lunes, 27 de septiembre de 2010

Encuentro en septiembre (8) Epistolario-Epílogo

M:

No sé si te gusta Susú Pecoraro, pero creo que te hubiera gustado la charla del final entre ella, Hugo y el público. Fue muy distendida y amorosa. Tan íntima la sentí, que no quise grabarla, para no interferir.
A propósito, te respondo que la filmación de la lectura de Susú está en dos partes porque, al intuir que no habría ganador, apagué la máquina, pero después me arrepentí y prendí de nuevo para grabar los segundos finales. Ahí sí, viste cuando Hugo cambia el gesto y dice “Ni idea…”, apagué, más que nada de bronca. Es una lástima, porque no quedó registro de los lances que siguieron hasta que Hugo tiró otra vez el salvavidas y ganó aquella chica Nigro.
Y sí, como bien adivinaste: el libro que le cedí a López Motta al final fue porque para mí tiene más merito haber deducido que el autor era Carver que adivinar con ayuda el título.
Y no, no creas que después le escribí a esta chica para hacerme el lindo o tirarme un lance… de los otros. Era por la filmación que hizo la amiga. Si sabés que soy un hombre casado y con hijos… Bueno, arrimado y con Fulanito.
Volviendo a Susú.
¿Te acordás de “Los éxitos del amor”? No, no creo. Vos tenés como 8 años menos que yo, y yo era chico. Es una película del ´79, con Claudio Levrino y Graciela Alfano. No me acuerdo si la hicieron a partir del suceso de un long play de superéxitos o viceversa. Nunca la vi, pero creo que es una especie de musical muy rudimentario, donde aparecen cantando Camilo Sesto, Angela Carrasco, Quique Vllanueva, Dany Cabuche y otros así de populares y olvidados.
Bueno, contó la Pecoraro que a ella le ofrecieron hacer la siguiente película de esa minisaga: “La discoteca del amor”, que dirigió nada más y nada menos que Adolfo Aristarain. Extraño intermedio hipercomercial el suyo, después de “La parte del león” y antes de “Tiempo de revancha”. Pero Susú, muy motivada y un poco inflada, dijo, por sus estudios teatrales, no quiso aparecer como émula de la Alfano y dijo que no. “¡Pero, Susú!”, le dijo una chica del público, “¡Ahora podrías estar como jurado de Tinelli!” El papel que rechazó, en esa y en “La playa del amor”, lo hizo entonces Mónica Gonzaga.
Después le preguntaron por su papel en “Roma”, la última o anteúltima de Aristarain. Contó que nunca habían vuelto a tratarse después de aquel proyecto trunco de 1980, hasta que él le acercó un nuevo guión, en 2003, diciéndole que había escrito el papel inspirado en su madre y para que Susú lo interpretara. Cuando lo leyó, ella le dijo que quería hacerlo. Después, él no le dio ninguna indicación durante todo el rodaje. Cuando terminaron, lloraron abrazados. “Yo también la vi a mi mamá”, dijo la chica que había preguntado.
Recordaron también un ciclo televisivo del ´85 u ´86, donde adaptaban obras de autores argentinos, en un canal 7 casi desmantelado, muy pobre. “Cuentos para ver”, se llamaba. Recuerdo haber visto ahí una versión de “La ribera”, de Enrique Wernicke, con Víctor Laplace. Hugo se acordaba de uno donde Susú, con bigotes, hacía de mozo. Ella contó que ese episodio había surgido de una idea de Ricardo Darín: como el vestuario del canal era tan paupérrimo, había propuesto que los varones usaran las prendas de las mujeres y viceversa. Creo que ahí también hicieron una versión de “Patrón”, de Abelardo Castillo.
Algo en lo que Susú se explayó fue en la valoración de su admirada Margueritte Duras. Dijo que leyó casi toda su producción, sintiéndola siempre muy próxima. Sin embargo, cuando le han propuesto elaborar algún espectáculo con aquellos textos o adaptar alguna obra, siempre se negó. Sabe que no le es posible transmitir del modo que quisiera la riqueza y la entonación de esa prosa. Por la misma razón, descartó a la Duras cuando Hugo la invitó a leer en Parrafus.
El encuentro terminó con la sincera calidez del saludo de Hugo con Susú, mientras se prometían que alguna vez tenían que hacer algo juntos. “Ya lo hicieron”, pensé yo, 2aunque sea para nosotros solos". Y para vos, ahora que te cuento.
(…)
… el mes que viene te escribo.
Un beso.
Chau.

Marcelo

viernes, 24 de septiembre de 2010

Encuentro en septiembre (7) La despedida

Con el penúltimo y el último Parrafus de la noche la cosa volvió a su cauce, como en los viejos buenos tiempos. El abanderado –en beligerancia- Perenchio y el poeta López Motta ganaron cada juego a los pocos segundos de lectura.
Ahora, al evocar la fugaz lectura de Marcos Aguinis, recién recuerdo que, en este segundo encuentro, junto al parche de césped y el girasolito, se destacaba en el despojado escenario una pantalla blanca. Cuando la ví, también pensé que sería para otro espectáculo, pero, tras el primer juego, Hugo señaló hacia allí y pudimos ver la proyección de una entrevista a Milan Kundera.
Me pareció un interesante aporte esa ilustración audiovisual de las lecturas, que, en cierto modo, reemplaza el toque musical de la radio. En cuanto al francés que se hablaba en esa primera película, era perfectamente comprensible para cualquiera que hubiera pasado la mitad de su vida en Versalles o Montmartre…
Pero la mejor de las proyecciones fue la de un largo monólogo de Marcos Aguinis. No sé de cual novela suya hablaba (tal vez de la mismísima “La cruz invertida”), pero ensalzaba la investigación histórica que le había demandado, y el fresco de época logrado, y la estructura coral pergeñada, y nombró otras novelas históricas o de época, y todo como a la pasada, como sin querer, en medio de una retahíla de frases hechas y lugares comunes. Cuando terminó, Hugo lo gastaba: “¿Vieron? Así como así, a lo bobo, el tipo se equipara con Tolstoi, con Dickens…”. Y después le siguió pegando, siempre con gracia y finura, por su desembozada (o a veces embozada) condición de actual ideólogo de la derecha. También se sumó a la ironía con que Horacio Verbitsky comentó en un artículo la aparición de una enaltecedora biografía de Aguinis… ¡escrita por Marcos Aguinis! Y se recordó su pasado como secretario de cultura de algún tramo del gobierno de Alfonsín… Y, en fin, que me arrepentí de haber guardado la compostura y no lanzar ninguna muestra de mi antipatía cuando lo nombré al ganar el juego. Especialmente porque, cuando terminaba su diatriba, Hugo comentó: “Pero a lo mejor a Perenchio le gusta…” Aclaré entonces que no había leído “La cruz invertida”, ni ninguna otra cosa de ese señor, y que sólo recordaba de haber hojeado esa novela que empezaba diciendo algo acerca de una bandada de pájaros rojos.
Pero, con Hugo, así fue siempre nuestra relación radial; con mutuas pullas, amables zancadillas y virtuales reproches. Con Hugo, no nos une el amor sino el tortazo / será por eso que nos queremos maso…

El último juego sería otra vez con Cuento. Esta vez, un cuento argentino. De un autor con alguna afición similar a la de Carver, pero más genuinamente afín, creo, a las clases menos favorecidas de su país. De Abelardo Castillo, “Patrón”.
El comienzo, donde se menciona a “la vieja Tomasina”, me sonó familiar, mucho, pero no me alcanzó medio minuto para descifrar título y autor. Roberto López Motta respondió a los 31 segundos. Se ganó “Cuentos crueles”, de donde Hugo había leído. En la última proyección de la noche vimos y escuchamos a Castillo en medio de su biblioteca.

Al final, cuando salíamos, después de saludar a nuestro conductor, a Susú, a Hernán, a Adriana, con López Motta comentamos que nosotros dos, por lo visto, seríamos los más fieles de entre los oyentes de antes, espectadores ahora, del espectáculo de Hugo. “Este puede ser el comienzo de una hermosa fidelidad”, pudo comentar alguno de los dos. “Comienzo, no. Continuidad”, pudo mejorar el otro. “Fidelidad, tampoco. Amistad”, hubiera dicho Bogart.
Nos despedimos en la vereda. El iba para el centro. Yo, para Constitución.

continuará

jueves, 23 de septiembre de 2010

Agustín Alezzo. Por amor a su arte.



