jueves, 20 de agosto de 2009

Fijman, Sol de la Noche


Jueves 20 de agosto
Poesía: “Estrella de la mañana” (1931)
Autor: Jacobo Fijman (1898-1970)
Ganador: Marcelo Perenchio



III EL INFIERNO DEL CUERPO

RETRATO DE ANDRE BRETON

“Llevado por mí hacia esa época, rememoró su ‘encuentro’ con André Bretón. ‘Era un tipo curioso, con rostro alargado, más hacia el cuerpo que hacia arriba. Caminaba como los cangrejos, de aquí para allá, nunca en línea recta y se la pasaba en el Café. Cuando yo lo conocí acababa de inventar el fusil de repetición para cazar indios y giles en el Far West argentino. Era bisnieto de Napoleón Bonaparte e hijo directo de Remington. Su doctrina era muy sencilla, recién ahora la entiendo. Vos hablás y no sabés lo que dijiste, pero algo salió de tu boca, una palabra, una escupida. Cada palabra es un proyectil, pero vos lo ignorás. Cuando te diste cuenta, el punto se agarra la barriga o se revuelve cuerpo a tierra. Esto se llama automatismo, que es algo así como el puntillismo de la máquina Singer. El cerebro, entretanto, queda en la culata. No interviene el fusil. Después de la explicación, el franchute me leyó un poema y me atraganté. La bebida me salió por los ojos y estornudé tres veces. André Bretón salió furioso y gritó: Mon Dieu, mon dieu! o algo parecido, y como lo miré fijamente, agregó: merde a Tristan Tzara! No entendí nada, pero desde ese día supe lo que era el surrealismo.’”

XIV EL ROSTRO DE LA AGONIA

2 / EPIFANIA DE UNA PROTESTA

“El domingo 15 de noviembre de 1969, el rostro de Jacobo Fijman, con igual cansancio y las mismas arrugas, con el mismo temblor y la mirada ausente, se dibujó patéticamente en la pantalla del Canal 7 de Televisión. Lo acompañaban Aldo Pellegrini y Vicente Zito Lema, a quien reporteaban en ese instante.
“Había música de circunstancias: un tango de Astor Piáosla en la que se reiteraba, como si fuera un Bolero de Ravel, la palabra ‘loco’. ¿Alusión a quién? Preguntado Fijman por qué abandonó la música, respondió que sus estudios de teología lo habían convencido de su carácter herético.
“Su protector, en el reportaje, acusó a Jorge Luís Borges y a Leopoldo Marechal de haberse olvidado del poeta. Le enrostró su abandono y ridiculizó a Sociedad Argentina de Escritores por la irrisoria suma mensual que le pasaba a Fijman para sus necesidades. Pellegrini, a su vez, expresó que el desconocimiento de Fijman se debía a que en la Argentina no existía la crítica literaria. Se olvidaba en ese instante que él era un crítico que había dirigido ‘Ciclo’ y otras revistas donde jamás le dedicó unas líneas a Fijman. Pero el evento no remitía a la obligación del mea culpa. El propósito era el de señalar una injusticia del medio literario contra un creador que se desintegraba lentamente en los oscuros corredores del hospicio. En esa injusticia entrábamos todos, sin excepción, aun los que estuvimos en contacto con él.”

XV ANGELES DE LA MUERTE

“Cuando el mundo estaba por hacerse, brillaba ya, extrañamente, en los ojos de Jacobo Fijman. Pero el mundo crecía en Uriff, su aldea natal, en Besarabia. Crecía con violencia, lleno de fraude, de persecuciones antisemitas y de fuego. Era un infierno. Y huyendo de ese infierno la familia Fijman llegó a la Argentina cuando aquel tenía cuatro años. Aquí, en su patria definitiva, Jacobo Fijman se halló consigo mismo, con su propia batalla. Realizó todos los oficios. Fue peón, vendedor ambulante, corredor, profesor de francés, violinista itinerante, merodeador de restaurantes en los que se tiraba la comida, visitador de barcos y panaderías en los que sus ojos quedaban inmóviles a la espera de una ayuda.
“En esa completad en la que se cubría el espectro de sus necesidades, también fue poeta. Fue el Tenebroso, el Viudo, el Desconsolado, el Príncipe de Aquitania y el de la Torre Abolida, como dirá Gerard de Nerval, autodefiniéndose en ‘El desdichado’. O como dirá Fijman de sí mismo en el poema ‘Cena’, de ‘Molino rojo’: ‘Fui un desaparecido, el más ausente / el juntador de formas.’ Para él también brillará el Sol Negro de la melancolía, ese sol que lo llevará al Hospicio de las Mercedes, el feroz manicomio en que vivirá 27 años sumergido con su poesía y sus fantasmas.
“Allí, en ese infierno donde lo visitaba, perderá el brillo de sus ojos, la melana romántica que lo adornaba en su juventud, el rostro radiante y la carcajada fácil que le afloraba ante el asombro. Allí, extraviado, hundido para siempre en el olvido, buscará inútilmente sus raíces, sus lágrimas, ya secas. Sus razones y la razón de sus sueños diluidos en la innumerable noche de la ausencia.”

(“Fijman, poeta entre dos vidas”, Juan-Jacobo Bajarlía, Ediciones De La Flor, 1992)

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