viernes, 22 de agosto de 2008

Parrafus Pretéritus


ER / VOLVER

Lo dicho: mi memoria flaquea.
El miércoles, Hugo leyó la primera pieza teatral de la semana. La descripción de la escenografía no me decía nada, pero por ahí se agrega que, de fondo, se escucha el tango “Hm hm”. “Volver”, escucho yo, y busco mentalmente títulos de teatro (nacional, no muy viejo) con esa palabra. Sin éxito. Después, palabras de la familia de aquella. Y entonces sí, como una invocación (quizá porque había escuchado “tango” y “volver”), me llega “Volvió una noche”. En alguna parte, en un reportaje, había leído ese título, y era el de una pieza teatral. Pero, ¿quién era el reporteado? “Volvió una noche”, “Volvió una noche”… Se me representa el nombre de Alberto Thaler. Mi memoria lo ubica en una audición de la vieja radio Municipal. También era poeta. Y, ¿también dramaturgo? Podría ser. Pero cuando estaba por llamar para tirarme el lance, suena el timbre y aparece la ganadora de la noche: Verónica Cornejo, de Lugano. Y tras su respuesta, aparece en la otra línea el autor: Eduardo Rovner. Entonces me digo que ya sé adónde vi aquel reportaje: en “El porteño”.

Los miércoles a la mañana, cuando salgo de franco, con tres días libres por delante, voy un rato a casa de mi vieja. Este miércoles, cuando llegué, ella todavía dormía, así que fui derecho a mi antiguo cuarto de la pubertad, la adolescencia y la inmadurez (que permanece intacto) y saqué la pila de “Porteños”. Enseguida encontré el número que buscaba, pero no era. Seguramente el reportaje que yo había recordado estaba en otra parte. Acá, el reporteado –por el gran Enrique Symns- no era Rovner, sino el poeta Osvaldo Rossler.

Thaler, Rovner, Rossler: segunda terminación verbal que, con ese “Porteño” entre las manos, me dio la idea de volver. Volver hacia atrás. Porque en el índice de ese número, el 30, de junio de 1984, se suceden los nombres de Darío Fo, Rodolfo Fogwill, Nicolás Guillén, Eduardo Galeano, Oscar Viale y Ernesto Sabato. Vuelvo la mirada hacia atrás, entonces, a esos Parrafistas pretéritos, y ofrezco el siguiente popurrí.

POPURRI / REVIVAL

1) Dario Fo (ITA), "Muerte accidental de un anarquista", Párrafus 319 (9 / 5 / 08)

