962. 2a. ed. 1974.
Prometeo ante la URSS. Dávalos y Hernández editores. Buenos Aires, 1964.
Espartaco en Cuba. Dávalos y Hernández editores. Buenos Aires, 1965.
De Rosas a Mitre. Dávalos (Astral). Buenos Aires, 1967.
Los grandes caciques de la pampa. Editorial Schapire. Buenos Aires, 1967.
Sarmiento entre dos fuegos. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1968.
Cuentos orejanos. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1968.
La pampa habla. Editorial Schapire. Buenos Aires, 1968.
Guitarra adentro. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1971.
Rosas. Ed. Propósitos. Buenos Aires, 1970.
El arca de Noé en el Plata. Ed. Lagos. Buenos Aires, 1973.
El zorro y su vecindario. Plus Ultra. Buenos Aires, 1976.
El presidente Illia y un libro de ocasión. Buenos Aires, 1984



AFORISMOS FRANQUEANOS:

Quien no tenga curiosidad peligrosa, no tendrá bella sabiduría.


La belleza aumenta el misterio de la obra de arte o de la mujer, como la primavera vuelve más oscuro el sendero del bosque.


Maestro es el que nos ayuda a descubrir nuestras posibilidades y nuestras limitaciones, y nos pone sobre nuestra pista.


Hay días en que tan caídas están nuestras alas, que la vida nos produce un tedio de museo.


Ser imparcial es ver en cada cosa a un tiempo lo heroico y lo ridículo.


Quien esté seguro de comprenderse a si mismo, puede dolerse de la incomprensión ajena.


Ser severo consigo mismo sin serlo con los demás, eso se llama cortesía.


El amor fácil tiene la falla del vino aguado: no embriaga.


La ciencia aspira a descubrir verdades y dictar leyes. El arte se conforma con producir milagros.

Pueblo culto es aquel en que un hombre de espíritu inspira tanto interés como una mujer hermosa, y ésta hace olvidar la política, los negocios, los automóviles.


Juzgar a un hombre por lo que dice, es ligereza. Más todavía, juzgarlo por lo que hace. Son meros indicios de lo que somos.


De las cosas alegres conviene hablar siempre alegremente; de las cosas serias, con mayor razón.


Hay cosas que no sólo no deben verlas más que los ojos puros, sino que sólo ellos son capaces de verlas.


Nada mejor para desvalorizar una cosa que elogiarla con torpeza.


La palabra más mágica del idioma es "mañana".


Nuestra puerta se abre al mundo, pero nuestra ventana al infinito.


Todo se vuelve interrogante para quien curiosea.


No le creen a causa de su hermosura. Pero nadie es tan sabia en profundidades como la perla.


Nos lamentamos de la brevedad de la vida, nosotros, matadores de tiempo.


Hay hombres capaces de cometer infamias por unos centavos. Otros no caen en ellas ni por los oros del inca. En efecto, las cometen gratuitamente.


Hay hombres que llevan su sabiduría en la espalda, como la joroba. Otros en la cabeza. Pero de nada vale si no se la lleva en el espíritu.

(www.taringa.net)

martes, 13 de julio de 2010

Cuando no había Blog III


08 de febrero de 2007
Novela: “Veinticuatro horas de la vida de una mujer”
Autor: Stefan Zweig
Ganadora: María Suarez



Stefan Zweig es sin duda, uno de los grandes escritores del siglo XX, y su obra ha sido traducida a más de cincuenta idiomas.
La cultivada Viena donde nació Zweig, de acomodada familia judía, oriunda de Moravia, era una ciudad única en el mundo. En este ambiente supercivilizado se forma Zweig, que ha sido uno de los más populares escritores de este curioso período comprendido entre las dos guerras mundiales.
Su vocación literaria es muy temprana. En la gramática latina, siendo estudiante, esconde versos de Rilke. El primer ensayo en prosa, que remite al periódico más prestigioso de Viena es aceptado. No tarda en traducir poemas de Verhaeren para las revistas y publicar sus primeros versos de bachiller: Cuerdas de plata.
Tras obtener el título de doctor en Filosofía, reside un año en París. Luego va a Londres y se siente fascinado por la obra del poeta William Blake. Viaja por España, Italia y Holanda. De vuelta conoce en Leipzig a Kippenberg, el director de la prestigiosa editorial Insel, y traba con él una amistad que nunca declina. La primera novela corta de Zweig, escrita en los años 1910 y 1911, es Ardiente secreto. Visita la India, Norteamérica y Panamá. En 1917, la editorial Insel publica Jeremías. En 1919 vuelve a Austria. Publica Tres maestros. En 1921 aparecen Los ojos del hermano eterno y Amok.
Durante la primera guerra mundial tuvo que exiliarse a Zurich a causa de sus ideas pacifistas. Desde 1919 a 1935 Zweig fija su residencia en Salzburgo. En 1928 se casa con su secretaria. En 1935 se establece como exiliado en Inglaterra. A poco de estallar la segunda guerra mundial busca refugio al otro lado del Atlántico y se establece en Brasil. Convencido de la definitiva destrucción de los valores culturales y espirituales europeos bajo la bota totalitaria del nazismo de Hitler, se quita la vida, junto a su esposa en 1942. El trágico fin de su vida ocurrió en Río de Janeiro. Su entierro, celebrado en Río con honores de jefe de estado, fue un acto multitudinario.
Los centenares de miles de ejemplares de sus obras que se han vendido en todo el mundo atestiguan que Stefan Zweig es uno de los autores más leídos del siglo XX. Zweig se ha labrado una fama de escritor completo y se ha destacado en todos los géneros. Como novelista refleja la lucha de los hombres bajo el dominio de las pasiones con un estilo liberado de todo tinte folletinesco. Sus tensas narraciones reflejan la vida en los momentos de crisis, a cuyo resplandor se revelan los caracteres; sus biografías, basadas en la más rigurosa investigación de las fuentes históricas, ocultan hábilmente su fondo erudito tras una equilibrada composición y un admirable estilo, que confieren a estos libros categoría de obra de arte. En sus biografías es el atrevido pero devoto admirador del genio, cuyo misterio ha desvelado para comprenderlo y amarlo con un afecto íntimo y profundo. En sus ensayos analiza problemas culturales, políticos y sociológicos del pasado o del presente con hondura psicológica, filosófica y literaria.
Pero, ¿por qué han tenido tanta resonancia y tanto éxito sus obras? El mismo Zweig nos da la clave en su Autobiografía: " ... el inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última linea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos, los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo".
Toda una época de guerras y de esplendor a un mismo tiempo encuentra un fiel reflejo en la obra polifacética, brillante y en cierto sentido única de Stefan Zweig.