PARRAFUS INTERRUPTUS

-De la radio al vivo en el Centro Cultural Caras y Caretas, Venezuela 330, el primer miércoles de cada mes a las 19.30. Entrada libre y gratuita

-Idea y conducción: Hugo Paredero

-Homenajeado del 6 de octubre: Agustín Alezzo. Por amor a su arte.

Parrafus Interruptus es un juego de competencia literaria donde tienen chances de ganar los que leen mucho, los que sólo leyeron un libro en su vida, y los lanceros de siempre. Las reglas del juego son divertidas pero severas. Paredero trae textos que irá leyendo a los concurrentes sin dar ninguna pista; sólo aclarará, antes de empezar a leer cada uno, si es cuento, novela, obra teatral o poesía, las cuatro posibilidades en juego. Los espectadores escucharán inocentes, sin más evocaciones que las despertadas por las palabras. Hay que acertar dos cosas: título de la obra que se lee y nombre y apellido de su autor. Silencio en la sala, comienza la lectura, y a medirse el tiempo de la misma en minutos y segundos... Gana el primero que levanta la mano y grita ¡Basta para mí! interrumpiendo con la doble respuesta correcta.
Se premia con un libro a cada ganador interruptor, otro a quien resulte el más veloz de la noche, otro al que acertó más veces. Por supuesto, se juega a libro forrado.
¿Qué autores leemos? Todos. Aquí caben escritores de todas las épocas, países, estilos, dotes. Como este es un juego de amor a los libros, un homenaje tanto a los que escriben como a los que leen, no tenemos prejuicios respecto del talento de los primeros y del gusto de los otros. Nuestro espíritu pasa más por celebrar el placer de la lectura en sí misma y fomentarla.
Agustín Alezzo, nuestro querido homenajeado del mes, es un gran lector. Cuando tenía 8 años le regalaron una biblioteca (que aun conserva) y creyó que moría de emoción. Era el regalo supremo que podían darle. Parrafus Interruptus en Radio Nacional tuvo el emocionante honor de contarlo a Agustín entre sus oyentes más fieles y fervorosos, incluso fue el ganador de varias noches. Pero el 6 de octubre no podrá jugar como oyente. Además de las charla abierta con él, lo haremos trabajar de lector de uno de los párrafos a interrumpir. Más no podemos contar, porque son sorpresas que tenemos reservadas para el gran Alezzo. Maestro de miles de actores, extraordinario director, causante de miles de espectadores felices.

Parrafus Interruptus obtuvo el Premio ARGENTORES 2006 en la categoría microprograma radial y el Premio ÉTER 2009 al mejor programa cultural de radio. Tiene un blog con su historia: www.losparrafistas.blogspot.com. Y en facebook, Los Parrafistas.

Vení a interrumpirnos el miécoles 6 de ocubre, a las 19.30, en Venezuela 330.
Entrada libre, gratuita y bienvenida.

Encuentro en septiembre (6) La memoria

En el inicio de la cuarta lectura de la noche, ante el solo título del primer poema, a Susú se le escapó un “Ahhh…”, de reconocimiento y admiración.
También supe que había leído aquello. Es más, me sonó a algo que había visto hacía muy poco. Pensé en un par de autores argentinos cuya obra estuve releyendo. Sin embargo, poema adelante, algunos términos me hicieron descartar la nacionalidad y el idioma; sonaba a traducido. Pero esa sensación, la de algo bien conocido, me acompaño durante los otros dos poemas que Hugo pudo leer hasta que se cumplieron los cinco minutos. ¿Bien conocido? No tanto, si no pude reconocer al autor. Y tampoco nadie del público, tampoco esta vez, supo la respuesta.
El primer poema era el siguiente. ¿No suena famoso?

SOMOS TRANSMISORES

Mientras vivimos somos transmisores de la vida.
Y cuando dejamos de transmitirla, la vida deja de fluir por nosotros.
Esto es parte del misterio del sexo, es un flujo hacia adelante.
La gente asexuada no transmite nada.
Y si cuando trabajamos, podemos inyectar vida a lo que hacemos,
vida, más vida nos invade, nos inunda y compensa,
nos alista, y vibramos con vida a través del curso de los días.
Aunque sólo fuera una mujer haciendo torta de manzana,
o un hombre creando una silla,
si la vida entra en la torta, buena es la torta,
buena es la silla: contenta la mujer,
con fresca vida manando en su interior, contento el hombre.
Da y te será dado
es todavía la verdad acerca de la vida.
Pero dar vida no es tan fácil.
No significa entregarla al primer miserable,
o dejar que los muertos en vida te devoren.
Significa propiciar el fuego de la vida donde no lo había,
aun cuando sólo fuera en la blancura de un pañuelo lavado.

Parece de póster, ¿no? Sin embargo, nadie lo reconoció. Además, la lectura del título de los poemas (los otros fueron “Democracia” e “Higos”) implicaba que había que saber a qué libro pertenecían. Ahí ya se me hacía imposible. El autor, en la punta de la lengua, pero abajo. El libro, inextricable.
Al clausurar la lectura Hugo se preguntó y preguntó en voz alta “¿Qué hacemos?”. Amagó con leer durante cinco minutos más algunos otros poemas, pero después cruzó miradas con la Baldessari, ella se acercó, tuvieron un breve conciliábulo, y entonces ella le alcanzó otro libro forrado. Se había resuelto leer otros cinco minutos, pero de una novela. Del mismo esquivo autor, claro. Me hizo acordar de la noche de Juan Martini en el Parrafus radial, cuando, sobre la marcha, se pasó de una novela a otra del autor rosarino. Aquella vez, cuando faltaban segundos para la una de la mañana, María Suárez reconoció el segundo título. Esta vez no pasó lo mismo.
Con entonación irónica cuando reiteradamente omitía un apellido, Hugo leyó hasta que Lucas otra vez le marcó el tope de su cronómetro. Entonces dijo “no va más”. Elevó la mirada al cielo mientras unía las palmas y murmuraba un “Ommm” tranquilizador, convocó a Hernán nuevamente al escenario, pidiéndole que lo saque de ese mal momento y, cuando dejaba el libro sobre el atril, se escuchó otra vez a la lectora invitada, la Pecoraro, que reclamaba: “Pero… ¿no lo vas a decir?”.
Entre Hugo y Adriana le explicaron que no, que cuando la lectura no era reconocida, quedaba incógnita. Se leería a ese autor en otra ocasión. Pero entonces, no sé cómo, nuestro conductor volvió a dirigirse al público y preguntó si no había alguna idea de la palabra que se omitía o de la nacionalidad del autor, por lo menos. Ahí fue que Roberto Saiz, el Volatinero profe de teatro, afirmó que el autor sería inglés. Y que lo que se omitía parecía ser un apellido. “Y además anda por ahí un título honorífico…”, empujó Hugo. Ahí caí. “¿El autor es D.H. Lawrence?”, pregunté en voz baja primero y en el micrófono después. “¡Sí!”, estalló Hugo, “¿Y la novela es…” “’El amante de Lady Chatterley’”, afirmé, y así era.
Es extraño que no la haya reconocido por su primera frase. “La nuestra es una época esencialmente trágica, así que nos negamos a tomarla por lo trágicio.” Sé que la hojeé en una librería, antes de que Lawrence apareciera en Parrafus (con "Mujeres enamoradas"), cuando me dije que un clásico como aquel podría leerse algún día. Por lo que tienen de aforístico, aquellas palabras podrían haberme quedado en la cabeza. Pero no fue así. Aquel entrenamiento de selección y memorización que en cierto momento inicié para seguir triunfando (sugerido por una idea de Quique Figueroa) no siempre funciona.
Funcionó, sí, en la siguiente lectura, cuando sólo se leyeron once segundos antes de que reconociera la primera frase de la novela. Y recuerdo que mientras respondía se me ocurrió hacer algún comentario irónico, tipo “después de nombrar al autor voy a tener que pasar al baño, para lavarme la boca”, pero no dije nada. La novela era “La cruz invertida”, del cordobés, en el interior, a la derecha, Marcos Aguinis, a quien después Hugo no se privó de darle con un merecido caño.
Lo que nunca pude entender es por qué el primer poema de Lawrence me sonó tan cercano. Lo conocía, pero de hace muchos años. Misterios de la memoria, “porosa para el olvido”.

continuará

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Encuentro en septiembre (5) La chacarera (¡completa!)