TITULO: “Darío Fo: El diablo en Buenos Aires”
VOLANTA: “Darío Fo tiene 58 años. Al comienzo, durante su adolescencia, el teatro era para él una diversión; después fue su vida. En 1954 se casó con Franca Rame, hija de una tradicional familia de actores, y formó con ella una de las compañías más exitosas de Italia. La presencia en Buenos Aires de los dos actores y la puesta en escena de ‘Mistero Buffo’ en el Teatro San Martín generó no sólo polémica, también violencia. El Porteño dialogó con Fo y con Franca Rame en un clima que penetra el reportaje.”
REPORTAJE: “’Les advierto que el diablo ha llegado a Buenos Aires y hará teatro en una de las salas del San Martín’, dijo, el 6 de mayo en el interior de la Catedral de Buenos Aires, el sacerdote que oficiaba la misa. Afuera llovía.”
“(…)
“En Argentina, al día siguiente del estreno del “Mistero Buffo”, en la sala Martín Coronado del Teatro General San martín, mientras promediaba la representación del miércoles 9 de mayo, un joven, luego de increpar duramente a Darío Fo, lanzó hacia el escenario una bomba de gas lacrimógeno que cayó en la platea sin causar víctimas pero sí muchas lágrimas.”
“(…)
“’Por favor –solicitó Fo desde el escenario- dejen hablar a quienes objetan la obra’, y acto seguido invitó a uno de los disconformes a subir al escenario. Rafael Massot aceptó la invitación y dijo: ‘Señor Fo, yo no apruebo la conducta de los que ayer arrojaron gases en esta sala. Pero déjeme decirle que usted, con su trabajo, ofende sentimientos que están profundamente arraigados en el pueblo argentino.’
“-¿Qué es ‘Mistero Buffo’? ¿Por qué origina tanta irritación?
“-‘Mistero Buffo’ –responde el polémico diablo, Darío Fo- está en la tradición popular italiana. Nosotros le agregamos investigación científica, histórica, social y antropológica sobre el verdadero origen de nuestra cultura. Naturalmente que la religión está de por medio.”
“(…)
“-¿Cuál es el problema que tiene con la iglesia?
“-Siempre acusé a la iglesia –responde el censurado diablo, Darío Fo-, pero a la dominante; a los obispos, el poder y su relación permanente con el poder infame, con el poder especulador. Mis denuncias siempre los violentaron. En Italia los sacerdotes se rebelaron ante cierta imposición de los obispos de atacarnos en las prédicas, desde el púlpito. Se negaron. En algunas iglesias, durante nuestro espectáculo, ponían la televisión para verlo con el pretexto de que era necesario conocer la cara del demonio. Vamos a ver qué dice el demonio. Llegamos a Buenos Aires y nos enteramos que se ha dado órdenes a sacerdotes de atacar el teatro. Esos mismos que jamás movieron un dedo ante la masacre de la gente pero que se preocupan por bloquear, denunciar, decir que no se debe hacer un espectáculo.”
“(…)
“-¿Cómo seguirá el teatro en el mundo?
“-Es un teatro a mi parecer hedonístico. El gran peso hoy, para mí, es el del teatro hedonístico. Es un teatro que no tiene posibilidad de incidir sobre la cultura y sobre la sociedad de hoy. No habla de problemas directos, contingentes. Vuela. El teatro clásico que conocemos, el que nos llegó a nosotros, era un teatro que, cuando se ejercitaba, tenía un enorme valor agitador en la sociedad. Era un teatro que llevaba crisis y angustia a la sociedad. Hasta Shakespeare tuvo un proceso; arriesgó el pellejo en 1611, cuando fue el golpe de estado contra Isabel. El formó parte de la gente que organizó el golpe y se salvó porque él era amigo muy íntimo –tal vez homosexualmente amigo- de un famoso conde pariente de la reina. Después de ese episodio Shakespeare tenía miedo porque sus obras estaban siempre al límite de la provocación, de la violencia política. El teatro que vivimos hoy es un teatro apagado, sin ninguna progresión en el tiempo. Strindberg es de 1920. El hombre que habla de sus propios problemas, de su propio tiempo. Con ferocidad, con angustia. Es el individuo al que le angustia la proyección del propio tiempo social. Strindberg era un hombre político, así como Chejov, Gogol. Al propio Pirandello le angustiaba su tiempo. Eso hoy no existe. No está Pirandello. Somos pocos, muy pocos los que nos preocupamos por contar historias de nuestro tiempo.
“-¿Fue el teatro entonces quien abandonó a la gente?
“-Sí, porque en vezde ocupar los espacios vaciós que dejan otros medios frente a los temas del hombre, se aleja cada vez más y los problemas son hedonísticos. Entonces se preocupan por montar ‘EnriqueIII’ vistiendo a los actores de japoneses. ¿Entendés? Es esteticismo, hedonismo, la preocupación por el vestuario. Es más importante el vestuario que el contenido. Dicen que el vestuario tiene el contenido, y no: ¡el vestuario es el vestuario!”
ENTREVISTA: Gabriel Levinas.

2) Rodolfo Fogwill (ARG), “Los pichiciegos”, Párrafus 156 (17 / 4 / 07)

TITULO: “Aventuras espaciales”
AUTOR: Rodolfo Fogwill
“(…)
“8. La Argentina, potencia espacial”
“La cuestión del espacio para la Argentina inviste otras características. El sociólogo Oscar Oszlack, antes de ser subsecretario del gobierno de Alfonsín, publicó un ensayo sobre el tema del derecho al espacio urbano. No se trata ya del espacio conquistable de Von Braun, sino del espacio inconquistable de los pobres de la Argentina. El trabajo de Oszlack analiza las estrategias del gobierno de 1976, destinadas a crear una ciudad ‘blanca’, un espacio urbanístico representativo de la victoria social de ciertas clases a partir de la disolución del Frejuli. La reforma urbanística de Buenos Aires segregó geográfica, ecológica y psicológicamente a los sectores populares. Creó una ciudad cara, controlada, vigilable. Esa ciudad a la que O’ Donnell llamó a reconquistar. ¿Recuerdan? La idea era llenar los espacios con artistas, con artesanos, con espectáculos y con gente de pueblo que rompiese los límites trazados por la ingeniosa creatividad paisajística de Cacciatore. El 21 de marzo de 1984, se estaban cumpliendo los primeros cien días de gobierno democrático, acababa de cumplirse el final del verano, y un operativo conjunto de la inspección municipal del Dr. Saguier y de la Policía Federal del Dr. Troccoli, dio por clausurada la usurpación simbólica de la Plaza de la República. Un día antes, la secretaría de Cultura Municipal había decretado el día del artesano. Días más tarde, los artesanos fueron ‘internados’ (se dice así en la jerga ferial-municipal) en una zona donde podrán celebrar su culto retrógrado a formas primitivas de la economía sin alterar la armonía comercial, industrial y urbana de la prolija ciudad.”

