jueves, 1 de enero de 2009

Se fue 2008

Faltan Cervantes y José Hernández, sí, pero para los que a veces piensan (¿pensamos?) que los clásicos ya se terminaron y qué antiguallas va a leer ahora Hugo, ahí estuvo nuestro conductor terminando el año a todo Scott Firzgerald, “Don Camilo” y “La vorágine”.

Mario Tsolakián, siendo varón, tiene una extrañísima virtud: me cae simpático. Por eso no me enojó que este lunes se quedara con el triunfo cuando el autor fue uno de los que yo más esperaba: Francis Scott Fitzgerald. Es más, me alegró que volviera a ganar el miércoles, en el último programa del año, con “La vorágine”, de José Eustasio Rivera. ¡Este es otro hombre al que no le gusta que le toquen el culo!, pensé.
Mario, compañero oyente de Palermo-Lector, venía peleando el torneo anual metido ahí, en un pelotón equidistante, por el medio de la tabla. Hacía mucho que no ganaba y en las últimas semanas había presenciado, primero, cómo María Suárez, mi habitual escolta, recuperaba resuello para un postrer envión y se acomodaba al menos tercera este año; y había visto, Mario, después, cómo este recienvenido (en el 2008), Luis Gobea, arremetía atrevidamente desde atrás a partir de septiembre ganando posiciones. “¿Y este? ¿De dónde sale? ¿A quién le ganó?”, pensó Mario (supongo yo, atribuyéndole lo peor de mí). Y con las dos formidables victorias de esta semana sacó ventaja, llegó a 16 y se acomodó cuarto, ahí nomás, pisándole los talones a la Dama de Coghlan.
Segunda se ubicó esta vez Verónica Cornejo, de Lugano, a quien felicito calurosamente.


Volviendo a Scott Fitzgerald, diré que el lunes tuve pocas chances de ganar porque Hugo eligió traer un cuento. Y yo, sacando las “Historias de Pat Hobby”, cuentos leí dos o tres, y “El diamante grande como el Ritz” no está entre ellos. Me dediqué a sus novelas. Tengo desde muy jovencito “Tierna es la noche” y “Hermosos y malditos”, y leí prestada “El gran Gatsby”. La verdad es que ninguna me movió un pelo, tal vez porque era demasiado jovencito y mi cabellera era entonces abundante y un poco sucia. Pero perseveré con Scott porque su primera novela, la primera que leí, “A este lado del paraíso”, me había roto la cabeza.
Es una ‘novela de aprendizaje’, como dicen los que saben, pero no alemana o francesa (no como las de Herman Hesse), sino bien yanqui. A pesar de eso, me gustó muchísimo, me enseñó mucho y me enamoró de su autor. Todavía hoy… bueno, quiero decir, hasta hace pocos años, adaptaba en diversas circunstancias aquel atrevimiento de Amory Blaine, el protagonista. En la abarrotada estación Constitución, por ejemplo, ante la entrada del tren entre el marasmo de gente, si con alguna dama hubiese habido algún intercambio de miradas sugerente, yo me acercaba y le decía: “Cuando subamos, voy a tratar de sentarme al lado tuyo. A ver si me ayudás…”, como le dijo Amory a una señorita con la que quería intimar en una cena de gala. Y como esa, otras muchas astucias extraje de aquellas páginas del amigo Francis.
En estos días, de visita en casa de madre, hojeé sus libros (también tengo “El crack-up”, una miscelanea que abarca sus veinte años de carrera) y me dije que en algún momento debería volver a leer los que no me gustaron. La verdad es que de “Tierna es la noche” y de “Hermosos y malditos” no me acuerdo nada, sólo una sensación de hastío que a lo largo de quince años me impidió volver a ellos. Pero me hubiera gustado ganar con Scott Fitzgerald, especialmente si se leía su primera novela, para contarle a Hugo todo esto. Bueno, no importa, ya lo conté acá.

Y falta decir que el martes, en el anteúltimo programa del año, Párrafus recibió a un nuevo ganador nuevo. Es el número 69 del actual ciclo nocturno. Es un profesor de historia, tiene 53 años, vive en la ciudad de Moreno, en el lejano oeste granbonaerense, y también tiene un comercio (de venta de portones, si no escuché mal). Su nombre es Sergio Tagliaferro, y su primera victoria la obtuvo con la popular novela de Giovanni Guareschi “Don Camilo”.

