domingo, 22 de noviembre de 2009

Yo soy mi propia preferida

Viernes 20 de noviembre
Novela: “Ciencias morales” (2008)
Autor: Martín Kohan (1967)
Ganador: Marcelo Perenchio
Premio: “Ciencias Morales”, editorial Anagrama

Busqué y encontré en casa de mi vieja el libro donde supe de Hebe Uhart. Es un volumen del Centro Editor de América Latina, de 1992, titulado “El cuento argentino (1959-1970)”. A pesar de esta pauta cronológica, el cuento de Uhart (“El viejo”) pertenece a un libro de 1973: “La gente de la casa rosa”. Y encontré también, al repasar ahora esa antología, que “El viejo” es uno de los dos cuentos que nunca había leído; el otro es “El mundo, una vieja caja de música que tiene que cantar”, de Héctor Tizón.
Esas cosas de los lectores… Sobre todo con las antologías, uno hojea, empieza uno, empieza otro, se engancha con este, después con aquel, algunos quedan para otro momento, y a veces ese momento no llega a tiempo; aparece otro libro en nuestras manos, el tanteo o el enganche se renueva, y el anterior va a parar al anaquel, para repasar en un futuro. De esta antología del CEDAL recuerdo que la compré (el 24 de abril de 2003, según puse en la última página) porque incluye el cuento “Nota al pié”, de Rodolfo Walsh, que siempre había querido leer.
El de Hebe Uhart lo leí hace un rato, en mi guardia laboral correspondiente a la noche del viernes. Y acá, en el banco, tenía para terminar “La luz de un nuevo día”, comprado el 15 de octubre último, cuando me saltó a los ojos desde una mesa de ofertas y pensé: “Esta es una autora que todavía no se leyó en Párrafus”.
Más allá de aquel cuento aislado (y no leído) y la breve nota biográfica que lo acompaña, supe en los últimos años, a través de suplementos culturales o alguna entrevista radial, que Uhart es una autora importante, reconocida sobre todo como cuentista. Pensé que seguramente en esta faceta sería convocada por Hugo, y me compré “La luz de un nuevo día” esperando que un cuento de ahí fuera el elegido. Y así fue. Este martes, la convocatoria se produjo, y no sólo con su cuento “Leonor”, sino con ella misma en la otra línea telefónica para conversar con el asombrado ganador.
Las alternativas de la charla no voy a reseñarlas. Ahí están los audios del programa para quien se lo haya perdido o quiera revivirlo. A cambio, copio la nota con la que se presenta a la autora en aquella antología.

HEBE UHART – Nació en Moreno, provincia de Buenos Aires, en 1936, pero reside desde hace años en la Capital. Es egresada de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Trabajó como maestra, profesora, bibliotecaria y vicedirectora de una escuela primaria estatal. Sus volúmenes de cuentos son: “Dios, San Pedro y las almas” (1962), “Cuentos (1963), “Eli, Eli, Iamma Sabacthani” (1964), “La gente de la casa rosa” (1973) y “El budín esponjoso” (1977). Publicó también el relato breve “La elevación de Maruja” (1974) y en 1970 el Teatro del Centro estrenó su pieza “Un pájaro gris, medio gordo, de pico corto”. En “A manera de prólogo”, página que precede a “La gente de la casa rosa”, relaciona el nacimiento de su vocación literaria con un cambio ocurrido en su adolescencia: “Aborrecí de toda mi infancia, de mis bailes, recitados, juegos a la pelota y de carnaval, y me convertí en una especie de pensadora, vestida siempre de oscuro. Esta actividad duró mucho tiempo, demasiado, diría yo. De este curioso cambio proceden estos cuentos, ya que cuando era chica sólo escribía cuando estaba absolutamente aburrida, nunca si había algo para mirar, comer, leer y fundamentalmente alguien con quien jugar”.

Y por reconocer “Leonor” me gané otro libro de Uhart: “Turistas”, de 2008. Ayer, jueves, lo fui a buscar a la radio, y ya leí, entre anoche y hoy, seis de los nueve cuentos. Lo que no había leído era la contratapa del bello volumen de Adriana Hidalgo editora. Casi nunca leo solapas o contratapas de los libros que compro, para no condicionar mi lectura con las reseñas u opiniones que allí suelen encontrarse. Pero me había fijado quiénes firman las tres notas que presentan “Turistas”. Uno es Rodolfo Fogwill. A otro no lo nombro porque todavía debe aparecer en Párrafus. Y el otro es Martín Kohan.