(www.editorialjuventud.es)

lunes, 12 de julio de 2010

Poeta sin Párrafus II

La poesía es la benjamina de los géneros de Párrafus Interruptus. Fue la última incorporación del enigma literario que Hugo Paredero ideó para la radio. En realidad, fue tanto la última como la primera, es decir, la única. El juego se había lanzado, allá en abril del 2006, con la sabia alternancia de Novela, Cuento y Teatro. Y desde el 1 de noviembre, a pedido de algunos oyentes, se agregó la Poesía.
Un poco por esta razón, otro poco por las dificultades de brindar un panorama de los otros géneros, es que se nos ocurrió preparar para el Blog la presentación de algunos poetas de nuestra predilección que no llegaron a aparecer en las 695 emisiones nocturnas de Párrafus -“los que faltaron” diría Perenchio.
Lo hacemos, además (al igual que la sección “Cuando no había Blog”), para nosotros, para los oyentes, para “mitigar el paso del tiempo”, a la espera de un nuevo ciclo de la entrañable creación del señor Paredero.



MARIO TREJO
El monstruo sagrado




Personaje mítico y leyenda viviente de la poesía argentina, Mario Trejo vuelve con la reedición de dos de sus más importantes obras: El uso de la palabra y Los pájaros perdidos (Fondo Nacional de las Artes). La praxis poética de Trejo no se limitó a la escritura, sino que participó activamente en grupos, revistas, colectivos, ediciones y traducciones desde los años ’50. Guillermo Saccomanno repasa en esta nota la intensa experiencia vital y el recorrido literario de una voz imprescindible.



Por Guillermo Saccomanno

1 Noche tarde. Tres jóvenes caminan con un veterano las calles del invierno porteño. Son los primeros años de la democracia. Todavía nadie acuñó el término flanneur que en unos años pondrá de moda la crítica tilinga, siempre afrancesada, para denominar el yiraje. Los jóvenes son poetas y, como ocurre cada vez que tres poetas jóvenes se reúnen, van a sacar una revista. Se han fumado un porro antes de buscar al poeta mayor. Les pegó su poema “Orgasmo”: “Breve vida feliz / breve muerte feliz”. Y también “El coño es una herida absurda”: “Reír todos/al mismo tiempo/alrededor de la cuna. // Aullar todos/ al mismo tiempo/ alrededor de la mesa. // Llorar todos/ al mismo tiempo/ alrededor del féretro”.

Los cuatro entran en El Ceibal: empanadas y vino. Un joven nombra a Kerouac. Empiezan a discutir sobre Kerouac. Otro habla con una presunta autoridad de la relación del alcohol, las drogas y la escritura. Menciona “El ángel subterráneo”. Más que escucharlo, el veterano lo tolera al presumido. Vos no sabés nada, le dice. El joven porfía. Alude a la traducción de Wilcock de “The Subterraneans” para Sur. El veterano se cansa y lo echa al joven: Andate, le dice. El otro se asombra, titubea. Te vas, le dice el poeta mayor. Aunque no es corpulento ni tiene aspecto de matón y es más bien bajo, canoso y está avejentado, el veterano impone respeto. El otro arruga, se levanta, mira a sus compañeros. Atónitos. Lo dejan ir. Se quedan dos. Wilcock no sabía nada ni de paraísos artificiales ni de literatura, sigue el veterano. Y recita, de memoria, en inglés, un pasaje de la novela de Kerouac, esa novela que empieza con una negra opinando que si Baudelaire hubiera comido más tal vez habría escrito menos, pero seguro habría sido más feliz. Uno de los jóvenes que se quedaron dice tener la traducción de Wilcock. Como vive cerca, se ofrece a buscar el libro. Traé el librito, pibe, le dice el veterano. El pibe se levanta como un resorte, sale, se apura, corre, se pierde en la noche y vuelve enseguida con la novela. El veterano toma vino. Abre el libro exactamente en el párrafo que termina de evocar en inglés. En la traducción la parte de la marihuana es un despropósito. Wilcock no sabía nada de drogas, dice el veterano. Y vuelve a repetir el fragmento en inglés.