Para terminar (y a propósito de escuchar mal) debo señalar que el miércoles debí abandonar la sintonía a la mitad del programa por incidencias de entrecasa. Acababa de aparecer al aire el amigo Tsolakián, respondiendo que la novela de esa noche era “La vorágine”. Me perdí el final de su charla, más la glosa de Hugo acerca del colombiano Rivera, más la despedida. Y me quedé sin saber si esa noche nuestro conductor mencionó a los tres oyentes que este año recibirían como premio extraordinario el libro por ellos mismos elegido. A la mañana siguiente traté de completar la escucha mediante el artilugio implementado por el amigo Pablo Graciani, pero este Parrafus todavía no estaba en la Red. Y hoy, primero de enero, no hay ningún locutorio abierto en la zona. Agradecería, entonces, si alguien puede informarme al respecto. El libro que yo había pedido es “El frasquito”, de Luís Gusman. Y si no es Hugo, o la producción del programa, ¿alguien más no tendrá uno que le sobre? Desde ya, muchas gracias.
Hasta la próxima.


Apostilla: en los tres años precedentes, el primer juego lo ganó una mujer. En el 2006 (aunque en abril), Laura Falcoff. En el 2007, María Suárez. En el 2008, Verónica Cornejo. ¿Qué pasara hoy, en esta nueva noche inaugural? Si no me equivoco, Hugo anunció Teatro. Conmigo, entonces, no cuenten. Suerte para todos.

3 comentarios:

Marta dijo...

Hola de nuevo!
Linda tu historia de F.S.Fittzgerald.
De las novelas de FSF, empecé a leer la de Amory Blaine, pero no creo haber pasado de la primer página. Y ví la película de El gran Gatsby, pero no pude terminar la novela.
Yo creo que siempre me encariño con los libros inadecuados de los escritores correctos. Porque lo que leí hasta el final, fue un libro de cuentos de FSF que se llama El precio era alto, unos lindos cuentos que después me enteré habían sido escritos para ciertas revistas donde se les exigía ¿cómo te explico? cierta cuota Hilton de felicidad. Y bueno, a mí me gustaron, me gustan las historias que terminan bien, qué le voy a hacer.
Lo que es yo, creo haber escuchado que Tagliaferro vendía colchones, no portones. Cualquier cosa, le podés preguntar a Verónica sobre la relación entre los colchones y la felicidad. Recuerdo un mensaje que dejó sobre ese tema en el programa de Pancho Muñoz.
Espero que Papá Noel te haya traído lo que querés. Cualquier cosa, te aviso que de Luis Gusmán tengo En el corazón de junio. Me lo gané hace poquito en Parrafus. No es El frasquito, ya sé, pero cuando lo termine, si te interesa, te lo puedo prestar.
Un abrazo!

Marcelo Perenchio dijo...

¡Colchones! Yo escuché 'portones', qué bárbaro...¿'Colchones y felicidad'? ¿Verónica? ¿Vos querés decir que por eso lee tanto? Y, a propósito, una pregunta que siempre hacía en el chat, durante mi adolescencia (la segunda): ¿vos no sos gorda, no?
Casualmente anoche repitieron el programa donde hablé con Luis Gusmán; el libro de relatos suyo que me gané es buenísimo: "De dobles y bastardos", una antología de sus libros de cuentos. ¿"En el corazón de junio" tiene que ver con un transplante? Me interesaría, pero, ¿cómo hacemos?
Papá Noel me trajo "Luca", la película sobre el pelado. Bastante buena, aunque no hay como haberlo visto en vivo. Bueno, hasta chau.

Marta dijo...

Sí, sí, por lo que leí en la solapa, En el corazón de junio tiene que ver con un trasplante, todavía no lo empecé, me llegó hace poquito y vio que diciembre/enero son meses complicados para la lectura. Sobre el envío, ya se nos va a ocurrir algo. Mientras, esperemos que Tagliaferro llame de nuevo y nos desempate.
Y a qué viene eso de traer las preguntas del chat a este blog, si se puede saber?