3) Eduardo Galeano (URU), “El libro de los abrazos”, Párrafus 195 (26/7/07)

TITULO: “Eduardo Galeano: ‘La cultura es comunicación o no es nada’”
“Eduado Galeano nació en Montevideo hace cuarenta y cuatro años. Fue allí secretario de redacción del semanario ‘Marcha’, encargado del Departamento de Publicaciones de la Universidad, director del diario ‘Epoca’ y de otros periódicos uruguayos. En 1973 fundó en Buenos Aires la revista ‘Crisis’, según múltiples opiniones la mejor revista de difusión cultural que ha habido en nuestro país, a la que dirigió hasta 1976. Desde fines de ese año vive exiliado en el pueblo pescador de Calella de la Costa, en las cercanías de Barcelona, con su mujer, Elena Villagra, viuda del asesinado diputado nacional Rodolfo Ortega Peña.
“Autor de novelas como ‘Vagamundo’ y ‘La canción de nosotros’, Galeano es sobre todo conocido por ‘Las venas abiertas de América latina’, obra que fue traducida a dieciseis idiomas y batió todos los records de reediciones en su género.”
“(…)
“-¿Te considerás un historiador o más bien un literato metido a historiador?
“-Yo no me considero un historiador, incluso una de mis convicciones es que la narrativa es mecho más rica en posibilidades de revelar la realidad que el ensayo. Es más: confieso que fui un pésimo estudiante de historia. Me la enseñaron como una visita al Museo de Cera, a la región de los muertos. Yo tenía más de veinte años cuando descubrí que el pasado no estaba ni quieto ni mudo. Lo descubrí leyendo novelas de Carpentier y poemas de Neruda, escuchando cuentos, en las ruedas de café de Montevideo, sobre algún guerrero de las praderas orientales, viejo, muy viejo, que con palitos de naranjo mantenía sus párpados abiertos pese al cansancio, mientras atravesaba jinetes enemigos con su lanza. Y lo descubrí, como es lógico, preguntando. Preguntando y preguntándome de dónde venía este mundo que habitamos, que cada minuto gasta un millón de dólares en armamentos para que cada minuto mueran treinta niños, impunemente, de enfermedad o de hambre. Preguntando y preguntándome si este mundo nuestro, este matadero, este manicomio, era obra de Dios o de los hombres. ¿Qué tiempo pasado ha parido este tiempo presente? ¿Por qué unos paises, y por qué unos hombres son dueños de otros hombres, y los hombres dueños de las mujeres, y las mujeres de los niños, y las cosas dueñas de las personas?... No, yo no soy un historiador: soy un escritor con la obsesión de la memoria, la de América sobre todo, y sobre todo la de América latina, tierra entrañable, condenada a la amnesia.”
ENTREVISTA: Juan José Salinas

4) Oscar Viale (ARG), “El grito pelado”, Párrafus 349 (20/6/08)