A estas alturas, no me acuerdo en qué momento del encuentro actuó Hernán Gugliotella, el juglar humorista.
Como se habrá visto, este mes se me hace cuesta arriba la prolija continuidad de esta crónica. Lisa y llanamente, me falta tiempo. El Fulanito es más exigente (como suele decirse) semana a semana, y absorbe casi todo mi tiempo libre, aunque es mucho, y mucha de mi cuarentona energía. Pero no me quejo; creo que es lo más adecuado estar todo lo presente que se pueda en su crecimiento y desarrollo. Lástima que, por el trabajo, la salud y otras actividades de Cristina, me sienta cada vez más como una especie de padre soltero.
El hecho es que no puedo precisar si Hernán subió al escenario después de la segunda o la tercera lectura. Pero ahí estuvo, como número musical invitado, en número de uno, el dúo unipersonal Los Delache. Y comenzó su minirecital agradeciendo a Hugo, por la invitación, y a quien esto escribe por los elogios expresados en el Blog, que quizá propiciaron su presencia. Además, destacó que su primera canción, la extraordinaria “El crecer del ser terrestre”, iba dedicada a mí.
Fue durante esta interpretación que vi a una dama del público filmando con su cámara de fotos; era la amiga de Paula Nigro. Desafortunadamente, esta filmación no salió. Mi cámara, en tanto, se había negado a encenderse, lo que me hizo pensar que la había llevado con las pilas descargadas. Pero después se me ocurrió volver a intentar, prendió y pude grabar la lectura de Susú Pecoraro y la segunda presencia en el escenario de Hernán. Sin embargo, el satírico, cerebral tango que cantó no me gustó tanto (como te digo una cosa te digo la otra); pensé que el segmento de la crónica donde lo incluyera llevaría como título el de una novela de un autor uruguayo que todavía no apareció en Parrafus: “Tango para intelectuales”. Pero recordé que Hernán presentó aquel tema como parte de un espectáculo integral que prepara, así que, después de consultarlo, decidí no hacerlo público aquí. De todos modos, a vuelta de correo conocí algunas promisorias novedades de su actividad artística (que todos pueden averiguar en www.losdelache.com.ar) y supe también que ya podía bajar de Youtube lo siguiente…



Esta es la chacarera “El crecer del ser terrestre”, tomada del piloto de "Humoris causa" que Hernán y su equipo prepararon hace unos años para la televisión. ¿No parece extraordinario? ¿No se hubiera merecido una oportunidad en algún canal, a la par de los Franchela o de los ¡Miguel Angel Rodriguez!? ¿No se hacen encima de risa al ver a esa chica con delantal? ¡Por dios y la virgen!
¡Grande, Hernán!
¡Bravo!
¡Bravo!
¡Bravo!

martes, 21 de septiembre de 2010

De apoliyo en el teatro

¿De tal palo...? A juzgar por las siguientes imágenes, el Fulanito amaga internarse en la fangosa laguna cultural que siempre bañó a su padre. ¿No le gusta el teatro? Bueno, no es para desesperar. Era su primera visita y, además, las cuatro de la tarde es la hora de su siesta. Pero, ¡qué bochorno! Vean. Se trata de lo vivido el pasado sábado en el Coliseo de Lomas de Zamora, durante el espectáculo "En el país del no me acuerdo".


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Huguito y Varelita



Varios oyentes llamaron y le preguntaron por Parrafus Interruptus a Hugo durante la charla con Adriana Varela. Este eco de la visita de nuestro conductor a la AM 750 justifica, creo, que me aparte una vez más del asunto central del Blog y comente ese encuentro.

¡Qué hija de puta! Desde el principio, cuando lo presentó en el arranque mismo del programa, la Varela anticipó que se iba a mear de risa con su invitado. ¡Y de verdad que lo pasó bien la chanchona!

Empezó recordando los tiempos en que Hugo, en la sección Espectáculos de Humor, no quería a nadie. Era malo-malo, parece, y en su sección repartía palo y palo a diestra y siniestra. Adriana se refería sobre todo, me parece, a los años del proceso, cuando realmente no había mucho de bueno para comentar. Ni en cine, ni en teatro, ni en la tele. Más adelante, con la democracia desperezándose, el filoso crítico empezó a suavizarse, contó la conductora. Hugo lo ratificó. Aquel reverdecer cultural le inoculó algo de escolar, dijo, un algo bienintencionado, esperanzador, pedagógico, y se volvió ‘bueno’. Recordó algo que una vez le escuchó a Jorge Schussheim: “Hugo Paredero, el ex niño terrible”, lo llamó. Y aquello, en ese momento, le cayó para el culo.

En este punto debo interrumpir con una de mis clásicas y antipáticas intromisiones personales en el relato. Es el momento de decir que yo (y me acuerdo de Alesteir Crowley, el mago inglés, “el hombre más malo del mundo”, que cada vez que se le escapaba la palabra ‘yo’ se hacía un corte en el brazo), yo compré un solo número de Humor, nuevo, en el kiosko. (Algún día voy a contar cuál y por qué.) Los demás ejemplares que tengo, unos 30 o 35, los conseguía de segunda mano en Parque Rivadavia, cuando tenían dos o tres o más años de antigüedad, y todos de la década del `80. Me gustaba leerla así, cuando hablaba de cosas viejas -publicidades caducas, espectáculos olvidados, gente muerta-, y a más bajo precio, claro, cosa de 3 X 10 $... También, ahora me acuerdo, más adelante, en los primeros años menemistas, me robé algunos de la casa de Pablo Graciani, que no sé cómo llegaban allí –las traería del trabajo o las compraría algún otro de sus asilados. Sin embargo, no puedo jactarme de haber pertenecido a la legión de lectores de Humor, así que un poco me perdí aquella gesta mítica de la publicación.

Pero la Varela, que tendrá unos años más que yo –y tendría mejores posibilidades monetarias-, empezó la charla con aquel tema, el inevitable. Hugo siempre dice que él quedó como casado con la revista, y es Hugo Paredero de Humor.

Otra cosa que contó de aquellos tiempos es que él no hacía trabajo de redacción. Es decir, escribía en su casa, cómodo, tranquilo, y sólo iba a la revista para llevar sus cosas. Pero iba generalmente a la hora de comer, y se juntaba con todo el grupete en almuerzos o cenas de larga sobremesa.

Inevitablemente, también, se mencionó a la revista Barcelona. Anfitriona e invitado estuvieron de acuerdo en que ésta es quizá equivalente a Humor en algunos aspectos, pero muy otra cosa. Personalmente, creo que ahora todo es más fácil, en el sentido de que todo está permitido (y casi todo está dicho), mientras que en los años de Humor, sobre todo en los primeros, había que ser muy inteligente o muy corajudo para decir ciertas cosas.

Entre los llamados que reclamaron su vuelta con “el programa de la noche que incitaba a leer”, se destacó el de Ana, de Pilar. Esta oyente mencionó el libro de un periodista de aquella zona, Alejandro Lafourcade, dedicado a la revista Humor. “Los irresponsables”, se llama, y sabe dios que siempre me pregunté por qué nadie había escrito nada sobre aquel hito cívico y editorial. Parece que Tomás Sanz estuvo en la presentación, realizada en noviembre pasado, así que debe tratarse de una historia seria, si la respaldó el querible ex jefe de redacción. Primera noticia que tengo de este libro, y voy a ver si lo consigo. Lo que había visto hace unos años era algo como un álbum recopilatorio, que se vendía en una cadena de disquerías, pero cuando lo hojeé no me interesó.