2 Mario Trejo era, es, ese poeta mayor y no por su edad sino por su obra solitaria, que a través de décadas fue convirtiéndose en un manifiesto al cual acuden todos aquellos que desconfían de la poesía como carrera en el circuito de capillas del verso. No es de Trejo publicar con asiduidad. Además, como lo prueba la anécdota que transcribí hace un rato, no suele ser un tipo fácil. (Trejo debe estar, a esta altura, riéndose socarrón de lo que escribo, esta semblanza: “Huir de la pequeña historia. / La anécdota me saca de quicio. Vivamos el Gran Cuento”, ha escrito) Trejo, lo aclaro, tiene motivos fundados para no ser fácil. Estuvo en todas. Mejor dicho, picó en todas. Y de todas se las picó antes de que lo embalsamaran. Se destacó por una implacable lealtad con una poesía que, corrosiva, desconfía de su instrumento, la palabra, y la pone en cuestión: “La palabra lobo no muerde. / El que muerde es el lobo. // La palabra no muerde. / El que muerde es el poeta”. Que a su obra poética reunida la titulara El uso de la palabra (1964) no es una casualidad. Según Alberto Cousté en su prólogo a El uso de la palabra, “el mayor desencadenante de la irritación para su familia de lectores es la ambigüedad (esa madurez del espíritu por la cual se admite que cada formulación contiene el orden que la niega, cada imagen su reproducción especular, cada ente su contrario), característica en la que abunda la obra de Trejo, construida como está desde acechanzas e intuiciones, testimonio como es de un pensamiento que avanza en espirales cada vez más ceñidas y se niega al reposo”.

3 Algo más sobre la leyenda Trejo. Porque leyenda es un término que le cae perfecto. Una leyenda viva, como suele decir el periodismo cuando se trata de encarar algún monstruo sagrado. A propósito, Trejo es también un monstruo (como lo sugiere la variedad de inserciones que practicó en distintas actividades, ya fuera el teatro como el cine y la televisión) y también es sagrado porque, en su escritura, se toma conciencia de que “la poesía corre siempre el riesgo de cometer incesto con la magia y la religión. Cuando la transgresión se suma, se convierte entonces en una poesía esotérica, un rito de iniciación en el cual las palabras son a la vez velo y vestíbulo de una verdad que está más allá, en otra parte que no conocen las palabras”, escribe en El combate verbal. “El acto de crear, el momento mismo de la creación es, en estos casos, la experiencia más cercana a la mística, que es, por definición, no verbal. Puede argumentarse que una poesía que solicita el conocimiento de claves ocultas o de guiños culturales es hermética. Para que la ostra vuelva a abrirse y permita la esperanza de una perla es necesario, entonces, creer. Creer en la experiencia literaria”.

4 A Trejo, qué duda cabe, le gusta jugar con el tramado de una mitología personal. Es que tiene, como pocos, con qué. Su biografía puede empezar en 1926 con su nacimiento en Tierra del Fuego, Comodoro Rivadavia o La Plata. También se le atribuye un nacimiento en Temuco, Chile. En una entrevista contó hace poco que un tío suyo estaba preso en un penal patagónico. Y que su historia familiar bien puede empezar ahí. Pero como sucede con toda leyenda, hay una zona de imprecisión cuyo atractivo corre también por cuenta de quien lo lee, o lo escucha. En 1946 publica su primer poemario: Celdas de la sangre. En ese año, con Alberto Vanasco (con quien escribiría “No hay piedad para Hamlet”) montaba unos happenings callejeros: exhibiciones de pintura y escultura con lecturas de poemas. Todo duraba minutos. Y pasaba en el centro de Buenos Aires. Esto, subrayemos, antes del Di Tella. En 1948 se une a Tomás Maldonado y Edgar Bailey en el Grupo de Arte Concreto-Invención. En 1950 se lo encuentra con Bailey y Raúl Gustavo Aguirre en la revista Poesía Buenos Aires. Con una beca del Museo de Arte de San Pablo viaja a Brasil en 1951, donde estudia diseño. Regresa un año después y funda la revista Cinedrama. Entre 1952 y 1953 es secretario de redacción de Letra y Línea, la revista de Aldo Pellegrini, cuya redacción se reúne en la casa de Oliverio Girondo. Aquí se discuten traducciones de Aimé Cesaire y Dylan Thomas. En 1957, becado nuevamente, retorna a Brasil y toma contacto con los artistas del Museo de Arte Moderno y con el grupo de poesía concreta que integran Décima Pignatari y Haroldo de Campos. De esta época datan sus traducciones de Drummond de Andrade, Cabral de Melo Neto, Murilo Mendes y Vinicius de Moraes. Entre 1958 y 1960 realiza entrevistas para Canal 7 a la vez que escribe para Historias de jóvenes, el ciclo de David Stivel donde también colaboran Osvaldo Dragún, David Viñas y Dalmiro Sáenz. Desde 1960 hasta 1962 alterna Madrid, Roma y París. Hace crítica literaria, con Mario Vargas Llosa, para la Radio Televisión Francesa. Entre 1963 y 1964 está en Cuba escribiendo un documental sobre Wilfredo Lam. En 1964 recibe por El uso de la palabra el premio de poesía Casa de las Américas con un jurado presidido por Blas de Otero. Un año después se instala en Roma escribiendo para Bernardo Bertolucci Kill me future, un largo de ciencia ficción política que no alcanza a filmarse. “Prima della rivoluzione bisogna distruggere/ per non farsene dopo una preocupazione // E dopo? / Certe malinconie/ certe riflessioni verbali // Oh Europa/ mondo antico/ come sei pintoresca”, le escribirá a Bertolucci. Más tarde se interpreta a sí mismo en La vía del petróleo, un documental que, restaurado, se presentará en el festival de Venecia de 2007. En 1967 vuelve al país invitado por el Instituto Di Tella donde escribe y dirige, a partir de las enseñanzas del Living Theatre, Libertad y otras intoxicaciones, pieza adelantada en tratar la tortura, el aborto, el derecho a la diferencia. En 1968 escribe y dirige La reconstrucción de la Opera de Viena.