TITULO: “Oscar Viale: ‘Por televisión, a las diez, te enchufan las pálidas’”
VOLANTA: “Oscar Viale, actor y autor, volvió a una televisión que está en proceso de cambio pero que aún mantiene, según él, la crisis de los autores, de la producción y la incertidumbre sobre el destino que debe tener este medio de comunicación.”
REPORTAJE: “-¿Cómo fue tu pasaje de actor a autor teatral y posteriormente televisivo?
“-Te diría que soy autor por generación espontánea. Como actor fui siempre un autor amenazante; siempre mascullando que algún día escribiría pero sin llegar a decidirme. Hasta que un día, medio ‘prepiado’ por los amigos, la cosa se dio. Había un teatro disponible, la necesidad urgente de una programación y yo me dije: Ahora o nunca. En esa decisión me ayudaron Ulises Dumont y Julio López, que por ese entonces eran compañeros míos en el Conservatorio. Trabajando, descubrí algunas cualidades propias que desconocía poseer. Descubrí, por ejemplo, que yo conocía el manejo de ciertos elementos informativos debido a mi actividad actoral y que el secreto para ser autor era deslizar esos elementos informativos, hacer que el público los conozca; todos, sin que nadie se dé cuenta. De pronto me encontré con la respuesta del público y la crítica especializada que apoyaron mi primera obra: ‘El grito pelado’. Esta obra me dio la posibilidad de escribir para la televisión y es ahí donde aparece la necesidad de tener el oficio de escribir; porque cuando uno es autor teatral puede sentarse a esperar que bajen los hados de la inspiración, pero cuando se escribe para televisión, la cosa cambia. El autor de televisión es lo más parecido a un redactor de un diario: te tenés que sentar y en tanto tiempo la cosa tiene que salir. Mi primer programa fue ‘Los compinches’, y resultó un fracaso total. Pero a éste le siguió ‘Los Campanelli’ que fue un éxito durante seis años.
“-¿Cómo definiría su estilo autoral?
“-Entiendo que soy un autor intuitivo. Todo en mi vida se dio de manera lenta y tardía. Hijo de un hogar humilde, laburante, sin una formación terciaria, ni nada por el estilo, me fui haciendo a los ponchazos… Sintetizando, no era para nada un tipo ‘preparado’ para este metié. Por eso en mi trabajo no son muchas las cosas que tengo para decir. Doy permanentemente vuelta sobre los mismos temas. Creo, eso sí, ser un gran observador y saber rescatar aquellas pequeñas cosas que hacen a la conducta de la gente; pero no voy más allá. Yo no filosofo, no intento dar grandes mensajes. Solo puntualizo aquellas cosas que me incomodan y me hacen mal. A esto se le suma un lenguaje cotidiano y el uso fundamental del humor; el que aparece en mis obras violentado por mí. Porque todos mis borradores son absolutamente dramáticos. Ahora, creo que la posibilidad de que yo me ‘cuele’ como autor surge a partir de que el público se siente gratificado por poder gozar de un esparcimiento, en el buen sentido. El grueso del público argentino, cuando va a ver una obra para reir, después no lo puede contar, porque le resulta avergonzante. Por ejemplo, no puede decir, fui a ver una revista. Aquí si alguien quiere ver un espectáculo tiene dos posibilidades: lo cómico, sinónimo de grosero y torpe, y lo serio, que debe entenderse como la cosa solemne, y que trata ‘los grandes temas’. Yo me propuse ‘colarme’ por el hueco que dejan las dos. Tratando los grandes temas, pero con humor. Soslayando los lugares comunes, pero también haciendo a un lado la grandilocuencia de la erudición. Desestimo todo lo prosopopéyico, y me infla las pelotas el hecho de que alguien se ponga a pontificar sobre determinados temas.”
ENTREVISTA: Pedro Rubén Canoppia.

5) Ernesto Sábato (ARG), “El túnel”, Parrafus 46 (18/7/06)

TITULO: “Mauro Bolognini y El túnel; Entre la soledad y la locura”
VOLANTA: “El director italiano Mauro Bolognini estuvo en la Argentina preparando la próxima filmación de El túnel, la novela de Ernesto Sábato. El porteño estuvo con él. Este es el resultado de un breve diálogo al que se sumaron, además, el mismo Sábato y Enrico Medioli –guionista de la película.”
REPORTAJE: “-¿Cuál es el motivo por el que elige filmar ‘El túnel’?
“-El motivo es que el libro es bellísimo y el tema es actual, muy actual. Es una historia de la soledad y de la incomunicación, y si queremos, de una neurosis. Hoy vivimos todos al límite de la locura, en una situación que puede llegar al punto extremo de la locura, que es un poco la del personaje. El personaje de Castel, el pintor, ve algo que los demás no pueden ver, y además, no puede vivir en la soledad, le teme. Y termina matando a María Iribarne. Y creo que este personaje, que es completamente una invención poética dramática de Ernesto Sábato, es, además, un retrato de todos nosotros. Todos nosotros nos podemos reconocer, en algo, en este personaje, aún siendo la creación de un artista. Y creo, realmente, que ‘El túnel’ es más comprensible ahora que cuando se escribió, hace treinta años, porque el espectador de hoy es más evolucionado, y la realidad es más cercana al tema de la locura y la soledad.
“(…)
“-Sábato, ¿usted va a participar de alguna manera en el guión?
“-No. Absolutamente no. Y lo hago con toda deliberación. Yo no quiero intervenir para nada. Yo creo que el cine lo hace el director. El director es el autor de la obra cinematográfica. El director debe recrear la obra sobre la que se basa con las posibilidades e imposibilidades del otro lenguaje. El escritor, ahí, no debe intervenir. Hablábamos con Mauro sobre cómo influyó negativamente la intervención de la familia en el caso de ‘El extranjero’, de Camus, que es la obra menos viscontiana de Visconti. O se tiene confianza en el director y se le entrega la obra o, si no se le tiene confianza, es mejor no dársela. Y yo creo que, por el tipo de cine que ha hecho él en sus mejores momentos, es muy apto para este clima poético y ambiguo de la novela. Tengo plena confianza en el resultado.”
ENTREVISTA: Gustavo Wagner