También se recordó, a partir de otro llamado, una nota de Hugo en contra de Gardel. “¿Todavía odiás a Gardel?”, preguntó el oyente. Hugo dijo que no tanto, ya, y contó que aquella opinión suya se refería a la dictadura que sobre los cantores posteriores, o sobre el tango en general, había ejercido la figura de Carlitos, o sus idólatras. En esto, Adriana estuvo de acuerdo, pero antes, al escuchar el mensaje, la Gata se desgañitó en otra de sus carcajadas, y dijo: “¿Vieron que era malo?”.

Se habló también de la experiencia televisiva que compartió con Horacio Del Prado, en 1985, con el programa pionero en esto de ocuparse de la misma televisión. No recuerdo haberlo visto jamás, pero supongo que habrá sido distinto a lo que hoy se estila tanto, y que tanto me disgusta. Es más, que me indigna. No lo digo sólo por los programas rialistas o canosos, sino también por TVR o Zapping. De estos últimos, no me gusta lo que tienen de policíacos. Me imagino un montón de empleados examinando archivos en busca de lapsus o contradicciones de artistas y políticos, para después ponerlos en evidencia en la pantalla. Pero, ¿evidencia de qué? Y esos empleados (o los que después seleccionan el material para elaborar esos productos), ¿no se contradicen nunca? Y, ¿ejemplo de qué quieren ser? Me acuerdo de una frase del loco Nietzche: “Y hay otros que dicen que es necesaria la virtud, pero en el fondo solo creen que es necesaria la policía”.

De su trabajo en radio Hugo declaró que siempre fue libre, y que le resultaría imposible llevar a la televisión un programa como “Por amor al arte”, un espacio de tranquilas charlas con invitados elegidos sin condicionamientos. En la televisión, ya hace tiempo, se abrieron las compuertas, se habilitó el derrame y hoy aquello hiede. Y ni hablar de Parrafus TV, por supuesto.

Por cierto, la Varela, como pancha por su casa, le preguntó a Hugo que le parecería la AM 750 para volver a la radio. “¿Te gusta el lugar? Acá vivió Belgrano…”, dijo, y volvió a reírse.

Algo que conocimos sobre nuestro conductor a través de esta charla es la música que más escucha. Preguntado al respecto, mencionó el tango, mencionó la música clásica, pero, al afinar la respuesta, habló de chanssonieres franceses y de Mina. Con razón tanto Charles Trenet y tanta Mina ilustrando musicalmente las lecturas de Parrafus, pensé. Ahora, cuando Adriana le esbozó una situación como el retorno a su hogar, el vuelo de los zapatos y el reposo en un sillón con un vaso o una copa de algo rico en la mano, y preguntó que escucharía entonces, Hugo sorprendió respondiendo: “Marley”. “Bob”, agregó, y provocó con esta precisión otra chorreada de risa de la conductora. Bob Marley, reggae… Se ve que el tipo se imaginó también con algo para fumar entre los dedos…

Pero, por supuesto, la entrevista de la Varela se ocupó centralmente del último libro de Hugo. Ahí, entresacando anécdotas de la biografía de Guinzburg, fue que ella, tal como anticipara, se meó y cagó de risa. Sobre esto no abundo porque ya todos los lectores habrán comprado el libro (¿no salió primero entre los más vendidos en la sección “No ficción” de ADN?) y habrán disfrutado de sus historias.

Y la charla terminó con mutuas protestas de amor, declaraciones de admiración, invitaciones cruzadas (“Pasá cuando quieras lavarte el pelo”, dijo Adriana) y más risas y felicidad y contentura y amistad.

¡Qué envidia, Hugo!

Felicidades y gracias a los dos. Valió la pena desechar la siesta…

sábado, 18 de septiembre de 2010

Encuentro en septiembre (4): Nueva ganadora




Así es, Hugo. Una vez más, el juego no salió. Ni la histriónica lectora pudo con la anemia rememorativa del público. Esa noche parecíamos necesitar algún energizante.
Pero, animados a arriesgar, yo tiré Charles Bukowski y López Motta lanzó Raymond Carver.
Para ese intento, me basé en la palabra de cuatro sílabas que se omitió reiteradamente durante la lectura. Pensé en la palabra ‘cañerías’ y en el título “Música de cañerías”. Aunque, en realidad, no suena muy razonable vender cañerías puerta a puerta. (Sin embargo, tuve una amiga que vendía así planes para la instalación de gas natural, lo que implicaba el posterior trabajo de los cañeros.) Además, no sé si ese libro de Bukowski es de cuentos o de poesía. Pero tiré, por tirar algo. Y erré, por supuesto. Roberto, en cambio, más atento al estilo y al asunto, acertó con Carver, el cronista de los dramas cotidianos, domésticos, quizá anodinos de la clase menos favorecida de Norteamérica.
Pero, ¿y el título de aquello? De eso, ni idea. Ni Roberto, ni yo, ni los demás. Hugo, entonces, ya resignado al papel de salvador, preguntó algo así como: “¿Qué se toma cuando uno anda débil, flojo…anémico, necesitado de energía?” “Vitaminas”, dijo una vocecita desde un extremo de la primera fila. “Sííííííí”, suspiró nuestro conductor, “el cuento es ‘Vitaminas’, de Raymond Carver. Pero, ¿a quién damos como ganador?” No pude menos que acompañar esa disyuntiva. “¿A Roberto, que acertó el autor, o a la señorita, que dijo el título?”, prosiguió Hugo, “¿O a ninguno?” Se volvió hacia Susú, que se encogió de hombros. “Ah, yo no sé”, se excusó ella, “yo leí como me dijiste…” A mi lado, Roberto murmuró, mirando los perfiles de la primera fila: “No, a la dama, a la dama…”, o algo así. “¿Cómo dice, Roberto? ¿Para la señorita? ¿Tenemos una ganadora nueva, entonces? A ver, si se quiere acercar…”
Y así subió al escenario una joven sonriente, contenta, de buen ver -es decir, delgada (1)-, que se presentó como Paula Nigro. Ella es licenciada en ciencias de la educación y profesora. No recuerdo si dijo 33 o 36 años. Una juvenil treinteañera, digamos. Es oriunda de Catamarca, pero está en Buenos Aires desde niña. No especificó barrio o localidad. Preguntada por cómo fue que se acercó al encuentro, primero vaciló, “¿Pasabas por acá y viste luz?”, arriesgó Hugo, y luego confesó que en realidad había ido a ver el espectáculo de Luisa Kuliok, que cambió de día. Pero esa afición por “La mesita de luz” la revelaba también como lectora, así que Hugo le preguntó qué estaba leyendo.
¡Para qué! Entonces Paula mencionó un libro llamado “El poder del ahora”, que hizo respingar a la Pecoraro, quien ya había vuelto a su asiento. Así que asistimos a un admirativo intercambio entre la platea y el escenario acerca de las maravillas de aquello. “¿Autoayuda, quizá?”, sugirió Hugo, cuando pudo intervenir. Pero Paula lo corrigió tenazmente, entronizando superlativamente las características de aquel libro y de su autor, Eckart Tolle. También lo relacionó, mediante unos conceptos que yo no podría reproducir, con su especialidad profesional, la educación, y aprovechó para contar que trabaja en un proyecto que busca transformar el paradigma educacional vigente, o algo así. Si no entendí tan mal, le digo que para eso puede contar con todo el aliento de alguien que se aburría en la primaria (según descubrió mucho después una de mis psicólogas del `98 *) y por eso no quiso seguir estudiando. Por si alguien se interesaba en esas cuestiones y quería hacer algún aporte, Paula, animada por Hugo, dijo su dirección de mail. Un par de días después, cuando empecé a pergeñar esta crónica, le escribí para preguntarle si podría conseguirme la filmación que la chica que la acompañaba había hecho de la actuación de Hernán Gugliotella. Me respondió que, por desgracia, la camarita había fallado y no le grabó nada.
Paula recibió como premio por su triunfo el libro de Carver “Vidas cruzadas”.