Incansable, como corresponsal free lance, 1971 lo encuentra en Medio Oriente: Egipto, Israel, Siria, El Líbano. En 1972, en Chile. Entre sus reporteados están Ernesto Guevara, Yasser Arafat, Salvador Allende, Abba Eban, Ben Gurión, dirigentes del MIR. Y en 1974 se exilia. “Acababan de matar a Ortega Peña y a un periodista amigo mío, Leopoldo Barraza”, cuenta en una entrevista. “Estábamos en casa de Martha Peluffo y hacíamos intercambio. Yo te doy coca, vos me das hachís. Y yo aportaba ácido lisérgico. Esa noche no aguanté más. Y me dije: Me voy, no aguanto más.

En esta resumida biografía de Trejo falta todavía acordarse de la relación entre poesía y música –como si no fueran una misma cosa–. Waldo de los Ríos y Astor Piazzolla les ponen música a sus poemas. De los Ríos a “La tristeza y el mar”. Piazzolla a “Los pájaros perdidos”, una elegía de la pérdida amorosa escrita en Villa Gesell, según él, mirando el mar una tarde. Este poema, el más popular, lo cantarán Amelita Baltar, Rosana Falasca, Milva, Susana Rinaldi, Julia Zenko, Lolita Torres y una innumerable cantidad de voces femeninas. Hay versiones griegas y japonesas. Más de cincuenta en el mundo. También Jeanne Lee y Enrico Rava graban sus Quotations Marks, poemas en inglés. Mientras su poesía aparece tanto en Barcelona como en Bombay, se junta en 1990 con Allen Ginsberg en Boulder, Colorado, y traducen a Nicanor Parra. En 2008 el Fondo Nacional de las Artes le publica una antología. También el año pasado la Fundación Argentina para la Poesía le entrega el Gran Premio de Honor. “Esta agitada vida/ me ladra como un perro”, ha escrito.

5 No obstante su trayectoria tan intensa como vertiginosa, más parecida a un raid que a un currículum en el que la poesía nunca parece ocupar el lugar central sino que corre, lateral, en una colectora por la ruta principal de los trabajos y los días, hasta no hace tanto Trejo era un nombre que operaba como contraseña entre iniciados. Lo que sucede con Trejo poeta lo explicó él mismo refiriéndose a sus preferencias en Juan L. Ortiz, mordido por la palabra: “Pero hay un exilio hacia adentro: el que comienza en la soledad que tiene el atrevimiento de asumirse y que, a veces, el olvido y la indiferencia de los otros perfecciona. Vamos al grano, daré nombres: Macedonio Fernández, Benito Lynch, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Juan Carlos Paz, Jorge Enrique Ramponi, el chileno Juan Emar, los uruguayos Horacio Quiroga, Felisberto Hernández y Juan Carlos Onetti. A todos ellos les debemos algo; a algunos les debo, además de la amistad para el adolescente desconocedor y desconocido”.

En Opus yo, Trejo ya se anticipa a los gestos de apartheid crítico: “Yo tendré quién sabe cuándo y dónde/ soy un campeón que cada día lucha por el título/ yo escribo este poema/ yo ejecuto la poesía”. Con respecto al ninguneo, Trejo supo despacharse: “Estuve fuera del país no sé cuántos miles de años para que tengan pretextos. Pero creo que son un poco demasiado injustos conmigo. Por ignorancia. En primer lugar, no me han leído. Y tampoco han leído nada porque son muy ignorantes”. Trejo, siempre en movimiento, es una complicación para los críticos ya que se trata de un excepcional entre los poetas de su generación. Lejos de constituir una obra vasta, copiosa, reincidente en tics, su poesía trabaja por decantación y se concentra vital y expansiva en un único libro al cual, a lo largo de décadas, le fue sumando apenas algunos poemas. “No hay nada más honesto que la necesidad”, ha escrito. Porque la poesía, en Trejo, contesta una urgencia. Aunque sin apuro. Su palabra siempre está meditada.