Esa coincidencia, sin embargo, no se me representó anoche, cuando gané con la novela de Kohan “Ciencias morales” y pude también saludar al autor. Lo que recordé de su obra es un viejo cuento llamado “Bolívar y Moreno”; en realidad, él debió ayudarme a precisar la esquina del título, y también el título exacto de otra de sus novelas: “Museo de la revolución”.
Aquel cuento se editó junto a otros que participaron y ganaron en el “Concurso nacional para jóvenes narradores Haroldo Conti (1997-1998)”. Pero la edición no la hizo Desde la gente, como yo dije, sino Editorial La Página, y el libro se entregaba con Página/12.
En el índice veo otros nombres de esos jóvenes de ayer que más adelante se destacaron en el mundillo literario o afines: Patricia Suárez, Diego Golombek, Patricio Pron. Y el prólogo, como dije anoche, lo firma otro autor que todavía no se leyó en Párrafus y, por tanto, no volveré a mencionar.
Lo que hice de nuevo fue leer “Bolívar y Moreno”. También esa antología de narradores noveles me traje hoy de casa de mi vieja. El cuento de Kohan es gracioso, en los dos sentidos. Es graciosa la idea; aunque el asunto sea dramático, podría ser un sketch de un programa humorístico. También tiene algo de humor en la reiterativa puntillosidad del narrador. Pero digo ‘gracioso’, además, por la gracia –en el sentido de encanto y elegancia- de la escritura de Kohan.
Se relata, desde el punto de vista de uno de ellos, la noche que dos matones se pasan esperando a su víctima. Uno, el narrador, está al acecho en un portal de la calle Moreno. El otro, aguarda en las escalinatas del colegio de la calle Bolívar. La presa saldrá de un edificio que está sobre Moreno. Si llega a la esquina y sigue derecho, será blanco del narrador. Si dobla por Bolívar, le disparará el otro. Pero el tipo llega a la esquina, se agacha a atarse un cordón y cuando se incorpora no da un paso más. Pasa toda la noche ahí parado y así salva su vida. El narrador no se explica qué pudo detenerlo, y todo el cuento es un monólogo en el que quiere convencerse –a sí mismo y al doctor Meneses, su patrón- de que el plan era perfecto.
Más allá de lo graciosa que me resulta la anécdota, me parece que debe haber otra lectura posible entre líneas. Los nombres de los próceres de esa esquina, la mención de un par de batallas de la independencia, el apelativo de la víctima (el Gitano), me hacen suponer que puede existir una metalectura historiográfica, o cosa por el estilo. Pero para desentrañar semejante cosa hay que ser un crítico hecho y derecho, o profesor de literatura, como lo es Kohan, o al menos egresado del Nacional Buenos Aires. Y yo soy un simple lector de Párrafus Interruptus.

Este cuento que recordé de Kohan transcurre, como él destacó, en la esquina del Colegio Nacional, y “Ciencias morales”, la novela que pude adivinar, tiene como principal escenario esa misma casa de estudios. Resulté un inesperado nexo entre esas dos obras y, como me dijo el autor, estaba destinado a leer su última novela. Veremos de qué se trata (más allá de lo que me enteré cuando ganó el premio Herralde) y otro día les cuento.
Lo que me acordé después de cortar la comunicación fue donde y cuando había escuchado hablar por última vez de esa novela. Fue el lunes, en la mismísima radio Nacional, en el programa de Sandra Russo, “El nombre de las cosas”. Allí, la columnista Mariana Enriquez, reseñando libros que tuvieran que ver con el tema de la semana -la educación-, habló de las novelas “Juvenilia”, el clásico de Miguel Cané, y la premiada “Ciencias morales”, de Martín Kohan.

Volviendo a Hebe Uhart, diré que, hasta ahora, “La luz de un nuevo día”, de 1983, me gusta más que “Turistas”. Volví a leer “Leonor”, ahora que la autora nos contó que está inspirado en una mujer que trabajaba en su casa. Es una mujer del Chaco, casada por su madre con un polaco grandote y atemorizante, madre muy pronto de tres hijos, uno de los cuales, también muy joven, se viene para Buenos Aires a trabajar. Al tiempo, se vienen también Leonor y las hijas. Se instalan todos en Paso del Rey, partido de Moreno. Ella conoce en el baile a un rubio, más joven, que dice ser hijo de franceses; con él tiene otra hija, Sandra, la que quiere bailar como Rafaela Carrá… Es toda una saga familiar en unas pocas páginas, contada en gran medida con el vocabulario y la segmentación narrativa propia de la idiosincrasia del personaje. Ahora, en “Turistas”, encuentro un relato de parecido tenor, “Bernardina”, pero está en primera persona y aparece un poquito recargado o estereotipado. Sin embargo, lo que dice Kohan sobre Uhart en la contratapa es que “la suya resulta entonces una literatura de la experiencia, pero de una experiencia de baja intensidad, siempre módica: tal vez por eso su literatura podría admitir, en este sentido, el atributo de minimalista. Es Uhart quien no lo admite: ‘¿Quién dictamina qué cosas son mínimas o máximas? No hay jerarquía de lo que es importante para escribir. La importancia la da el que escribe.’”
Honesto, Kohan, dándole la palabra a la autora en el final de su comentario.
El comentario de Fogwill en esa contratapa, en cambio, es una sola frase: “Hebe Uhart es la mejor escritora argentina”.

TRES APOSTILLAS

1) Respecto del record de mínima demora en reconocer a los autores con los que se charló a lo largo del ciclo, debe decirse que los 17 segundos de Kohan empatan la marca de Ricardo Monti, con cuya pieza “Marathón” ganó el compañero oyente Fernando Terreno.

2) “La luz de un nuevo día”, y también la novela “Mudanzas”, puede comprarse a 8 pesos en la librería de avenida de Mayo al 900. En la contratapa del volumen de cuentos puede verse una foto de Hebe Uhart, tomada de perfil y un poco desde arriba, en blanco y negro, donde la encuentro muy parecida a Bjork, la cantante islandesa de pop y también actriz.

3) Escribí el jueves que esta semana habían ganado mis oyentes preferidos, y que sólo faltaba que esa noche apareciera mi preferida de entre las damas. Así sucedió, completándose entonces para ‘nosotros’ una semana… ¡divina!

No hay comentarios: