miércoles, 27 de febrero de 2008

Tercer Encuentro Santafesino de Parrafistas -más filial Trelew (*)

En la librería de Avenida de Mayo que a veces menciono cambiaron los precios. Sobre las dos mesas de la entrada, que antes ofertaban libros a tres y cinco pesos, ahora cuelgan letreros que anuncían "$ 5" y "$ 10".
Yo raramente pasaba de la primera mesa. A lo largo de, por lo menos, los dos últimos años, encontré ahí cosas increibles por tres pesos. Los libros son usados, claro, de segunda o tercera mano, pero enteros y en buen estado. Y hay de todo. Hace un tiempo, bastante, antes de Párrafus, vi ahí un ejemplar de "Zappingmanía", de la colección La mandíbula Mecánica (si no me equivoco), cuyo autor es Hugo Paredero. No lo compré, aunque recuerdo que algo me decía que debería hacerlo. No sé si el mismo día, o poco después, encontré "TV guía negra", de Carlos Ulanovski y Silvina Walger, ediciones De La Flor, que sí me llevé, y el año pasado, en la feria del Libro, se lo regalé a Hugo.
De esto hace mucho, es cierto, habrá sido a principio de 2006, y ya por entonces los libros de esa mesa estaban a tres pesos; es decir que duró demasiado esa oferta, igual que el boleto mínimo de colectivo a 75 centavos, pero, de todos modos, cuando ahora cambiaron los números de esos letreros, me indigné santamente y prometí ante el altar de mi propia divinidad interior que no volvería a comprar en esa librería; al colectivo, en cambio, debí aceptarle el nuevo costo.
En el fondo, la razón también es otra. A cinco pesos, aquellos libros siguen siendo un regalo. Pero no quiero comprar más libros. Tengo muchisimo material acumulado sin leer, o pendiente de una relectura, y ya no me queda espacio donde albergar tanto papel (también son revistas, que también compraba, y suplementos de diarios viejos que conseguía y me llevaba de distintos trabajos). Pero a veces es inevitable: veo en una mesa de ofertas "Diario de un seductor", de Kierkegard, y, aunque hoy por hoy no me interese ingresar en esa filosofía, tengo que llevarlo, para un futuro... Y, como en ese caso, se encuentran a precios irrisorios todo tipo de novelas o antologías que, en ediciones nuevas, para mí son inalcanzables, y entonces no las puedo dejar. Aunque después, en casa, apenas las hojee ligeramente y las deje a un lado, para otro momento... que no llega nunca. Pero algunas, al menos, me sirvieron para ganar en Párrafus... de donde proceden más libros, casi sesenta ya.
Me había dicho, entonces, hace cosa de un mes, cuando cambiaron esos precios, que a aquel comercio no volvería.
Pero este lunes Hugo leyó los "Himnos a la noche", de Novalis, y el ganador fue un señor Alberto Lagunas, que llamó desde Rosario.
Primera vez que gana, así que nuestro conductor aplica la batería de preguntas de rigor. Ante la consulta acerca de su actividad, el oyente cuenta que es profesor de literatura y, además, se declara escritor. En un solo arrebato, cuenta que ganó el concurso de editorial Losada de 1980 y que colaboró también en la revista Humor, en la misma época en que Paredero allí hacía roncha; a propósito: Alberto, sin solución de continuidad, pasó al recuerdo de una nota del Hugo sobre una escritora nacional (no leída todavía en Párrafus), a quien Mujica Lainez (el Parrafista 32 ) llamara "gaucho con concha". Entonces Hugo, tras ayudar al pudoroso oyente a contar la anécdota, dice que le suena su nombre. Y a mí también me sonó.
De repente, me vino a las mientes una tapa vista en mi última visita a la librería de avenida de Mayo. Esa vez había advertido que, en consonancia con la variación en las cotizaciones, se había llevado a cabo una de las periódicas rotaciones de libros en las mesas de mi predilección. Por ejemplo (aunque esto sea difícil de creer), recuerdo que vi diseminadas a lo largo y ancho de la segmentada mesa, en distintas filas, muchas novelas, casi todas de Emecé, de esta escritora nacional que recién mencionaba. Me acuerdo porque me llamó la atención la cantidad de títulos de los que es autora -yo tenía presente unos pocos que en su momento fueron best sellers. Y además, en una misma fila, apoyados unos en otros, se alineaban varios volúmenes de la serie Narradores de Hoy, del Centro Editor de América Latina, de comienzos de los '70. Ahora recuerdo que otros eran de Pablo Urbanyi, Mario Schizman, Norberto Fuentes, Adolfo Colombres, Alicia Steinberg. Y uno era de Alberto Lagunas. No recordé el título (tampoco de los otros, excepto “Músicos y relojeros”, de la Steimberg) pero estaba seguro de que el hombre que hablaba con Hugo era el autor.
Al día siguiente (hoy), antes de entrar al banco, pasé por la librería y, misteriosamente, no tuve que buscar casi nada. En la tercera o cuarta columna en la que hurgué, encontré el libro. Todavía estaba allí. Se llama "El refugio de los ángeles". Rompí mi promesa, por supuesto, aboné los cinco pesos (¡cinco pesos!) y me lo traje.
Copio de su contratapa:
"Alberto Lagunas nació en San Nicolás (Prov. de Buenos Aires) en 1940. En 1967 publicó su primer libro de cuentos, 'Los años de un día'. Ha colaborado intensamente en diarios y revistas de Buenos Aires y del interior del país, y ha formado parte de los consejos de redacción de El Escarabajo de Oro y de Setecientos Monos. También es autor de un libro de poemas: 'Ayeres' (1973). La nueva colección de relatos de Lagunas, 'El refugio de los ángeles', ha merecido ya la Mención de Honor en el concurso de narrativa de la Dirección Provincial de Cultura de Santa Fe en 1971. En este libro el escritor certifica que ya ha alcanzado la madurez en su oficio: las aperturas fantásticas, las eclosiones líricas, los paseos por la historia y el espacio, se integran armoniosamente en un tono narrativo que no necesita del folklore para ganar su originalidad."
En la contratapa, debajo de este texto, una fotografía en blanco y negro muestra a un hombre en su treintena, de ceño bajo, frente ancha, cabello abundante. Viste un saco oscuro y la corbata, de esas finitas, de antes, se pierde bajo un pullover de escote en V. Mira a cámara con ojos severos y no sonríe, pero parece amistoso. Si supiera cómo, debería insertar esa imagen acá, pero todavía no doy en la tecla con las instrucciones que me envía Quique de Trelew, quien, por su parte, ya inserta videos en el Blog y un día de estos se nos aparece en casa mediante un holograma.