(1)Metamensaje para

(2) Metamensaje de

martes, 14 de septiembre de 2010

Gacetilla oficial del evento














Y sólo resta desear buena suerte, cómoda estadía y sabroso pescado a nuestro conductor.
¡Pero volvé para el 6 de octubre, Hugo!

lunes, 13 de septiembre de 2010

Encuentro en septiembre (3): Leyente invitada

En el segundo juego, Roberto López Motta, por supuesto, no actuó con mi suficiencia. Dejó que Hugo agotara los cinco minutos de lectura de la pieza teatral y sólo entonces, cuando el leyente preguntó si alguien tenía alguna idea del título o el autor, dijo que sabía que era una obra de Griselda Gambaro. No había querido interrumpir porque no podía recordar el título.
Hugo, con el nombre de la autora ya pronunciado, volvió a dirigirse al público. Nadie atinó a decir ni pío. Por mi parte, sólo recordé “El campo” y “Los siameses”, pero, todavía abochornado por el triste triunfo anterior, no quise arriesgar. Entonces, ante ese silencio general, nuestro conductor, piadoso y ecuánime, reiteró el recurso de la ayuda. No recuerdo exactamente la frase que improvisó, pero dijo que el título incógnito podía escucharse si se agregaba una vocal a una palabra de, por ejemplo, “Qué triste destino”. López Motta “leyó” inmediatamente y respondió: “El desatino”.
En el escenario, tras recibir como premio el tomo IV del teatro de la Gambaro que editó De La Flor, el hombre de Sarandí recordó que también había ganado con esta autora cuando fuera leída en la radio. En aquella ocasión la obra fue “La malasangre”.

Fueron, así, dos juegos atípicos en el comienzo de la noche: en el primero, yo interrumpí a los `4 “58, pero sólo acerté el autor, y en el segundo se leyeron enteros los cinco minutos que establecen las reglas del Parrafus en vivo. Un lance imperfecto, como los que antaño tantas veces me llevaron al teléfono, y un Ininterruptus hecho y derecho. Para el tercero creo que muchos depositamos toda la confianza en la frase hecha (“la tercera es la vencida”) y en la lectora invitada, la bella Susú Pecoraro. Pero vean cómo empezó la cosa.



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continuará

H.P. en Rosario

Sin intención ninguna de generar confusión en los lectores, quiero hoy, brevemente, continuar con la difusión de las actividades de nuestro conductor.
No se piense, por favor, que esta página dedicada a Parrafus Interruptus quiere convertirse en una agenda pública de Hugo Paredero. Pero, creo, puede interesar y resultar estimulante para los compañeros oyentes de Rosario (recuerdo a Adriana González, a Alberto Lagunas, a Pablo Graciani) saber que esta semana Hugo presenta su biografía de Jorge Guinzburg en aquella ciudad.
En efecto, “Jorge Guinzburg – La inteligencia rebelde”, editado recientemente por Capital Intelectual, tendrá su presentación en Rosario este miércoles, 15 de septiembre. El acto tendrá lugar en la tradicional librería Ross, ubicada en calle Córdoba 1347, a partir de las 19.30, acompañará al autor el periodista Roberto Caferra, y deseamos que tenga mucho éxito. Y quién te dice que, si los Parrafistas rosarinos o de localidades cercanas se hacen presentes, no se juegan un Parrafus al paso, como para despuntar el vicio…

domingo, 12 de septiembre de 2010

HPNAM 750 o Cita en la radio


De cuatro a cinco de la tarde, si estoy de franco (lunes a miércoles), estoy durmiendo la siesta con el Fulanito. Si, en cambio, es día laboral, me estoy levantando para aprontarme (almorzomerendar y ducharse) y salir. En este último caso, a veces me acompaño un rato con la radio; también si la siesta fue más temprana y me levanté antes. Pero, la verdad, no sigo fielmente el programa de Adriana Varela en la AM 750, “Acheto, no”, de lunes a viernes a las 16.00.
Sin embargo, por lo que alcanzo a escuchar, me sorprende la Varela con su aparición en radio. Creo que es su debut, y me está gustando mucho como desprejuiciada conductora –o liberal anfitriona- e inagotable charlista –más que entrevistadora. Como cantante no me era indiferente (aunque yo soy hincha de Soledad Villamil), pero ahora, en tanto promisoria mujer de radio, me estoy dejando seducir por la Gata. Es posible que próximamente suspenda mis siestas para pasarlas con ella. En principio, lo haré este martes, porque el invitado será nada más y nada menos que....
Me enteré el miércoles pasado, de casualidad… Escuchaba “Acheto, no” a medias atento a la radio, a medias a la Internet, a medias a la salpicona merienda de Esteban, cuando por ahí me salta al oído un nombre conocido –por no decir ‘amigo’. Pongo toda mi atención y escucho que la Varela le está contando a su joven locutora (Marisú Papaleo) que, en los años de la dictadura, la revista Humor fue un oasis de resistencia cultural, y que era un placer recorrer la sección de espectáculos, donde se destacaban los irónicos comentarios de Hugo Paredero, y que tiene muchas ganas de charlar con él. No sé a qué venía ese recuerdo, pero en eso la conductora se dirige a alguien de la producción para preguntarle cuándo está invitado Hugo...
-¡Hugo en AM 750 II! -me exclamo.
… y le responden que el martes, y ella, feliz de la cita, así lo anticipa. Y yo lo escucho alborozado, y aquí, orgulloso de la primicia, así lo anuncio.
Martes 14, 16.00 hs: Hugo Paredero con Adriana Varela en AM 750.
Si te lo perdés, ¡andá a cantarle a Nelly Omar!

sábado, 11 de septiembre de 2010

Encuentro en septiembre (2): Epistolario y W.

DE MI EPISTOLARIO

M:

En el principio de la primera lectura había un viaje por una carretera francesa. Me hizo pensar en la ruta 3 y el viaje que en agosto te trajo hasta nosotros.
En el escenario, que aquella vez pisamos juntos, ahora había un parche de césped, de un metro de lado, con un girasol petisito erguido en un ángulo. No sé si lo habrá pedido Hugo o si sería parte de una decorado ajeno, pero es seguro que ese augurio de primavera no alcanzó a neutralizar los efectos de la sudestada.
Como conté en el Blog, el mal tiempo que duraba desde el lunes a lo mejor impidió que fuera más gente. Contando a Susu Pecoraro y a Hernan Gugliotella, ubicados en la primera fila, éramos trece. Tal vez por eso, por ese número, la cosa no anduvo bien.
En el principio, entonces, una pareja buscaba un castillo para alojarse. Hugo leía y leía. La morosa descripción de ese solitario o casi solitario tránsito por la ruta se estiraba y estiraba. A los dos minutos, o algo más, se omitió una palabra de tres sílabas. Después, en medio de las cansinas reflexiones del narrador, se menciona “un refrán checo”. Ahí ya pensé en el autor que vos también, seguro, hubieras sospechado. Un poco más adelante, otra vez la omisión; por el contexto, parecía la misma palabra. Una palabra que parecía expresar oposición al palabrero relato. Algo así como: “En estos tiempos se ha perdido el encanto de la hm-hm-hm”. Digo ‘morosa’, ‘cansina’, ‘palabrera’, pero a lo mejor la ansiedad, la vorágine mental, la adrenalina del juego es lo que me hacía tomar así una narración tersa y precisa. Cuestión que allá por los cuatro minutos aparto los ojos de Hugo y miro a mi alrededor; quería ver si había alguien que pareciera paladear el título, como yo paladeaba, ya casi seguro, el nombre del autor. Todos seguían con atención la lectura, pero nadie daba muestras de esbozar una respuesta. Mire a Lucas, el cronometrista. El fijó la mirada en su reloj o celular. Supe que el tiempo se acababa. Me pareció una pena que los cinco minutos se cumplieran y ni siquiera hubiera un lance. Me acordé de cómo quise animarte con una mirada, la vez pasada, para que arriesgaras, y así me animé para levantar una mano y exclamar: “Basta para mí”. Adriana se apresuró a alcanzarme el micrófono. Yo me apresuré a decir que solamente iba a arriesgar un nombre. Hugo me dijo que lo haga. “Milan Kundera”, digo. “¡Sí!”, responde él. Entonces, acelerado por el acierto, agrego con suficiencia: “Entonces la novela es ‘La insoportable levedad del ser’”. “No, no es ‘La insoportable levedad del ser’”, rechaza Hugo. Eché la cabeza hacia atrás, abrí grandes los ojos, dejé colgar la mano con el micrófono. No leí la novela, pero el autor, más la palabra de tres sílabas –que podía ser ‘levedad’- me daban aquel título que hizo famoso al checo. La incredulidad por esta gafe me impidió rememorar otras novelas. Hugo se dirigió al público, esperando algún nuevo lance. Entonces, ante ese silencio, sucedió lo inesperado.
¿Te acordás que en el primer encuentro, cuando falló la lectura del primer cuento de Fontanarrosa, una mujer pidió alguna pista? Hugo se mantuvo firme y recordó que en Parrafus no hay pistas. Ahora tampoco dio pistas, pero, cuando fue evidente que nadie sabía la respuesta correcta, tras aclarar que el juego quedaba vacante, que no habría premio, como exaltado o sin pensarlo, preguntó: “¿Qué decimos cuando uno camina así? ¿Que anda cómo?”, e hizo la pantomima de una marcha exangüe. Entonces caí. “La lentitud”, dije en voz baja. Pero Adriana me escuchó. “Acá, acá, Hugo...”, llamó, y me instó a repetirlo en el micrófono. Después, cuando Hugo aprobó alzando los ojos al techo, ella pidió que se entregara el premio. “Dale, Hugo, hace frío”, justificó. Nuestro conductor accedió y me llamó al escenario. Igual que en agosto, me presentó como el mayor ganador del ciclo radial y creador del Blog, y me llamó “el abanderado”. Igual que en el Blog, dije que no me gustaba tanto esa denominación, por lo que tiene de institucional, pero, agregué, me gustaría más si me acompañaran mis dos escoltas. Hugo preguntó quiénes deberían ser mis escoltas. “Verónica Cornejo y María Suárez”, respondí. Estuve bien, ¿no te parece? Nombré a la segunda y a la tercera mayores ganadoras. Que no estaban, claro. Igual que vos. Después recibí como premio otra novela de Kundera: “La identidad”.
(...)
... pero otro día te sigo contando.
Un beso.
Chau.