Muchos poemas, la mayoría, están dedicados, y las dedicatorias, como las citas, refieren tanto afinidades como señas de identidad: Enrique Villegas, Paco Urondo, Juan Gelman, Umberto Eco, Alberto Cousté, Susana Constante, Marcelo Ravoni. Dedicatorias, cabe consignarlo, que fechan una generación. Y dentro de lo que esta generación ha producido, El uso de la palabra deviene rara avis: insular, Trejo parece consumirse en la espontaneidad, pero la persistencia en lo instantáneo es aquello que, justamente, destaca una manera de entender la pasión.

Agotado en ediciones anteriores, circulando a veces en fotocopias, de mano en mano, El uso de la palabra, editado en 1999 y reeditado en 2008, fue presentado por Noé Jitrik, su compañero de exploraciones del Grupo Zona de la Poesía Latinoamericana. Este año Trejo se sumó a Jitrik y Hugo Gola en el encuentro El Argentino de Literatura en Santa Fe. Más que de rescates y homenajes, quizá hay que considerar estas acciones como desagravios. Porque hasta acá Trejo pertenecía más a la leyenda que al cotilleo de actualidad de los suplementos literarios. Sin embargo, aún hoy, cuando uno lo menciona a Trejo no falta quien se asombra al enterarse de que está vivo. Quizá esta circunstancia, el aura de excéntrico (con respecto a todo canon) y de maldito, se deba a que su poesía tajea y su herida no cauteriza porque responde a una concepción de la belleza que se asume “tenebrosa, esta película transparente/ e infinita que une y separa la belleza del mal de la/ maldad de la belleza”. Nada más lejos de Trejo que la fingida inocencia rilkeana de mucho poeta contemporáneo suyo consagrado al verso de la melancolía rentable: “Toda palabra tiene precio”, dice terminante en “Ultimátum a un joven poeta”. Al leerlo, aunque a veces se escucha entre líneas una afinidad con César Fernández Moreno, Urondo y Gelman, se advierte en Trejo otra indagación. Una más solitaria.

6 Si bien Trejo no le hace asco a la poesía en el charco de la política, la considera con una tristeza. En “A un peronista” escribe: “Este hombre creyó porque lo necesitaba. / Creyó porque el país lo reclamaba. / Este hombre fue convocado por banderas y bombos/ y también fue a gritar sin que lo llamaran/ atravesando un diluvio (...) Volvió a atravesar el barro y la lluvia/ soportó días y noches sin dormir/ siempre bajo la lluvia para decirle adiós a Evita y al Viejo. // Este hombre tiene derecho a estar equivocado. / Este hombre tiene todos los deberes de quien se ha equivocado”. Y después, ahí está, la muerte: “Pasan ilusiones/ Pasan los recuerdos/ Amigos que fueron/ Derechos e izquierdos (...) Los hijos y hermanos/ Ya no están se fueron/ Y los cumpleaños/ Desaparecieron”, escribe en “Los abuelos huérfanos”. Porque también se trata de “convivir con los muertos”: “Hablamos de nosotros como de otra película. / Hemos aprendido a convivir con los muertos”. Una de sus lecciones de entonces, aún vigente: “De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo:/ de la derecha cuando es diestra/ de la izquierda cuando es siniestra”.

7 Lo que cuenta en Trejo es una escritura que responde, como pocas, a la urgencia y la voracidad de un destino “poético” llevado a fondo: “Escribo al dictado. / No me disculpo. / Hay poco tiempo”. Así Trejo atiende una necesidad salvaje de búsqueda: “La mejor manera de esperar es ir al encuentro”, anotó. Más que una “perla” poética (que lo es), esta frase resume una estrategia de vida, una consigna. De serle fiel, no de otra cuestión, nos habla su poesía.

8 El pianista Wynton Kelly intentó describir algunos aspectos de su relación con Miles Davis: “Es un gran tipo. Si lo conocieras, es único. Es más un acompañante que un líder. Y siempre está creando, toca fuera de los acordes y la sección rítmica y yo salimos a buscarlo. Cuando se lanza a fondo podés sentirlo en todo el escenario y a veces levanto la mirada y le veo esa sonrisita en la cara y me doy cuenta”. De Trejo estoy hablando.


(Página 12, Radar, 27 de septiembre de 2009)

DE PUÑO Y LETRA


Me doy por vencido.
La religión la mafia
la política y el fútbol
el ejército y la moda
mueven más gente que yo.

Son millones o pocos
pero totalmente decididos
al todo por el todo.
Yo sólo tengo que ver
con las pequeñas multitudes
de un cine de trasnoche
con la soledad de los jugadores
que ofician una partida de ajedrez
con la tibieza de algunas mujeres.

Leo
vuelvo a ver una vieja película
hago noche en Coltrane
y estiro el brazo y acaricio a mi bella
que fume y ahora me convida.