(A propósito del Quique Figueroa y sus trasvasamientos tecnológicos: ya conté una vez que para la creación de este Blog me inspiré en el suyo (Carpe Diem), conocido a partir de un mail que enviara a Párrafus con palabras elogiosas acerca de la franqueza de ese Perenchio que ganaba todo en aquel diciembre del 2006 y se daba el lujo de rechazar, con entero menoscabo, un libro que le ofrecían como premio (“La señora Ordoñez”, de Martha Lynch). Hay que contar ahora que, desde hace cosa de un mes, en Carpe Diem (www.quiquef.blogspot.com) pueden escucharse las columnas radiales que el tipo escribe y difunde a través de la FM Urquiza de Capital Federal, los martes y viernes a las 13.00, en el programa de un amigote suyo que lo invitó a participar. Felicito a Quique por este crecimiento suyo en el mundo de las telecomunicaciones, y me disculpo por no haber destacado antes, en este Blog, tan satisfactoria novedad; no encontraba el tiempo, o la oportunidad... es decir, me enteré en febrero.)

Por último, copio el epígrafe que Lagunas puso a sus cuentos:

"¿Quién me escucharía de entre la jerarquía de ángeles
si yo gritase?
Y aún cuando en su propio corazón
alguno me tomara de súbito
me aniquilaría su ser más pujante
porque lo bello
es el primer escalón de lo terrible
y si aún lo soportamos
es porque en su calma desdeña destruirnos."

No digo el nombre del autor de estos versos porque todavía no se leyó en el programa. Digo que estas son las cosas que me animan -estas apariciones y hallazgos-, y que frente a esto es casi nada que el viernes, en la última entrega (por ahora) de "Los otros Parrafistas", Borges nombrara lateralmente a Novalis.



(*) Los otros dos encuentros fueron el de Fernando Terreno con su antigua profesora de Firmat y el mío con el hoy rosarino Pablo Graciani.

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