Marcelo

DE LA WIKIPEDIA

Milan Kundera: Escritor checo nacionalizado francés. Cursó estudios en el Carolinum de Praga y dio clases de historia del cine en la Academia de Música y Arte Dramático desde 1959 a 1969, y posteriormente en el Instituto de Estudios Cinematográficos de Praga.
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, se afilió al partido comunista, y fue expulsado tras los sucesos de 1948.
Impartió clases de historia del cine en la Academia de Música y Arte Dramático desde 1959 a 1969, y algún tiempo después en el Instituto de Estudios Cinematográficos también de Praga. Además trabajó como jornalero y fue músico de jazz.
Sus primeras novelas, entre las que se encuentran La broma (1965) y El libro de los amores ridículos (1968) critican de manera irónica al modelo de sociedad comunista.
La broma obtuvo el premio de la Unión de Escritores Checoslovacos. Fue traducido a doce idiomas, y grandes personalidades del mundo intelectual opinaron sobre sus escritos. Así lo hizo el célebre Jean Paul Sartre: "La pregunta que plantea Kundera es sumamente radical: ¿Porqué deberíamos amar a las demás personas?. Sí, ¿Porqué?. Tal vez podremos responder a esta pregunta algún día, tal vez nunca."
La broma es un relato de amor, confusiones, infidelidades, y un personaje que se burla de la triste historia de mitad de siglo en Europa, y pretende recuperar el humor de la gente por medio de una gran premeditada broma.
Tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968, se vio en el paro y con todas sus obras prohibidas y sus libros fueron retirados de la circulación.
En 1975 tuvo que exiliarse en Francia, donde trabajó como profesor de literatura comparada en la Universidad de Rennes (1975-1980), y más tarde en la École des Hautes Études de París.
Entre sus obras posteriores destacan El libro de la risa y el olvido (1978) —unas memorias que provocaron la revocación de su ciudadanía checa en 1979—, y dos novelas, La insoportable levedad del ser (1984) e Inmortalidad (1990). La primera, un excelente relato de una historia de amor en medio de la represión y la burocracia, fue llevada al cine con éxito y se ha convertido en un texto clave de la historia de la disidencia en el este de Europa, situando a su autor entre los principales escritores del continente.
Ha escrito también una obra de teatro, Jacques y su amo (1981), y algunos ensayos.
Sus novelas se sitúan a medio camino entre la ficción y el ensayo, y hacen uso frecuente de la ironía, la presencia de diversas voces narrativas, la confusión entre elementos reales y ficticios y la digresión.
En ellas el autor se enfrenta a sus propios fantasmas personales, el totalitarismo y el exilio, al tiempo que ahonda en los grandes temas de la libertad y la eticidad desde un profundo desengaño, a veces difícil de percibir tras su estilo aparentemente ligero y amable.
Un encuentro (2009), nos da a conocer a un Kundera, en cierto modo, inédito. En efecto, aunque el autor reflexione, como confiesa al principio del libro, sobre sus «viejos temas existenciales y estéticos», lo cierto es que en este apasionado -y apasionante- «encuentro» con algunas obras maestras de la literatura, la música y la pintura, el escritor checo aborda cuestiones hasta ahora poco o nada transitadas en sus libros anteriores.

Obras escogidas:

• La broma (1965)
• El libro de los amores ridículos (1968)
• La vida esta en otra parte (1969)
• La despedida (1975)
• El libro de la risa y el olvido (1978)
• Jacques y su amo (1981)
• La insoportable levedad del ser (1984)
• El arte de la novela (1986)
• La inmortalidad (1990)
• La lentitud (1994)
• Los testamentos traicionados (1995)
• La identidad (1996)
• La Ignorancia (2000)
• El Telón: Ensayo En Siete Partes (2005)
• Un encuentro (2009)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Recomendaciones

AM 750

Sábados y domingos a las diez de la noche: “Señores y señores”- Jorge Schussheim

Lunes a las once de la noche: “Contrapunto” - José Pablo Feinmann

Sábados a las ocho de la mañana: “Museo de la novela eterna” – Pablo García, Gabriela Borreli Azara

Jueves a las once de la noche: “El juguete rabioso” – Ricardo Ragendorfer

Lunes a viernes a las dos de la tarde: “Rebeldes, soñadores y fugitivos” - Eduardo Fabregas

Lunes a viernes a las cuatro de la tarde: “Aceto, no” - Adriana Varela

Lunes a viernes a las cinco de la tarde: “Días como flechas” - Pancho Muñoz, Tato Contiza, Martín Granowsky

Hugo en el sur

Antes de seguir con la reseña del Parrafus de septiembre en Caras y Caretas, es menester dar cuenta de otras presentaciones del espectáculo.
Espectáculo, actividad, jornada, encuentro, o como quiera llamárselo, la creación de Hugo Paredero, que naciera para la radio, va camino de convertirse en algo más.
Recuerdo ahora lo que anunciara en Nacional en algún momento del año pasado (¿o fue en el 2008?), y que, por olvido, negligencia o desidia, fue pasado por alto en este Blog. Invitado por las autoridades, Hugo llevó el juego a diversos institutos penales de la provincia de Buenos Aires. A juzgar por la felicidad con la que después nos habló de ello, esos encuentros fueron todo un éxito.
Ahora, el pasado jueves 2, nuestro conductor presentó su libro sobre Jorge Guinzburg en el colegio María Elena Walsh, de Florencio Varela. Por lo que escribió en el epígrafe de la fotografía, se conoce que Hugo aprovechó la oportunidad para echarse un Parrafito con los pibes.




















"Al cabo de jugar un exitoso PI en el cole María Elena Walsh de Florencio Varela con las azulcelestes palomitas parrafistas, 14/15 años. Unos campeones."