MARIO TREJO

jueves, 8 de julio de 2010

Cuando no había Blog II


5 de diciembre de 2006
Novela: “La mujer rota”
Autora: Simone de Beauvoir
Ganador: Hermes Barzanoglou




"El 8 de enero de 1908 nace Simone de Beauvoir en la ciudad de París. Sus padres eran Georges de Beauvoir y Françoise de Brasseur. Su padre trabajaba como abogado. Pertenecían a la clase burguesa, era una familia acomodada. También tuvo una hermana, Helène, menor que ella. La relación de su familia con la clase burguesa desapareció pronto porque George invirtió gran parte de su capital en negocios que terminaron arruinándole. Ésto provocó un giro radical en sus vidas. Se trasladaron a un pequeño piso de la calle Rennes en malísimas condiciones, ni siquiera tenía agua corriente. Su padre encontró un trabajo como vendedor de publicidad en un periódico. Pero toda esta situación lo sumió en una profunda depresión. Comenzó a beber y a visitar burdeles. La madre de Simone, en su papel de esposa comprensiva, intentaba llevar de la mejor manera posible la situación pero las continuas peleas eran inevitables. A pesar de todo Simone y su hermana recibieron una educación burguesa asentada en los fundamentos de la religión católica. Simone pronto se rebeló contra todo lo que le habían impuesto y decidió ir a estudiar la carrera de filosofía en la Sorbona. En esos años fue cuando conoce al hombre que más va a influir en su vida, Jean-Paul Sartre, también estudiante de filosofía. Fue en 1929 cuando comienzan una relación amorosa que se caracterizó por ser libre y moderna y a veces incluso escandalosa. Esta relación durará prácticamente toda su vida. Gracias a esto se unió al grupo de su compañero a la vez que daba clases de filosofía en distintas ciudades de Francia como París o Marsella. Pero la II Guerra Mundial influyó notablemente en su manera de ver la vida y en 1943, en plena invasión de la ciudad de parís por el ejército alemán, Simone decidió abandonar la docencia optando por dedicarse exclusivamente a escribir. En este momento comienza su nueva vida. Se unió a la Resistencia francesa y además escribió su primera novela “La invitada” en la que trata el tema de la libertad y la responsabilidad individual. También habla de este tema en sus siguientes escritos como son "La sangre de los otros" escrita en 1944 y "Los Mandarines" escrita en 1954.
Al terminar la guerra Simone comienza a trabajar en la revista Les Temps Modernes cuyo director era Sartre. Durante estos años realizó numerosos viajes recorriendo gran parte de Europa y también visitando países como Cuba, China o Estados Unidos. Toda su literatura se verá influenciada por los postulados del existencialismo que era la filosofía defendida por Sarte. Pero pronto comenzaría a escribir sobre las mujeres y en 1949 publicó “El segundo sexo”. Con este escrito nació el ensayo feminista más importante del siglo XX en el que la autora trata de analizar la condición de la mujer occidental desde un punto de vista histórico, filosófico y político. De esta obra se llegaron a vender 22.000 ejemplares en una semana. Éste hecho dio una gran notoriedad a Simone. Hay un hecho muy significativo y es que Simone fue una de las mujeres que firmo en el famoso Manifiesto de las 343, publicado por el periódico Le Monde en 1971. ( Fue conocido también como el de las 343 sinvergüenzas). En él un total de 343 mujeres declararon haber abortado alguna vez. Simone declaró que el primer paso como feminista fue firmar ese manifiesto ya que aún finalizado su libro “El Segundo Sexo” seguía manteniendo que no lo era.
Dos años antes de la publicación de “el segundo sexo”, en 1947, su relación amorosa con Sartre se rompió. Él mantenía una romance con la actriz Dolores Vanetti. Todo esto provocaba en ella estados de ansiedad. Pero ese mismo año tuvo que viajar a Estados Unidos para dar unas conferencias y allí conoció al escritor Nelson Algren. Con él comenzó una relación que duró hasta 1964. Aunque ella sabía que el amor que sentía por él nunca sería igual al que sentía por Sartre, por ello Algren le pidió en numerosas ocasiones que dejase completamente a Sartre pero Simone nunca accedió a hacerlo. En alguna ocasión llegó a decirle: "No podría ser la Simone que amas si pudiese abandonar mi vida con Sartre”. Ante esta situación Algren decidió poner fin a la relación.
Esta ruptura volvió a causarle una depresión a Simone, pero pronto recuperó las ganas de vivir al enamorarse del comunista Claude Lanzmann, a quien conoció porque trabajarba en la revista Les Temps Modernes. En este momento ella tenía 42 años y él era diecisiete años menor. A pesar de la diferencia de edad Simone fue con el primer hombre con el que se comprometió a vivir. Gracias a él no volvió a padecer crisis de ansiedad. Lanzmann sí comprendía la relación de Simone y Sartre.
En 1954 publicó "Los mandarines". Gracias a esta novela Simone fue galardonada con uno de los premios más prestigiosos de Francia, el Premio Goncourt.
Entre tanto, Sartre había roto su relación con Dolores Vanetti y su salud comenzaba a decaer. Esto le preocupaba bastante a la escritora. A los 48 años decidió escribir su biografía. La llamó “Memorias de una joven formal”. Fue publicada en el año 1958. Esta primera publicación forma parte de otras tres obras más llamadas “La fuerza de la edad”, publicada en 1960. Tres años más tarde se publicó “La fuerza de las cosas” y por último en 1972 “Final de cuentas”. Estos cuatro tomos sirvieron a muchas mujeres de la época, convirtiendo a Simone en una figura para todas sus lectoras. Ella era la mujer que había conseguido emanciparse, tomar las riendas de su propia vida.
En 1970 escribió un ensayo ,“La vejez”. En él Simone afirma que los ancianos se han convertido en un sector de la sociedad marginado, al igual que los inmigrantes o los pobres. Fue en este momento cuando la escritora decide dedicarse casi exclusivamente a cuidar de Sartre que inevitablemente muere el 15 de abril de 1980. Un año más tarde Simone publicó un libro para homenajearlo llamado “La ceremonia del adiós”. Finalmente Simone murió el 14 de abril de 1986 en la ciudad donde nació, París.
Podemos decir que al hablar de Simone de Beauvoir estamos hablando de una mujer memorable. Una de las figuras intelectuales francesa más importantes y comprometidas de mediados del siglo XX cuya aportación al feminismo ha sido muy significativa."