Repito la fecha de estos artículos y reportajes: junio de 1984. Y a propósito del último, me pregunto si alguno de nuestros oyentes y lectores sabrá algo sobre aquel proyecto de Bolognini-Sábato. Yo supe que “El túnel”, en los ´90, la filmó un español, como conté en la charla con Hugo cuando gané aquel Párrafus número 46; era una coproducción con Hollywood, la protagonizaron Peter Weller, Jane Seymour y Fernando Rey, se filmó en Buenos Aires, pero no recuerdo el nombre del director. Tengo el video en casa de madre; la semana que viene me fijo.
Salvedad: al también mencionado Nicolás Guillén (Parrafista 133, 14/2/07) lo omito por ser su artículo de tema excesivamente coyuntural (algo acerca de un “informe del departamento de Justicia yanqui sobre el robo de los documentos de Carter, cuando este aspiraba a la presidencia”); además, es más prolijo reemplazar a los cinco autores de esta semana con cinco pretéritos.
Salvedad 2: Con este revival no quiero desmerecer las últimas lecturas (ver el detalle en Lista de lecturas), pero, ¿cómo decía aquel tema de Pappo? ¿“No puedo evitar que vengan hacia mi los sánguches de miga”? Yo no puedo evitar que me pasen estas cosas. Es una verdadera magia que encuentre en esta revista, a la que llegué por un equívoco, tantos Parrafistas juntos. Y no tengo tiempo para tanto, así que la glosa de esta semana (ya iniciada, de todos modos, por el retornado Quique Figueroa) queda para otra vez. Además, tengo que cumplir, al menos parcialmente, con lo que siempre le prometo a Cristina, que esta semana no escribo nada y todo mi tiempo libre será para ellos.

ROVNER / PERENCHIO

Volviendo al dramaturgo argentino de esta semana, Eduardo Rovner, a quien dejamos charlando con Hugo y Verónica, diré que me gustó una definición que ofreció mientras contaba la génesis de “Volvió una noche”.
Parece que la obra trata de una fantástica relación madre-hijo; fantástica porque media un retorno de ultratumba, pero más que nada la relación fue –es- bastante ríspida. Y el autor contó que una vez, años después del fallecimiento, en un sueño o una visión, su madre muerta le pedía que dejara de culparla a ella, en la vida real, de todos sus sinsabores y contratiempos. Entonces Rovner reflexionó que ahí es cuando uno deja de ser hijo, cuando abandona las demandas y reproches a los padres y pasa a escucharlos para atender sus reclamos y necesidades.
Me gustó eso, aunque después, al pensar en mi experiencia, se me ocurrió alguna objeción o agregado. Si uno, en ese momento, deja de ser hijo, ¿en qué se convierte?, me pregunté. Yo, con una madre que me tuvo a los 44 años, y aunque se mantuvo fuerte, activa, trabajadora hasta más allá de los 70, creo que pasé a cumplir cabalmente con la función de hijo, con las devoluciones que esta condición implica, cuando ella, sobre todo por la multiplicación y el agravamiento de sus achaques de salud, necesito y aceptó finalmente mi auxilio.
Ese pasaje, entonces, de demandante a dador, no determinaría la transformación de hijo en otra cosa, sino la de chico, o joven, o inmaduro, en adulto –y en todo orden de cosas. Lo dice alguien que durante muchos años, hasta mayo de este 2008, declaraba que no podría ser padre hasta que dejara –por esa “costumbre que suele tener la gente”- de ser hijo. Pero la vieja tiene un corazón fuertísimo –aunque chagásico- , y yo ya iba también para los 44, así que hubo que recapacitar… en el doble sentido del término.
Saluditos para todos de parte de Esteban.
Hasta la próxima.

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