Y para anticiparme a la posibilidad de un renovado olvido, anuncio ya mismo que el próximo sábado 9 de octubre, la presentación de “Jorge Guinzburg – La inteligencia rebelde” tendrá lugar en la Feria del Libro de Berazategui, a realizarse en el Centro de Actividades “Roberto De Vicenzo”, calle 148 y 18. Allí, asimismo, una de las salas recibirá el nombre del recordado periodista y conductor.
Felicitamos a Hugo por esta ininterrumpida recorrida de su obra –libro y espectáculo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Encuentro en septiembre (1): Homenaje



Si la noche hubiera empezado con la Poesía, podría escribir que el primer poema (“Somos transmisores”) enlazaba cabalmente con el homenaje que Hugo hizo en el inicio a su tocayo Guerrero Marthineitz, el Sumo Transmisor de la radiotelefonía argentina. Pero el primer juego fue, triste y muy lentamente, con Novela.
De todos modos, corresponde iniciar esta reseña del Parrafus en vivo de septiembre con la mención de este recuerdo al “peruano parlanchín”. A tal efecto, me tomé el atrevimiento de pedirle a Adriana Baldessari, coordinadora del encuentro y auténtica protagonista del homenaje, que me autorizara la publicación del poema que leyó esa noche. Ella, en sus inicios en radio, trabajó con Guerrero Marthineitz y llegó a conocerlo mucho. Es persona adecuada para hacer oír su voz, y subió al escenario para leernos lo que sigue:

DE GATOS Y DESPEDIDA


Hoy leí tus versos por primera vez
y todavía no hace un mes
desde que en el
Hospital de Clínicas
te declararon muerto.
En la cama catorce, piso diez.

Tu libro ilustrado por mi padre
que te vi escribir
en papel amarillo
en la máquina eléctrica
encerrado en tu estudio
hace ya tantos años.


Treinta y cuatro
calculo, por tu dedicatoria
que señala:
octubre del setenta y seis
con cierto enojo
porque ingrata
con sólo veintiseis
cargada de experiencias compartidas
empezaba otra historia.

No sabía que te gustaban los gatos
yo tengo dos siameses
tan amados
que siento que te hubiera hecho bien
tal vez, reconfortado
en tu sola tristeza
un peludo ronroneo
con tibieza.

Cumpliste ochenta y seis
agosto once
yo deseaba ir a a verte
y tuve miedo.
Llamé, averigüé el horario
de visita
esperé una semana
mas tres días
y justo el veintiuno
te nos fuiste.

Esta , mi despedida
está llena de números y fechas
porque dijiste, dijimos, te dijeron
millones de palabras
que al final no sirvieron
ni para darte abrigo
ni comida, ni techo
ni una caricia tierna
junto al lecho.


Vos, que lo diste todo
que fuiste generoso con tus hijos,
con todos los que amaste y te olvidaron
con tu madre que trajiste de Lima
y caminaba descalza por el borde
por no pisar la alfombra
y no quiso quedarse
a compartir el “ lujo”
del triunfo de un peruano
en Buenos Aires.

Yo se mucho de vos, yo te conozco
sólo desconocía
esa atracción literaria hacia los gatos
porque nunca tuviste una mascota.
Tarde lo descubrí ,a menos de un mes
de tu partida
leyendo tu libro de poesías.
Que descanses en paz. Hugo, te quiero.

Adriana Baldessari
1/9/2010

Adriana había escrito estos versos esa mañana, después de leer el libro del peruano que Hugo nos mostró al comienzo del encuentro: "Del Hastío, los Gatos y los Días", publicado por Losada en 1976, con portada de Silvio Baldessari.
Ahora, para matizar este comienzo solemne, diré que la Baldessari, según escuché casualmente el sábado en “Reunión cumbre”, el programa de Carlos Ulanovsky en Nacional, es autora de tangos en dupla con el maestro Malvicino. Esto lo contó su esposo, uno de los invitados de Ula, un importante locutor de nuestro medio, cuyo nombre, por discreción, prefiero no mencionar. Pero sépase que este sorprendente parentesco, por así decir, más la noticia sobre los tangos, me ilumina respecto al extraño presagio o reminiscencia que me hizo caracterizarla con algo de nocturno o tabacal la vez pasada.
Y para los que no estuvieron presentes y también esta vez se perdieron el espectáculo, agrego que Adriana lucía unos zapatos rojos, brillantes y puntiagudos, que harían las delicias del fetichista más travieso o atrevido.

Continuará

lunes, 6 de septiembre de 2010

Memoria del adiós

Hace unos días me acordé de un artículo del doctor Freud llamado “El block maravilloso”. Lo busqué cuando fui a lo de mi vieja (allá quedó mi biblioteca psicoanalítica) y me apliqué a releerlo. Con vistas a algún chascarrillo o retruécano, quería ver si algo de su asunto podría aplicarse a este moderno soporte tecnológico llamado blog.
Recordaba vagamente que el título aludía a un dispositivo para escritura que se lanzara al mercado allá a principios del siglo XX. El inventor pretendía combinar la conservación del texto que permite la hoja de papel con la posibilidad de renovación de la superficie de una pizarra.
Era un pequeño block con sólo tres o cuatro hojas, pero una, la de abajo, era de resina, y las otras, muy delgadas, de celuloide, de papel transparente y de otro material que no recuerdo. Se escribía con un punzón. Es difícil de explicar, pero el hecho es que lo escrito permanecía en la página de abajo aunque arriba se borrara para escribir otra cosa. En el artículo, Freud asimilaba esta posibilidad del artefacto a no sé cuál teoría suya acerca del funcionamiento de las diferentes instancias psíquicas. Al releerlo, tampoco entendí bien esta parte. Además, noté que, más allá del parecido en los nombres, no cabía aplicar al blog la mecánica de aquella cosa. Sin embargo, lo hago.
Resulta que a mediados de junio, ya sin fe en el retorno de Parrafus a la radio, dije adiós al Blog. No se me ocurría qué más escribir para matizar la espera. El fácil recurso de las efemérides o la miscelánea, que permite surtir de semblanzas y citas literarias cualquier página, no va con mi naturaleza. Y me faltó inventiva para idear otras maneras de estirar la vigilia. “Adiós al Blog”, titulé entonces mi penúltima Entrada, y todo el texto fue: “Chau”. Cortito, total iba dirigido a nadie. (*) Sin embargo, lo acompañé con la repetición de la Entrada titulada “Facetoole”, donde, en su momento, diera la bienvenida al grupo que una oyente creara en Facebook. Quería decir, si es que algún lector le quedaba al Blog, que les aconsejaba pasarse a esa más joven y simpática ‘red social’.
Un par de días después encontré en una revista unas palabras de Tato Pavlovsky sobre el jugador y el juego. Las copié para componer un original “Adiós al Blog II”. Hasta ahí da mi imaginación… Al día siguiente, la realidad vino en mi auxilio. Recibí un mail con la gacetilla donde se informaba que Parrafus Interruptus volvía, ahora en vivo, en el centro cultural Caras y Caretas.
Desde entonces el Blog reverdeció. Quedó abolido el adiós, los adioses. Y para trasladar en cierto modo esta venturosa realidad hasta aquel descreído pasado, hoy borré aquellas dos Entradas. (También cambié el resentido título con que publiqué la gacetilla: “¡No me dejan despedir!”.) Ahora, si alguien se tomara el trabajo de hojear el mes de junio, vería una continuidad entre “¡Éxito internacional!” y el anuncio del retorno de Parrafus. Y, a partir de ahí, los felices prolegómenos, resúmenes y crónicas recientes.
Pero, como sucedía en el block maravilloso (como tal vez suceda en nuestra psiquis), lo escrito previamente permanece. Persiste, en este caso, en esta memoria.

Memoria, recuerdo, crónica que me sirve para decir algo más: que estoy tentado de eliminar también el cierre de mi resumen del Parrafus de septiembre.
Se me pasó el fastidio por la poca concurrencia. Me lo había tomado como algo personal, como una frustración propia. Pero, ¿a mí qué me importa?, me dije después. Que se preocupe y se amargue Paredero –quien no lo va a hacer. Yo voy. Aprovecho mis primeros permisos para salir solo desde que nació el Fulanito, voy, lo paso bien y me traigo libros. Si la concurrencia es escasa, mejor; tengo más chances de ganar. Si sigue haciendo frío hasta diciembre, mejor; a mí, deme el invierno. Y si María Suárez a estas alturas es una ermitaña total, que le aproveche. Y si Verónica Cornejo y sus amigos no quieren ir, que revienten. Y… Y mejor me callo. Chau.