Obras

- La invitada (1943)
- La sangre de los otros (1945)
- Todos los hombres son mortales (1946)
- Los mandarines (1954), Ganadora del Premio Goncourt
- Las bellas imágenes (1966)
- La mujer rota (1968)
- Cuando predomina lo espiritual (1979)
-Para qué la acción (1944)
- Para una moral de la ambigüedad (1947)
- El existencialismo y la sabiduría popular (1948)
- El segundo sexo (1949)
- El pensamiento político de la derecha (1955)
- La larga marcha (Ensayo sobre China) (1957)
- Norteamérica día a día (1948)
- Memorias de una joven formal (1958)
- La plenitud de la vida (1960)
- La fuerza de las cosas (1963)
- Una muerte muy dulce (1964)
- La vejez (1970)
- Final de cuentas (1972)
- La ceremonia del adiós (1981)

Teatro:

- Las bocas inútiles (1945)

(www.escritorasypensadoras.com)

miércoles, 7 de julio de 2010

Poeta sin Párrafus

La poesía es la benjamina de los géneros de Párrafus Interruptus. Fue la última incorporación del enigma literario que Hugo Paredero ideó para la radio. En realidad, fue tanto la última como la primera, es decir, la única. El juego se había lanzado, allá en abril del 2006, con la sabia alternancia de Novela, Cuento y Teatro. Y desde el 1 de noviembre, a pedido de algunos oyentes, se agregó la Poesía.
Un poco por esta razón, otro poco por las dificultades de brindar un panorama de los otros géneros, es que se nos ocurrió preparar para el Blog la presentación de algunos poetas que no llegaron a aparecer en las 695 emisiones nocturnas de Párrafus -“los que faltaron” diría Perenchio.
Lo hacemos, además (al igual que la sección “Cuando no había Blog”), para nosotros, para los oyentes, para “mitigar el paso del tiempo”, a la espera de un nuevo ciclo de la entrañable creación del señor Paredero.




Robert Frost







Robert Lee Frost (San Francisco, 26 de marzo de 1874 -
Boston, 29 de enero de 1963), poeta estadounidense.
Hijo de un granjero de antigua familia que fue también
maestro y periodista, su madre le hizo bautizar de niño en la iglesia
Swedenborgiana, que rehusó cuando se hizo adulto.
En 1901 ya administra su propia granja; adquiere la costumbre de escribir sus poemas de noche, en la mesa
de la cocina; en 1906 da clases a jornada completa en la Academia Pinkerton y
comienza a ofrecer conferencias, actividad que seguirá ejerciendo durante toda
su vida.
En 1912 decidió vender su granja y abandonar su puesto de maestro rural en New
Hampshire y marchó a Inglaterra, donde vivirá hasta 1915 y donde llegó a conocer
a poetas consagrados como Edward Thomas, T. E. Hulme, Lascelles Abercrombie,
Robert Graves y el norteamericano Ezra Pound, así como otros desconocidos
entonces como Rupert Brooke; gracias a ellos logró darse a conocer y publicar
sus trabajos: A Boy’s Will (La voluntad de un chico, 1913) y los monólogos
dramáticos de Horth of Boston (Norte de Boston, 1914); estos libros son
comentados New Hampshire, y 1931, por Collected Poems. Vive en varias granjas de
Vermont y New Hampshire e imparte clases de literatura en diversas
universidades; funda la revista Sentinel y colabora en el periódico The
Independent. Fluye constante su obra poética con Intervalos en la montaña
(1916), New Hampshire (1923), El arroyo que fluye al oeste (1928), Una
cordillera de más allá (1936).
La muerte de su esposa em 1938 y el suicidio de su hija Carol en 1940 causaron
un impacto profundísimo en la estabilidad emocional del poeta. En 1941 marchó a
Cambridge y allí vivió el resto de su vida acompañado por su secretaria Kathleen
Morrison, a la que pediría en matrimonio poco tiempo después de la muerte de su
esposa, si bien ella rehusó. Publica Máscara de la razón (1945) y En el calvero
(1962), entre otros muchos libros. Visita Brasil en agosto de 1954 y en 1957
volvió a Europa, lo que aprovecha para conocer a W. H. Auden, E. M. Forster,
Cecil Day Lewis y Graham Greene.
Robert Frost recibió en cuatro ocasiones el Premio Pulitzer (1924, 1931, 1937,
1943) y en 1961 fue invitado a leer un poema en el acto oficial de la toma de
posesión de John F. Kennedy como presidente, lo que venía a consagrarle como
poeta nacional.
Su poesía refleja los más profundos impulsos del hombre norteamericano: su
sencillez y amor por la naturaleza y lo rural, su individualismo, su ironía y
humor revuelto con una gran soledad y tragedia; también el valor norteamericano
fundamental de la independencia; sobre esto último se hizo muy popular su poema
"El camino no elegido", que todos los estadounidenses han aprendido de memoria y
que es para ellos lo mismo que para los españoles "Caminante, son tus
huellas..." de Antonio Machado; "Dos caminos se bifurcaban en un bosque
amarillo...". Utiliza la métrica tradicional y el escenario de sus más famosos
poemas suele ser el paisaje de Nueva Inglaterra.


EL CAMINO NO ELEGIDO

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.


ABEDULES

Cuando veo abedules oscilar a derecha
y a izquiercla, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece.
Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero.
Cuando sopla la brisa se les oye crujir,
se vuelven irisados cuando se resquebraja
su esmaltada corteza. Pronto el sol les arranca
sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve…
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustios
matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
aunque jamás podrán enderezarse solos:
durante muchos años las ramas de sus troncos
curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
igual que arrodilladas doncellas con los sueltos
cabellos hacia atrás y secándose al sol.
Mas cuando la Verdad se me interpuso
en la forma de un hecho como la tempestad,
iba a decir que quizás un muchacho,
yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles…
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
sólo sabe jugar, en invierno o en verano,
a juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
pasando por encima de ellos tan a menudo
que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
sin conquistar. Aprendió la manera
de no saltar de un árbol sin haber conseguido
doblarlo contra el suelo. Conservó el equilibrio
hasta llegar arriba, trepando con cuidado,
con la misma destreza que uno emplea al llenar
la copa hasta el borde, y aun arriba del borde.
Entonces, de un envión, disparaba los pies
hacia afuera y saltaba del aire hasta la tierra.
Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles;
muy a menudo sueño en que volveré a serlo,
cuando me hallo cansado de mis meditaciones,
y la vida parece un bosque sin caminos
donde, al vagar por él, sentirnos en la cara
ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,
y un ojo lagrimea a causa de una brizna,
y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,
para luego volver y empezar otra vez.
Que jamás el destino, comprendiéndome mal,
me otorgue la mitad de lo que anhelo
y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,
como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
Quisiera encaramarme a un abedul, trepar,
por las ramas oscuras del blanquecino tronco
y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
un columpiador de árboles.

REPARACION DEL MURO

Algo hay que no es amigo de los muros,
que hincha la tierra helada y los socava,
que arroja al sol las piedras desde el borde
y abre brechas por donde caben dos.
Los cazadores ya son otra cosa:
he seguido sus pasos, reparando,
donde no han dejado piedra sobre piedra
persiguiendo el conejo en su guarida
por alegrar la jauría. Las otras brechas
nadie las ve formar, ni hay rumor de ellas,
pero ahí estan cuando hay que repararlas.
Se lo anuncio al vecino tras la cuesta;
un dia, en la linea divisora,
nos encontramos a rehacer el muro.
Lo formamos entre ambos, paso a paso.
A cada cual las piedras que le tocan,
las ovaladas, las bolas tan redondas
que cuesta hechizos fijarlas en su puesto:
"No se muevan hasta vernos las espaldas!"
Se destrozan los dedos con asirlas.
Cierto, es juego campestre, como tantos,
uno contra uno. A más no viene:
donde vivimos no hace falta muro:
lo suyo es pino, lo mío manzanares.
Mis manzanos, le digo, no amenazan
comerse las piñas de sus pinos.
Solo responde, "Buen muro, buen vecino."
La primavera me azuza, y me pregunto
si quizás le penetro el pensamiento:
"Por qué hace buen vecino? No se trata
de donde hay vacas? Pero aquí no hay vacas.
Antes de levantarlo, yo quisiera
saber a quién incluyo, a quién excluyo,
a quién, quizás, ofendo con el muro.
Algo hay que no es amigo de los muros,
que quiere derrumbarlos." Pienso "duendes,"
pero no hay tales duendes, y quisiera
que él le pusiera nombre. Allá lo veo,
con una piedra empuñada en cada mano,
como un salvaje troglodita armado.
La sombra en que se mueve me parece
más que sombra de selvas o de ramas.
No indaga el estribillo de su padre,
y tanto le place haberlo recordado
que repite, "Buen muro, buen vecino."