(*) Nota al pié: En los días de mi despedida del Blog, haciendo postrer uso de mis facultades de administrador, otorgué esta misma categoría a los viejos compañeros oyentes que figuran como coautores. Fue mi manera de decirles que, a partir de ese momento, podían hacerse cargo de la página como les placiera. Más allá de la completa libertad de escribir, que ya tenían, se les habilitaba ahora la posibilidad de cambiar el formato, reformar textos, moderar los comentarios, invitar nuevos autores, agregar un contador de visitas y demás variantes del Blogger que yo, primitivo y frugal, ni siquiera exploré nunca. Pero, después de unos días, cuando vi que ninguno se valía de esa facultad, se las retiré. “Claro”, pensé, “si ellos ya dijeron adiós hace mucho. ¿Cuánto hace que nadie publica nada?” Sin embargo, en esos días empezaron a proliferar las Entradas de un tal Max Medina. Se ve que alguien sí, al menos, invitó a alguien a incorporarse como coautor. Ahora, tras la vuelta de Parrafus y mi necesaria reaparición (¿?), este compañero se llamó a silencio. Esto parecería abonar la idea de que Max Medina soy yo mismo, como habían pensado al menos tres personas: Mónica Paradiso, Marta Zander y Hernán Gugliotella. Es el propósito de esta nota desmentir esa hipótesis y pedirle al señor Medina, públicamente (ya que no responde los mails), que diga más o menos quién es; o bien, en su defecto, que el compañero oyente que lo invitó al Blog nos cuente algo sobre su amigo. Pero, si ninguno accede a esta requisitoria, no importa. Sea quien sea, señor, no se amilane y siga publicando. Siempre es una compañía. Además, la sección “Poeta sin Parrafus” está buena, y su descubrimiento de la AM 750 merece aplauso. Hasta pronto.

jueves, 2 de septiembre de 2010

En octubre será primavera

Esta vez no hubo concurso sucursal, aquel que a veces, en la radio, en forma de pregunta poco dificultosa secundaba al Parrafus bien interrupto; aquel que se desempolvó y multiplicó en el encuentro de agosto. Pero ahora, en septiembre, el destino, que no es chambón, quiso que Hugo debiera improvisar algo para que las dificultosas lecturas devinieran interruptas.
Tres de los seis juegos se definieron en tiempo de descuento: tras los cinco minutos de lectura sin interrupciones (diez, en un caso), nuestro conductor recurrió al misericordioso expediente de la ayuda. Lo mismo hizo con el primer, imperfecto Interruptus.
Vaya este introito como anticipada explicación de los tiempos de cada juego, que esta vez (me caigo en la paradoja) pude registrar concienzudamente para el resumen.

Primer Parrafus:

Novela: “La lentitud”
Autor: Milan Kundera
Ganador: Marcelo Perenchio
Tiempo: 4´ 58”
Premio: "La identidad", de Milan Kundera

Segundo Parrafus

Teatro: “El desatino”
Autora: Griselda Gambaro
Ganador: Roberto López Motta
Tiempo: 5´
Premio: "Teatro 4", de Griselda Gambaro

Tercer Parrafus

Cuento: “Vitaminas”
Autor: Raymond Carver
Ganadora: Paula Nigro
Tiempo: 5´
Premio: "Vidas cruzadas", de Raymond Carver

Cuarto Parrafus

Poesía: "Fenix"
Novela: “El amante de Lady Chatterley”
Autor: David Herbert Lawrence
Ganador: Marcelo Perenchio
Tiempo: ¡10´!
Premio: "El amante de lady Chatterley", de D.H. Lawrence

Quinto Parrafus

Novela: “La cruz invertida”
Autor: Marcos Aguinis
Ganador: Marcelo Perenchio
Tiempo: 0´ 11
Premio: "La cruz invertida", de Marcos Aguinis

Sexto Parrafus

Cuento: “Patrón”
Autor: Abelardo Castillo
Ganador: Roberto López Motta
Tiempo: 0´ 31”
Premio: "Cuentos crueles", de Abelardo Castillo

Los dos premios extraordinarios eran para mí, por ganar más rápido y mas veces; pero, por alternativas del juego que ya se explicarán, me pareció correcto cederle uno a López Motta. El mío fue "Ositos", de Leo Masliah, y al otro, que Adriana le alcanzó a Roberto, no quise ni mirarlo -para no arrepentirme.

Más adelante habrá que decir que para estos percances del juego tuvo su importancia la escasa concurrencia. Que contra una mayor concurrencia conspiró el renovado frío de estos días. Que el frío se pasa por el alto al almanaque y nada le importa que haya empezado septiembre. Que frío, “frío hace en las Malvinas”, como dije yo un día, jodiendo, y los compañeros se me quedaron mirando. Que hay inasistencias al encuentro que encuentro imperdonables. Pero esto mas adelante, después de contar hasta diez, otro día.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Invitación oficial o Tarjeta de Cartón

Parrafus Interruptus

-De la radio al vivo en el Centro Cultural Caras y Caretas-
Idea y conducción: Hugo Paredero

Un juego de competencia literaria donde tienen chances de ganar los que leen mucho, los que sólo leyeron un libro en su vida, y los lanceros de siempre. Las reglas del juego son divertidas pero severas. Paredero trae textos que irá leyendo a los concurrentes sin dar ninguna pista. Sólo aclarará, antes de empezar a leer cada uno, si es cuento, novela, obra teatral o poesía, las cuatro posibilidades en juego; y si en la lectura aparecieran palabras pertenecientes al título, las “ninguneará”, de modo que los espectadores escuchan inocentes, sin más evocaciones que las despertadas por las palabras. Hay que acertar dos cosas: título de la obra que se lee y nombre y apellido de su autor. Silencio en la sala, comienza la lectura, y a medirse el tiempo de la misma en minutos y segundos... Gana el primero que interrumpe con la doble respuesta correcta. Levantar la mano y gritar ¡Basta para mí! puede parecer un modo vulgar, pero ese clásico usamos. Si nadie interrumpe un texto, se lee hasta cinco minutos y se pasa a otro.
Con cada ganador una pequeña charla para saber cómo acertó, qué significó ese libro en su vida, a quién debe su afición a la lectura... Luego se pasa a otro texto, y lo mismo... Dado que una jornada de aproximadamente hora y media permite leer media docena de títulos, podríamos llamarla “Seis autores en busca de su lector”. Se premia con un libro a cada ganador interruptor, habrá otro libro para quien resulte el más veloz de la noche, y otro para el que acertó más veces. Por supuesto, se juega a libro forrado.
Cada vez una renombrada figura del espectáculo vendrá a leer uno de los párrafos a interrumpir. La flor invitada de septiembre será Susú Pecoraro... Más un par de canciones a cargo del dúo unipersonal Los Delache, Hernán Gugliotella.
¿Qué autores leemos? Todos. Aquí caben escritores de todas las épocas, países, estilos, dotes. Como este es un juego de amor a los libros, un homenaje tanto a los que escriben como a los que leen, no tenemos prejuicios respecto del talento de los primeros y del gusto de los otros. Nuestro espíritu pasa más por celebrar el placer de la lectura en sí misma y fomentarla.
Parrafus Interruptus se jugó durante muchos años en distintas radios, la última Nacional AM 870 hasta diciembre de 2009. Obtuvo el Premio ARGENTORES 2006 en la categoría microprograma radial y el Premio ÉTER 2009 al mejor programa cultural de radio. Tiene un blog con su historia: www.losparrafistas.blogspot.com. Y en facebook, Los Parrafistas.
Parrafus Interruptus se juega el primer miércoles de cada mes en el Centro Cultural Caras y Caretas, Venezuela 330, con entrada libre y gratuita. Vení a interrumpirnos el 1 de septiembre, te esperamos.